La Iglesia celebra la Divina Misericordia

Carlos Villa Roiz

El siguiente domingo después de la Pascua cristiana, es decir hoy, y por disposición del Papa Juan Pablo II desde el 30 de abril del año 2000, la Iglesia celebra la fiesta de la Divina Misericordia que fue establecida de acuerdo a las revelaciones privadas que en la tercera década del siglo XX tuvo una religiosa mística polaca: Sor Faustina Kowalska, cuyo proceso de beatificación lo introdujo Karol Wojtyla cuando era obispo de Cracovia y finalmente la canonizó en el año 2000 cuando ya era Pontífice.
Gran parte de la vida y obra de Juan Pablo II estuvo inspirada en el Diario de esta sencilla religiosa, a quien no conoció en vida. Por ejemplo, su segunda Encíclica fechada en 1980 estuvo dedicada a la Divina Misericordia e incluso el Papa polaco falleció en vísperas de esa festividad.
Luego, Benedicto XVI beatificó a San Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011 coincidiendo con esta celebración y finalmente el papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también en la misma festividad.
La relevancia de este tema también hizo que el papa Francisco declarara el 8 de diciembre 2015 un jubileo extraordinario dedicado a la Divina Misericordia, mismo que concluyó el 20 de noviembre de 2016, coincidiendo con los 50 años de la clausura del Concilio Ecuménico Vaticano II.
A pesar de que Sor Faustina Kowalska no era una mujer culta y contaba con pocos estudios, su Diario escrito por orden de su confesor no tiene tachadura alguna y contiene una profunda sabiduría teológica que ha dado mayor vitalidad a la Iglesia. Todas estas enseñanzas se podrían resumir en una frase: hasta el más grave pecador tiene derecho a la misericordia divina siempre y cuando haya arrepentimiento sincero de las culpas e implore la bondad de Dios. El Diario también dice: quien no quiera la misericordia divina, entonces solo tendrá su justicia.
La plena confianza en la misericordia es otro de los puntos relevantes que se abordan pues el amor de Dios jamás debe ser puesto a duda. “Hija mía, escribe que cuanto mayor es la miseria de un alma, mayor es su derecho a mi misericordia; (Exhorta) a todas las almas a confiar en el abismo insondable de Mi misericordia, porque quiero salvar a todos”. (Diario, 1182)
En todos los casos, la misericordia está ligada al arrepentimiento del pecador y por ello la Iglesia, en la fiesta del Domingo de la Misericordia, ha concedido toda clase de indulgencias aplicables a las personas difuntas.
“A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa (protege) a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esa última hora, un alma no tiene nada con que defenderse excepto mi misericordia. Feliz es el alma que durante su vida se sumergió en la Fuente de la Misericordia, porque la justicia no la tendrá”. (Diario, 1075).
Ésta es una de las ceremonias religiosas que más atraen fieles a los templos.

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