Las propuestas de las candidaturas al poder ejecutivo

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Algunos opinan que muchos de los problemas que padece nuestro país, como la violencia, los bajos niveles  educativos, el narcotráfico, el desinterés por la comunidad, entre otros, tienen como origen las carencias que padecen los mexicanos, ya que cerca de la mitad de la población vive en pobreza.

Se podría concluir que si con todo lo que hasta ahora se ha hecho para abatirla, solo se ha logrado disminuirla en muy pequeña proporción, sería lógico afirmar que las políticas públicas realizadas no han sido las adecuadas o son insuficientes.

La existencia de la pobreza también podría ser analizada desde el punto de vista del desarrollo democrático. La democracia mexicana no surgió como un propósito buscado, planeado e instrumentado racional y técnicamente; la democracia se fue dando poco a poco y contra corriente y con el propósito, no confesado, de no llegar a ella; la pobreza y la ignorancia del pueblo “lo justificaba”.

El caudillismo postrevolucionario dividió a los mexicanos y para eliminarlo fu útil el lema SSufragio Efectivo no Reelección,S pero su cumplimiento se dio a través de la simulación de “elecciones democráticas. Esto que al principio se concibió como emergencia pasajera se estabilizó por siete décadas y para su conservación fue de gran ayuda mantener la pobreza material e intelectual de los ciudadanos.

Todavía hoy nos preguntamos si la pobreza existente, no será la continuación de ese propósito no confesado, pero que podría explicarlo, ya que es ilógico que no se tomen medidas capaces de abatirla y que los costosos programas sociales sirvan para mantenerla. Así se explicaría que las políticas públicas vayan más en la línea de dádivas: desayunadores, pensiones alimentarias, cuotas para adultos mayores, salario rosa, tarjetas a cambio de votos, etc. son ayudas paliativas que mantienen a las personas en su misma situación de pobreza, solo logran evitar que mueran de inanición y que vivan agradeciéndolo al gobierno.

Sería deseable que los candidatos le dieran vuelta a la página y no se lancen a competir para ver quién va a dar más de lo mismo: más sacos de cemento, más despensas, más tarjetas de todos colores, más promesas, etc.

Urgen nuevas políticas públicas y un nuevo enfoque de los presupuestos. Una nueva política sería la descentralización de algunas oficinas de la administración pública, ubicándolas en la provincia. El costo inicial del cambio se recuperaría con creces al llevar una derrama de empleos y servicios educativos y de salud a ciudades deprimidas. Sería una forma de hacer una distribución de los recursos más justa y equitativa. Los inversionistas nacionales y extranjeros tendrían nuevos polos de atracción para sus inversiones. Además, se le permitiría a la Ciudad de México desarrollar al máximo su vocación turística; se bajaría el costo que implican los servicios de transporte en la capital y el de traer el agua cada vez de más lejos. España es un buen ejemplo de esta descentralización.

Otra política pública, urgente, es el ampliar la educación media y superior de calidad, a todos los rincones del país. El nivel educativo de los mexicanos debe aumentarse y ampliarse, esto es indispensable para que la juventud de las zonas rurales y urbanas marginadas puedan mejorar su calidad de vida y además reduciría el deseo de emigrar para hacerlo solo con el propósito de superación personal y no como medida de subsistencia. Se lograría que México dejara de tener ciudadanos de segunda, todos serían de primera.

Las actuales candidaturas al poder Ejecutivo federal y estatal tienen la responsabilidad de ofrecer y planear una nueva y creativa distribución de sus presupuestos, considerando criterios y propósitos capaces de romper la tradicional pobreza.

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