Espectáculos

Netflix contra Cannes, round 2: innovación contra tradición

Especial. Roma, el nuevo filme de Alfonso Cuarón, podría quedar fuera de la competencia este año porque sus derechos fueron comprados por la plataforma digital, mientras el festival le cierra la puerta

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El romance entre Netflix y el Festival de Cannes comenzó el año pasado. Al dar a conocer la selección oficial de la competencia por la Palma de Oro, causó sobresalto que aparecían dos películas de Netflix: Okja, de Bong Joon-ho, y The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach. Entonces, ya se conocía que el español Pedro Almodóvar sería el Presidente del Jurado.

Theirry Frémaux, director de Cannes, explicó que en 2017 hicieron su invitación a Netflix para presentar sus películas como parte de la competición oficial, en un intento para que la compañía de streaming estrenase sus películas en cines. De hecho, Frémaux llegó a catalogarlos de productos “híbridos” que no son ni cine ni televisión.

El español fue el primero que despertó controversia, cuando en la primera rueda de prensa de Cannes dijo que “sería una paradoja premiar un filme que no puede verse en una sala”. Las salas francesas pusieron el grito en el cielo junto con él y en las proyecciones de las películas había un aire más noticioso por el debate que se había abierto en torno a si una plataforma digital (que exhibe en pantalla chica) debería formar parte de un festival que de pronto se mostró a la defensiva en relación el lado artesanal del cine, que se debe validar a sí mismo, exclusivamente en una sala de cine.

“Para mí, la solución es simple”, resaltó el cineasta español en una breve declaración leída en la rueda de prensa del jurado, “las nuevas plataformas deben asumir y aceptar las reglas del juego ya existente, lo que implica respetar las actuales ventanas de los distintos formatos de exhibición así como las obligaciones de inversión que actualmente rigen en Europa”.

Sin embargo, otro de los miembros del jurado, el actor estadunidense Will Smith, se pronunció también sobre la polémica y señaló que ambas formas de ver cine son compatibles. Smith resaltó que sus hijos adolescentes van al cine dos veces por semana y en casa ven la programación de Netflix. “En mi casa, Netflix no afecta al hecho de que ellos vayan a las salas del cine”.

Apenas apareció la declaración de Almodóvar y el festival se movió. Como detalle especial, cuando Okja se estrenó a la prensa tuvo un cúmulo de problemas, con silbidos y abucheos contra la plataforma y problemas técnicos que obligaron a interrumpir la exhibición durante unos 10 minutos. Al final, hubo aplausos por el filme.

La que salió mejor librada fue The Meyerowitz Stories, un agradable filme familiar, con mucha ironía y unos destacados Dustin Hoffman y Emma Thompson, por la que se pedía incluir a Adam Sandler, en el palmarés a Mejor Actor. No ocurrió. De hecho no hubo premios para Netflix. Contrario a eso el festival cedió a la presión de la Federación Nacional de Cine Francés e incluyó una clausula para que, a partir de la próxima edición, cualquier filme que compitiera por la Palma de Oro se comprometiera a estrenar primero en pantalla grande.

En general, en Francia han comenzado a surgir algunas leyes en apoyo a la industria cinematográfica, en la que se prohíbe que una película sea lanzada en DVD dentro de los cuatro meses posteriores al estreno en las salas de exhibición. La intención de esta ley es apoyar tanto a la producción como a los cines, aunque eso también significa sacar del festival a compañías como Netflix, pues la plataforma no necesita productores ni distribuidores porque la cinta llegará directo a sus listas sin necesidad de una sala de cine.

El propio director ejecutivo de Netflix, Reed Hastings, se pronunció al respecto de las nuevas condiciones del certamen fílmico en Facebook: “El cierre del Festival ha sido en nuestra contra. Quieren bloquearnos para que no seamos competencia en Cannes”, escribió el empresario.

Desde entonces el debate se ha dado en distintos niveles. Pero fue hace dos semanas que  tomó con más fuerza cuando Frémaux dijo a Le Film Français que “Netflix adoró la alfombra roja, y les encantaría volver con más películas”, a lo que se respondió hace unos días de forma indirecta en The Hollywood Reporter con un “Netflix amenaza con boicotear Cannes”, y explicaba que la plataforma se negaba a presentar ningún film en el festival, ni siquiera fuera de la competición, donde no afectaría la medida de distribución en salas.

Esto implica que si es así, hay que dar por seguro que no se verán en Cannes películas como Hold the Dark, de Jeremy Saulnier; Norway, de Paul Greengrass, o The Other Side of the Wind, el proyecto inacabado de Orson Welles, restaurado y terminado con los cuidados de Netflix, sin olvidar el documental, precisamente sobre Welles, They’ll Love Me When I’m Dead, de Morgan Neville. Y además, Vanity Fair publicó que Roma, de Alfonso Cuarón, que habría sido programada por Cannes, acaba ser adquirida por Netflix para su distribución mundial.

El cineasta mexicano Alfonso Cuarón no se ha pronunciado al respecto, pero ha dejado clara su postura respecto a Netflix en una clase magistral en la Universidad Panamericana como cierre del evento Canon Zoom In Project, en el 2017, donde comentó que él estaba dispuesto a trabajar con ellos porque ve la tecnología como una herramienta y no como un obstáculo:

“No hay excusa ahora para hacer una película, ya se puede hacer con el equipo que tienes en tu casa, si tienes los mínimos recursos para tener un teléfono y una computadora no hay pretexto”, dijo el realizador entonces, y habló de las libertades creativas que pueden dar las plataformas más allá de las productoras, como ocurrió en su filme La princesita.

“Ahora, viéndolo en retrospectiva, se requirió un alto nivel de irresponsabilidad. Si algo aprendí de eso es que no puedes crear sin ponerte en el filo de la navaja. Quizá fue ser demasiado inocentes y muy irresponsables y necios en el sentido de sólo hacer lo que tú crees que es lo correcto. Esa película fue una experiencia que me enseñó a hacer las cosas como quería y hasta el final”, dijo y enfatizó: “Vivimos en una época donde lo visual está por encima de lo narrativo”.

Del otro lado, otros cineastas como Christopher Nolan y Steven Spielberg sí ven a las plataformas digitales como un enemigo del cine. El primero expresó su molestia en una entrevista para el diario español El Mundo: “La televisión existe desde los años 50 y Netflix es televisión. ¿A quién le importa Netflix? No creo que afecte nada, no es más que una moda, una tormenta en una taza de té”, dijo.

Además, dejó clara su postura de que no considera que las producciones de plataformas digitales deban considerarse para competir en festivales de cine: “¿Cuál es la definición de una película? ¿Qué es una película? ¿Algo que dura dos horas? ¿Es un género en particular? Nada es eso. Lo que ha definido siempre una película es que se vea en un cine. Ni más ni menos”, dijo.

“Así que el hecho de que Netflix esté haciendo películas para televisión y que compitan en los Oscar o en el Festival de Cannes sólo significa que utiliza el cine como un arma de promoción. Y no pasa nada, pueden hacerlo. Eso sí, si yo dirigiera un festival de cine no las aceptaría porque no son películas. Pero eso es una decisión de cada festival, o de la Academia de Cine”, agregó.

Por su parte, Steven Spielberg también se sinceró hace unos días en una entrevista para ITV News, durante la promoción de su más reciente filme Ready Player One, en la que dijo que, incluso, aunque una película de Netflix se estrene en cines durante una semana no significa que deba entrar en la carrera por las nominaciones: “No creo que las cintas que solo llegan a un par de salas durante una semana deban optar a las nominaciones a los Premios de la Academia”.

“Cada vez menos cineastas lucharán para recaudar dinero, o para competir en Sundance y posiblemente conseguir una de las marcas especializadas para lanzar sus películas en los cines”, argumentó Spielberg sobre las que, a su juicio, son las deficiencias de este nuevo modo de entender el consumo audiovisual.

“Y más cineastas permitirán que las empresas de video con demanda financien sus películas, tal vez con la promesa de una pequeña ventana cinematográfica durante una semana, para que puedan optar a los premios. Sin embargo, de hecho, una vez que se comprometen con un formato de televisión, son películas de televisión”, agregó el director y concluyó enfático “por supuesto que, si es buena película, merece un Emmy, pero no un Oscar”.

La cinta de Cuarón está ambientada en el México de los 70, en el llamado “halconazo” o La masacre del jueves de Corpus Christi, ocurridos en la Ciudad de México, el 10 de junio de 1971, cuando una manifestación estudiantil en apoyo a los estudiantes de Monterrey, fue violentamente reprimida por un grupo paramilitar al servicio del estado llamado Los Halcones. Aunque no se sabe si tendrá distribución en salas, sólo pocas producciones de Netflix han llegado a salas de cine como Mudbound: El color de la guerra. La primera estatuilla para la plataforma ha llegado de la mano de Ícaro, un documental sobre el dopaje en el deporte ruso.

Finalmente, cabe recordar que ésta no es la primera vez que el festival de Cannes tiene controversias. En el 2000 permitieron la primera exhibición digital en competencia, provocando la ira de puristas que exclamaron que el formato digital “no es cine”, mientras que en el 2010 permitieron que Olivier Assayas presentara su miniserie televisiva Carlos como una película de 5 horas.

El jueves se hará oficial la controversia sobre la inclusión o exclusión de Netflix en Cannes, cuando se dé a conocer su programación oficial.

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