La triste actualidad de Johnny Football

Fernando Argueta

Sin disciplina no hay atleta, sin disciplina no hay éxito, sin disciplina no hay futuro, sin disciplina no hay leyendas.

Cuando el quarterback Johnny Manziel decidió dar el salto a la NFL en 2014 con sólo dos temporadas jugadas con la Universidad de Texas A&M, pero con una trayectoria inigualable que incluyó ser el primer jugador de la historia en ganar el anhelado Trofeo Heisman (Otorgado al mejor jugador universitario) en su temporada de novato en el futbol colegial, así como un sinfín de premios, todos creían que sería un fenómeno si lograba centrar sus emociones y su intensa forma de vivir, ya que de sus cualidades atléticas no existía duda alguna, no en vano su apodo era Johnny Football, ese que tras una gran jugada frotaba los dedos de ambas manos y gritaba “Show me the money”

Sin embargo, fue esa falta de disciplina que da la madurez (misma que Manziel no tuvo al preferir ir en busca de las carretadas de dólares del profesionalismo y no quedarse a cumplir su ciclo de cuatro años colegiales) lo que provocó el inminente descarrilamiento de su prematura carrera profesional.

Su adicción al alcohol y las fiestas interminables aún en plena temporada con los Browns de Cleveland, que lo eligieron como primera selección del Draft de 2014, lo llevaron al fracaso en sólo dos campañas llenas de problemas extradeportivos.

Con dos años fuera de los emparrillados en 2016 y 2017, Manziel debió pasar ese tiempo en clínicas de rehabilitación mientras veía como otros en su posición (Dak Prescott con Dallas, Carson Wentz con Filadelfia o Jimmy Garoppolo con San Francisco) lograban lo que él seguramente habría alcanzado si hubiese sido disciplinado y maduro.

 

UN PENOSO REGRESO

Hace unos meses, Manziel aseguró que haría todo lo posible por regresar a la NFL, aunque ya enfrentaba el estigma de “Crea fama y échate a dormir”. Sus intentos por atraer la atención de los equipos no parecieron levantar de la butaca a ningún gerente general ni a entrenador alguno para buscarlo. Si acaso un saludo y un deseo de buena suerte en su búsqueda como lo hizo Sean Payton de Nueva Orleans. La única franquicia que levantó la mano fueron los Tiger Cats de Hamilton de la Canadian Football League (CFL), que tiene sus derechos.

Hace unos días, el fin se semana, se publicó el video de su primer pase de anotación en su regreso al campo. No obstante no fue en la CFL, sino en la llamada Liga de Primavera de desarrollo de jugadores que desean ser vistos por buscadores de talento de la NFL. La realidad es que fue triste ver ahí a un talento como Manziel, en una liga en que los jugadores son los que deben aportar una cuota para poder participar, pues es la única vitrina disponible para mostrarse.

Será muy difícil que Manziel regrese a la NFL, pues la historia en casos similares lo ha demostrado. La indisciplina es la peor compañera de un atleta por más talento que tenga y Johnny Football debe enfrentarlo con la mayor humildad, lejos de su arrogante grito de “Show me the money”.

EL APOSTADOR

Y aunque han existido muchos jugadores que pasaron por lo mismo, algunos son históricos por desperdiciar su enorme talento de la manera más increíble como el quarterback Art Schlichter, una primera selección para los Potros de Baltimore en 1982. Con facultades atléticas envidiables era considerado un jugador franquicia, pero tenía un defecto enorme, era un apostador empedernido, al grado que se jugó y perdió todo el dinero de su bono (350 mil dólares) que recibió como novato. Nunca pudo dejar su adicción y después de tres años muy accidentados, el equipo lo cortó. Terminó jugando en el Football Arena.

 

MUCHO RUIDO, POCAS NUECES

En 1987, Seattle seleccionó al linebacker Brian Bosworth, una fiera en la posición y quien debía ser de impacto inmediato, pero con una conducta pésima de la que él mismo de jactaba debía llevarlo a jugar a Oakland por ser el perfil de ese equipo. Nunca pudo ajustarse a la disciplina de la NFL y tras dos temporadas fue dado de baja. Intento convertirse en actor de películas de acción, pero también fracasó.

 

FALTA DE ACTITUD

Jeff George fue un pasador de quien se decía tenía mayor talento y cualidades atléticas que el mismo Troy Aikman (ganador de tres Super Bolws), quien había llegado sólo una año antes a la NFL. George tenía un rifle en el brazo y una facilidad pocas veces vista para deshacerse del balón rápidamente. Indianápolis lo hizo su primera selección colegial en 1990 y le dio el contrato más caro para un novato en la historia hasta ese momento. Su incomprensible mal humor y su displicente actitud le valió ser echado del equipo al negarse a asistir a entrenamientos fuera de temporada. Fue negociado a Atlanta y también fue despedido tras encarar al entrenador June Jones ante las cámaras.

 

NO TODO ES CUERPO

Para 1998 la carrera por ser la primera selección global estaba entre dos quarterbacks: el super dotado Ryan Leaf y un joven maduro llamado Peyton Manning. Indianápolis se inclinó por la disciplina y escuela tutorial de Peyton (su padre era Archie Manning, otra leyenda) y la historia todos la saben. En cambio, San Diego se llevó en el segundo turno a Leaf, quien físicamente estaba mucho más dotado que Peyton. Tres años bastaron para colmar la paciencia del equipo. En las derrotas solía culpar a sus compañeros y hacerse de palabras con los rivales. El colmo fue cuando acabó lidiándose a golpes con un reportero. Su compañero, el safety Rodney Harrison, no dudó en declarar abiertamente que lo mejor que podía hacer Leaf era tomar su dinero y largarse. El pasador probó suerte con Tampa Bay y Dallas sin pena ni gloria.

 

EL DIVO

Matt Leinart es otro caso de ego que acabó con una carrera. Talentoso pasador ganador del Heisman y dos títulos colegiales era la esperanza para Arizona al llegar en 2006 como su primera selección. Su indisciplina, poca disposición que le llevó a una baja de juego notoria y las continuas fiestas con lindas chicas, fueron la causa de que lo mandaran a la banca de donde no salió, sino hacia otros equipos. Se alistó con Oakland y Buffalo sin lograr algo importante.

 

INCOMPRENSIBLE

En ese mismo 2006, llegó otro fenómeno llamado Vince Young, quien de hecho le había ganado el juego por el título colegial a Leinart meses atrás. Young era el molde del nuevo prototipo de mariscal moreno de gran movilidad y precisión al lanzar. Tenneesse apostó y se lo llevó, pero su inexplicable depresión personal jamás le permitió despuntar. Nunca se vio enfocado en el juego.

 

FRACASO TOTAL

Un año después, apareció otro monstruo moreno que impresionaba a todos los buscadores profesionales por su tamaño y poder en el brazo, era JaMarcus Russell, enorme y fortísimo quarterback que se convirtió en la primera selección global con Oakland. Fue tan decepcionante su actuación que la atribuían a su falta de compromiso, misma que quedó de manifiesto cuando se filtró que JaMarcus se quedaba dormido en ocasiones en sesiones de análisis de video.

DESCARO

Finalmente, otro al que se ignora porque la NFL le ha soportado tanto es al receptor Josh Gordon, quien llego en 2012 para convertirse en un fenómeno por su velocidad y destreza, sin embargo su constante uso de drogas lo llevaron a una suspensión de dos años en la Liga (2015 y 2016). En entrevistas posteriores reconoció que llegó a jugar bajo influjo de sustancias, y aun así la NFL le permitió regresar en 2017, aunque ya está más que quemado.

Con todos estos casos, la realidad es que si Manziel logra regresar, el famoso grito de “Show me the money” podría revertirse en su contra para ser un “Show me your maturity”, y entonces veremos de qué está hecho realmente Johnny Football”.

Twitter: @fargueta5

 

 

 

 

 

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