Los algoritmos de Facebook y Google nos replican

Wendy Garrido Granada

Internet abrió el mundo. Las grandes compañías están tratando de cerrarlo y segmentarlo. Hace 19 años entré por primera vez a la web desde un pequeño servidor que mi familia había comprado para poner el primer cibercafé de Jilotepec, Estado de México. Todavía no llegaba ningún tipo de servicio o compañía de internet a mi pueblo natal. A los 12 años era una de las pocas niñas que navegaba por la red en mi localidad. Me volví adicta. Navegaba alrededor de 8 horas diarias, con el pretexto de enseñarles a los clientes a utilizarlo.

Para mí, entrar a la web fue conocer un mundo al que antes no tenía acceso. Descubrí rápidamente las salas de chat, sostenía hasta 10 conversaciones al mismo tiempo, mis habilidades mecanográficas eran sorprendentes. Descargué muchísima música de Napster, en gran parte por los hipervínculos. Un grupo musical me llevaba a descubrir otro grupo musical. Bajé libros y películas. Si algún tema en particular me interesaba en la escuela, lo buscaba en internet para aprender más. Mi mente se expandió.

Hoy, cada vez veo con más recelo el internet. Las grandes compañías están interviniendo tanto que lo están transformando en una burbuja unipersonal. Los algoritmos están segmentando cada vez más las búsquedas con tal grado de opacidad que cada vez es más complicado entenderlos. “Nos muestran lo que piensan que queremos ver y no necesariamente lo que tenemos que ver”, como dice Eli Pariser, activista político de internet.

El propio Eric Schmidt, presidente ejecutivo de Google, dijo “va a ser muy difícil que las personas miren o consuman algo que en hasta cierto punto no haya sido hecho a su medida”. Estamos revolcándonos en nuestros propios likes, en nuestras búsquedas, pero sin poder acceder a otros puntos de vista. Y si queremos avanzar, si queremos realmente ser más abiertos y democráticos, necesitamos conocer otras perspectivas.

Estar encerrados en burbujas informativas sólo contribuye a que se creen casos de manipulación política, desinformación y venta de datos. Las pasadas elecciones en Estados Unidos son un claro ejemplo.

 Hoy dos o más personas pueden buscar la misma palabra, al mismo tiempo en distintos navegadores y dispositivos y encontrar resultados distintos. Ésa es una forma significativa no sólo de reducir los resultados o de crear sesgos informativos, es también una forma de limitar el mundo, el conocimiento. Si bien los resultados pueden ser millones, y obviamente son necesarios ciertos algoritmos que jerarquicen y filtren la información, su aplicación no es nada clara.

El usuario ha dejado de tener el control. Ha perdido libertad. Las compañías como Google, Facebook, Yahoo News, Netflix deciden, a partir de sus algoritmos, lo que se supone debemos ver y encontrar. ¿Por qué ellos tienen que ser los grandes editores de la información, del entretenimiento, del conocimiento?

¿Cómo establecen qué es lo relevante? ¿Pero qué hay de lo importante, lo incómodo, lo estimulante, de los otros puntos de vista, de lo que igual por el momento no quiero ver, pero luego sí?

Las compañías necesitan transparentar sus algoritmos, sus reglas y sus filtros. Los usuarios tienen que recobrar su libertad en internet. Deben existir más opciones son las que se puedan establecer mejores formas de búsqueda, que los filtros no segmenten todo. La idea de internet es conectar, no desconectar y crear pequeñas burbujitas aisladas.

@wendygarridog

wengarrido@gmail.com

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