Asad, matando a su propia gente - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 11 de Abril, 2018
Asad, matando a su propia gente | La Crónica de Hoy

Asad, matando a su propia gente

Concepción Badillo

El 7 de abril de 2017 un centenar de personas, entre ellos mujeres y niños, murieron en Khan Sheikhoun, Siria, asfixiados con gas sarín. La Casa Blanca dijo entonces que ataques químicos es algo que ninguna nación civilizada puede tolerar y el presidente Trump ordenó bombardear instalaciones militares como castigo a Bachar al-Asad por aniquilar a su propia gente. El gobernante sirio celebró el aniversario ordenando un ataque similar el pasado sábado, exactamente el mismo día, un año después.

Ocurrió en Douma, al norte de Damasco, dejando al menos 40 muertos y más de 500 heridos, en lo que la oposición asegura es el octavo ataque químico que ocurre en los últimos tres meses, quedando claro que Asad ha intensificado el uso de armas de destrucción masiva y en nada le ha afectado la dura postura casi totalmente verbal de Estados Unidos.

Trump, que pretendía dejar atrás Siria y retirar las cerca de 2 mil tropas que el Pentágono tiene en ese país, ha calificado a Asad de “animal” y se espera que en cualquier momento anuncie la respuesta de Washington a este nuevo ataque. Pero, la duda es si de algo servirá. Los expertos y analistas dicen que no, al menos mientras no exista un plan concreto para deshacerse del dictador que por ahora va ganando la guerra, ya en su séptimo año.

En ese tiempo, más de 250 mil sirios han muerto, en su mayoría civiles inocentes y cuatro millones han huido del país buscando refugio en otras naciones. ¿Pero, qué está haciendo el mundo ante éste, el peor desastre humanitario de nuestro tiempo? La respuesta es que no mucho o más bien casi nada. El conflicto que se inició con manifestaciones en contra del gobierno como parte de la ahora difunta Primavera Árabe, que fueron reprimidas violentamente por Asad, actualmente involucra a una oposición mal armada, dividida y debilitada contra las fuerzas oficiales, al grupo Al Queda y al autollamado Estado Islámico, todos en contra de la ciudadanía y ésta a la vez con pleitos étnicos y religiosos entre sí.

Sin embargo, la represión no es nueva, los sirios llevan décadas padeciendo terribles violaciones a sus derechos humanos y las más despiadadas masacres por parte de los Asad. Primero fue el padre, ahora es el hijo, que lo ha superado en atrocidades y crímenes y cuenta con el apoyo de Rusia e Irán. Cuando éste heredó el poder, en el 2000, Estados Unidos y occidente en general confiaban en que las cosas cambiarían, ya que después de todo había sido educado en Inglaterra, era joven, moderno y se suponía civilizado y más humano. De hecho la Casa Blanca lo calificó de “un líder diferente, un reformista” pero pronto rectificó y lo catalogó de “asesino despiadado, comparable sólo con Adolfo Hitler”.

Asad padre gobernó Siria con mano dura durante 30 años y acabó brutalmente con todo tipo de oposición, culminando su opresión con el sitio de 27 días a la ciudad de Hamas, donde aniquiló a 40 mil personas. Pero nunca se le acusó de nada. Washington no sólo guardó silencio sino que cuando por fin murió, el entonces presidente Bill Clinton envió a su funeral a una importante delegación para rendirle honores.

En 2011, Barack Obama, hizo desde la Oficina Oval el primer llamado al heredero para que dejara el poder. Bachar no le hizo caso y nada sucedió. Luego el mandatario advirtió que Sla línea rojal que marcaría el límite sería si usaba armas químicas, pero las utilizó y tampoco nada pasó.

Actualmente, la administración Trump brinda ayuda muy limitada a grupos opositores y recientemente suspendió toda asistencia humanitaria a la población. Es claro que el presidente no quiere involucrarse en otra guerra de la que podría no salir victorioso. Además teme que si Asad se va, eso podría ser el inicio de más violencia entre grupos rivales de la oposición y tampoco tiene garantías de que Siria no terminará manejando por musulmanes radicales.

Pero ¿entonces qué sigue? Mucho se teme que lo mismo, a pesar de las palabras asustantes de Trump. Una reconciliación de Asad con la oposición es casi imposible después de décadas de represión y torturas. Tampoco se puede esperar que acceda a reformas genuinas que podrían hacerlo terminar ejecutado o en prisión. Muchas veces se ha dicho que “se le acabó el tiempo” y que “es hombre muerto”. Pero el déspota villano sigue más vivo que nunca. Las palabras, por fuertes que sean, jamás han derrocado un dictador.

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