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Un 10 de abril hace 30 años…

El Real Madrid se perfilaba para conquistar su corona número 23 en el futbol español y la tercera consecutiva en aquel 1988, conforme se aproximaba el final de la temporada. Sólo quedaban siete fechas más. Sus rivales aquel año no eran los ahora tradicionales catalanes del Barza, sino la Real Sociedad, el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao, equipos que concluyeron en ese mismo orden en la clasificación general hacia finales de mayo.

El gran potenciador de aquel tricampeonato, que además se extendería hasta ser un pentacampeonato que abarcó desde la temporada 1985-86 hasta la 89-90, era el “9”, el letal centro delantero mexicano, Hugo Sánchez, quien hasta ese momento y ya vistiendo la camiseta del Madrid, estaba a punto de consumar su cuarto título de goleo consecutivo, su cuarto Pichichi, con lo cual igualaba a Alfredo Di Stefano y Ferenc Puskas, justamente con cuatro títulos individuales.

Hugo Sánchez estaba a tope, en plenitud, y aquel 10 de abril de 1988, Hugo salió a hacer lo que ya había vuelto una costumbre, pues había logrado 85 goles en tres temporadas con los merengues en la liga española, lo que ya le había valido sumar tres Pichichis.

Personalmente hemos tenido la oportunidad de recabar la opinión de varios de los protagonistas de aquella jornada, quienes acompañaron a Hugo en la cancha, y que testimoniaron la espectacular jugada, rematada de forma acrobática, suspendiéndose en el aire para “jalar” el balón con el empeine y convertir el que para muchos, ha sido uno de los mejores goles de todos los tiempos.

Para Emilio Butragueño, que fue probablemente el hombre con el que mejor se entendía Hugo en la cancha, prácticamente a la par de José Miguel González “Michel”, el delantero mexicano convirtió un centro relativamente bueno, en una jugada de antología, pues incluso se dio el lujo de regresar un par de pasos para alcanzar el balón que venció, cuando habían transcurrido unos diez minutos del primer tiempo, al arquero Juan Antonio Pérez Sáez, quien visitaba el Bernabeú por vez primera en su carrera, en la también, primera presentación del equipo de La Rioja en la catedral del futbol español.

El propio Michel que presenció de muy cerca el centro por izquierda de Rafael Martín Vázquez, no fue propiamente el centro, sino la habilidad de Hugo lo que hizo de aquella jugada, “normal”, una jugada que cada vez que alguien anota una “chilena” como sucedió hace 15 días con Cristiano Ronaldo, un recuerdo asociado a las habilidades de Hugo, en lo que podría ser el mejor gol de la historia en esta especialidad.

El propio Hugo señala que ese fue el gol más artístico de su carrera, y que por azares del destino, si Logroñés tuviera en toda la acepción de la palabra un “palíndromo” (frases o palabras que se leen igual en ambos sentidos), la expresión “Señor Gol” no pudo jamás tener una mejor interpretación.

Leo Benhakker, director técnico del Madrid en aquellos días, emitió, probablemente, la mejor expresión que reconociera lo que sucedió aquel día y que provocó que hubiera una ovación de más de tres minutos en el estadio para el delantero mexicano, diciendo que, “el reglamento de competencia debería de ser cambiado, para que cuando seamos testigos de un gol como éste, el partido se suspenda y todos podamos irnos a celebrar”.

Otra de las coincidencias trascendentales de aquella jornada, es que se jugaba con el balón “Azteca”. Aquella anotación fue el gol número 26 de Hugo en 31 partidos, todavía sumaría otros tres en las últimas seis jornadas. El árbitro de aquel partido, Brito Arceo, se dio el tiempo de felicitar a Hugo y darle las gracias por permitirle “presenciar el gol más bonito del mundo”, mientras en la tribuna no se detenía la fiesta de pañuelos blancos ondeando como reconocimiento a Hugo Sánchez.

Desde aquel día, desde ese 10 de abril, cada vez que se anota un gol similar en cualquier parte del mundo, pero en particular en España, lo primero que vuelve a la cabeza es la imagen de la suma de los jugadores de la playera rojiblanca del Logroñés, mudos testigos de una hazaña deportiva sin parangón en la historia del futbol.

Hugo pasó entonces a la inmortalidad y sus adversarios riojanos caminaron lentamente hacia la ignominia. El Logroñés no murió aquel día, sino con el paso de las jornadas de sus únicas ocho temporadas en la primera división. Un día hace casi nueve años, cuando estaba a punto de comenzar la temporada de la tercera división, la entidad deportiva recibió la notificación de que no le sería admitido por cuarta ocasión, participar en la campaña y que en cambio estaba condenada a ir a la división Regional Preferente mientras no saldara una deuda superior a los 120 millones de euros, impagable para los riojanos y casi, para cualquier equipo de media tabla hacia abajo en la Liga de las estrellas.

Aquel 10 de Abril de 1988, se encadenaron los recuerdos entre Hugo y el Logroñés, pero el destino les llevaría por caminos diferentes. Dos años más tarde, el mexicano aumentaría su legado al conquistar su quinto Pichichi, ésta vez con 38 goles, lo que le valió incluso ganar la “Bota de Oro”, entregada al máximo romperredes del futbol europeo, la última de sus coronas de goleo que lo mantienen en un pedestal en el recinto de las glorias del más triunfador de todos los equipos del futbol español.

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