De médicos y dolo

Rosa Gómez Tovar

En noviembre del año pasado, un niño sufrió una caída mientras jugaba, por lo que fue llevado a un hospital civil en la ciudad de Oaxaca. Sin embargo, el hospital se encontraba en paro de labores de sus médicos y por lo tanto el niño fue llevado a una clínica privada.

Ahí fue atendido por un médico traumatólogo con especialidad en Ortopedia Pediátrica, Luis Alberto Pérez Méndez, el cual señaló la necesidad de una intervención quirúrgica en la cual fue apoyado por la anestesióloga Gabriela Cruz López. Durante la cirugía se presentaron complicaciones y desafortunadamente, el infante perdió la vida.

El médico ha sido vinculado a proceso, ya que la Fiscalía del estado y el juez encargado del caso consideraron que pudo haber incurrido en homicidio intencional y que existió dolo eventual en la conducta del profesional de la salud.

Cualquier delito puede ser doloso o culposo. El dolo significa que existió la conciencia y voluntad de realizar el tipo objetivo de un delito. A su vez, el dolo puede ser  directo o eventual. El primero se puede asimilar a la intención, algo perseguido directamente y abarca todas las consecuencias que prevé que se producirán con seguridad. El dolo eventual se presenta cuando el sujeto no persigue un resultado y tampoco lo prevé como seguro, sino que sólo prevé que es posible que se produzca, es decir, actúa a sabiendas del riesgo que asume y de que el resultado lesivo se producirá, si no hace nada para evitarlo.

Para el  fiscal, el médico no tomó todas las medidas de precaución necesarias para evitar la muerte del menor, pues la clínica privada no contaba con unidad de terapia intensiva ni todos los insumos necesarios en caso de una emergencia, entonces no lo debió operar en esa clínica.

Ante este precedente miles de médicos se han volcado a la calle, pues muchos de ellos trabajan en clínicas y hospitales que no cuentan con las medicinas necesarias para atender males menores, menos aún lo requerido ante eventualidades no esperadas en una cirugía. 

Estamos en un momento en el que los recursos que destina el gobierno federal han ido disminuyendo, entre 2012 y 2018, el presupuesto para la función salud se contrajo 2.2 por ciento, así como también se redujo el gasto por persona en 5.5 por ciento, al pasar de 3 mil 826 pesos al año a 3 mil 615 pesos constantes. Esto es un botón de muestra de la escasez de recursos en este sector y de cierta forma este precedente judicial, en este contexto, evidentemente pone en una situación de incertidumbre a los médicos que diariamente trabajan en condiciones subóptimas.

Con los elementos que se tienen a la vista, no se puede asegurar la culpabilidad o inocencia del médico en cuestión, pero sin lugar a dudas al juzgar como delito doloso, aun eventual, la muerte del niño  Edward, en las condiciones que predominan en los hospitales en México, genera un antecedente bastante ominoso para aquellos médicos que tratan a miles de pacientes con falta incluso de material médico básico: una complicación puede llevarte a la cárcel puesto que se toman riesgos al atender a personas en clínicas que no cuentan con lo necesario y eso configura dolo eventual.

Tal vez en una clínica mejor equipada, Edwin habría sobrevivido, ¿pero es realmente la responsabilidad del doctor lo que sucedió o es parte de una falla estructural que nuestros gobiernos relegaron? En la búsqueda de justicia para este caso, no olvidemos a los médicos que tratan de hacer lo mejor posible con lo poco disponible.

rosagomeztovar@outlook.com

 

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