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A escasos metros de sus simpatizantes… y de los que lo traicionaron

Foto: EFE

Lula da Silva durmió ayer en la celda especial de 15 metros cuadrados que le fue improvisada en la cárcel de Curitiba, donde tiene su despacho Sergio Moro, el juez que lo ha metido en prisión.

Su celda está totalmente aislada de la de otros condenados por el escándalo de corrupción en la petrolera Petrobras, incluyendo algunos que lo incriminaron, como el empresario Leo Pinheiro y su exministro de Hacienda Antonio Palocci. Fue equipada con un televisor, autorizado por la Justicia y que el expresidente pidió para poder ver el partido este domingo de su equipo de corazón, el Corinthians, que se medía por la final del Campeonato Paulista con su histórico adversario Palmeiras.

A 200 metros de la valla del edificio de la Policía Federal se instaló el campamento “Lula libre”, donde se hará vigilia permanente de militantes del PT y del Movimiento Sin Tierra.

“Estamos en vigilia permanente por la libertad de Lula. Mientras él esté, nosotros nos quedaremos”, comentó Vanda Santana, miembro del Partido de los Trabajadores.

“Ya están siendo programadas hasta visitas de líderes internacionales” al campamento, agregó un comunicado del PT, en el que se señala que “hasta el día en que Lula sea suelto, miles de personas pasarán todos los días por un lugar que se convertirá en el marco de peregrinación para todas las personas de Brasil y del mundo que luchan por justicia, democracia y respeto a los derechos fundamentales”.

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