México y su paradójica democracia defectuosa

Voces de la UAM

Laura Valencia Escamilla*

En los último años el desencanto por los regímenes democráticos se ha traducido en descenso en la participación electoral, desconfianza en los partidos políticos y en los congresos, además de los gobiernos. En este contexto y conscientes de los peligros que aquejan a las democracias, sus gobiernos e instituciones, diversas organizaciones nacionales e internacionales se han dado a la tarea de aportar diferentes instrumentos que evalúan desde un punto de vista comparado el rendimiento de las democracias, la satisfacción ciudadana, la preocupación de los electores por ver respetado su voto,  la eficiencia de las instituciones democráticas, las prácticas y soluciones a las problemáticas sociales como los elementos más relevantes a considerar.

Las distintas metodologías han contribuido a monitorear constante y sistemáticamente el alcance o limitaciones de los países en sus instituciones democráticas, lo que coadyuva junto con los gobiernos y ciudadanos a emitir alertas sobre las deficiencias y a trabajar en ellas cuando se identifican a aquellos países que no solo muestran rezagos, sino retrocesos en los principios y valores democráticos hasta llegar a ser considerados países en proceso de crisis o abandono democrático.

En este marco,  México es una nación que preocupa a los analistas de dichos monitoreos dada la dirección que ha tomado nuestro país de acuerdo a las distintas mediciones. La nación no escapa a la crisis que enfrentan tanto las democracias consolidadas como las no consolidadas. Bajo estos parámetros, se puede observar de manera preocupante que a lo largo del tiempo la democracia mexicana lejos de consolidarse, presenta signos de retroceso causado por su bajo rendimiento e insatisfacción ciudadana.

En al ámbito de libertad y respeto a los derechos humanos, Freedom House califica el avance o retroceso de los países al identificar tres categorías, libre, parcialmente libres y no libres. Para este observatorio México se encuentra en un proceso de retroceso al observar los cambios en términos de libertad, mientras que de 2001 a 2010, nuestro país se colocaba en la categoría de libre, de 2011 a la fecha, la calificación del país baja a parcialmente libre, sobre todo por la corrupción, falta de transparencia, atentados a la libertad de expresión, incremento de la violencia, impunidad e injusticia.

Coincide el observatorio británico The Economist Intelligence Unit’s quien identifica a nuestro país entre las naciones con democracias defectuosas de acuerdo a la calificación recibida por el índice en 2017 con 6.4 en una escala de cero a diez, cuya fluctuación ha sido de 6.9 como la mejor evaluación entre 2010 y 2013 y la peor que recibió el año pasado. Es decir, nuestra democracia desde este observatorio es defectuosa con tendencia hacia el régimen híbrido dadas las valoraciones a la baja en términos de libertad de expresión y la violencia contra la prensa, crimen organizado y corrupción como las variables que mayormente inciden en las valoraciones a la baja en cuanto a la calidad de la democracia.

La Corporación Latinoabarómetro coincide con la evaluación de The Economist, al evaluar la percepción de los ciudadanos mexicanos desde 1995 a la fecha con respecto al desempeño de la democracia esta ha venido ha menos de 63 por ciento de la población que en 2002 apoyaba la democracia al 38% registrado en 2017, situación que refleja la insatisfacción con las instituciones democráticas en la actualidad. En el informe, por el declive lento y paulatino deterioro, califican a la democracia como diabética dado el grado de desconfianza e insatisfacción ciudadana con el régimen democrático actual. Esta percepción no es equivocada si se considera que los datos reflejan la grave crisis en el ámbito de la inseguridad y la pobreza que aquejan al país.

Por lo que se refiere a la inseguridad la fundación para la paz propone un índice para estados frágiles o en riesgo de conflicto a partir de cuatro categorías: sostenibles, estables, en advertencia y en alerta. Para identificar si un país está en alguna de estas categorías, la metodología cuantifica las condiciones bajo cuatro indicadores: cohesión social; desarrollo económico; estado de derecho y legitimidad política y presión social. Nuestro país es identificado en la categoría en advertencia al reunir una media de 73.24 puntos en la evaluación anual entre 2006 y 2017, de 120 puntos que colocan a los países en estado de alerta o que son francamente frágiles. En el informe de 2017 la fundación advierte que México ha  declinado hacia la fragilidad en diez de las doce variables que componen los cuatro indicadores. Los aparatos de seguridad, el número de candidatos asesinados, el declive del estado de derecho, la violencia atribuida a las fuerzas de seguridad y a los cárteles de las drogas; colocan a nuestro país en un estado de advertencia que preocupa a la fundación para la paz, de tal manera que en dicho informe  México es considerado el país que “más ha empeorado” (most worsened) en los últimos años.

En el terreno de la pobreza, el índice de desarrollo democrático elaborado por la Fundación Konrad Adenauer incluye además de aspectos políticos los de carácter económico, institucional y social. En conjunto, el desempeño de la democracia mexicana es de desarrollo medio y bajo desarrollo, donde el puntaje más alto se obtuvo en 2010 con 5,828 en un rango de uno a diez como el más alto;  y en 2017 con el índice más bajo 4,771. La causa del decremento se debe fundamentalmente a la limitada calidad democrática en términos de bienestar individual y colectivo  atribuido a la amplia desigualdad social, impunidad, corrupción y reducido desarrollo económico. Estos datos reflejan el pobre desempeño de la democracia mexicana y sus gobiernos al punto de preguntarnos si existe la posibilidad de abandonar la democracia como forma de gobierno.

El Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA) elaboró una metodología en la que identifica a aquellos países con democracias resilientes o países con la capacidad de enfrentar crisis o desafíos que puedan llevar a los sistemas a sus propios colapsos.  El estudio utiliza cinco dimensiones que incluyen al conjunto de derechos humanos: gobierno representativo, derechos fundamentales; equilibrio de poderes, administración imparcial, así como participación ciudadana. La dimensión que mejor evaluación obtiene en 2015 es el gobierno representativo  con un puntaje de .68 en una escala entre cero y uno; en el rubro de derechos fundamentales  apenas alcanza .53, donde los focos rojos son el acceso a la justicia ,  independencia de los medios de comunicación y la seguridad e integridad de las personas; por lo que corresponde al equilibrio de poderes, el puntaje alcanza .55 donde sobresale la falta de independencia del poder judicial, de los medios de comunicación y el poder efectivo del Congreso; por lo que toca a la administración esta dimensión es la que menor evaluación recibe al obtener .45 sobre todo porque en esta categoría se evalúa el grado de corrupción y las sanciones a dichos actos.

Finalmente, la participación es un rubro variante que si bien no tiene una evaluación agregada, las variables que conforman esta dimensión muestran una sociedad civil más participativa (.61) pero sin acceso a la democracia directa (.09) e incrédula de los comicios electorales (.49).

En suma, la democracia mexicana es una democracia frágil, inestable, defectuosa, diabética, de baja calidad, sin embargo, la dimensión electoral ha sido una de las categorías más consolidadas y que de alguna manera coadyuvan a que esta democracia pese a sus limitantes tenga la posibilidad de sobreponerse a la crisis en la que se encuentra. Los candidatos de todos los partidos y niveles de gobierno deben considerar estas evaluaciones  y desde una crítica constructiva ofertar una agenda de trabajo que tenga como objetivo revertir la desconfianza ciudadana, la desigualdad social, la polarización, la exclusión, la corrupción, la inseguridad, la falta de seguridad social, como premisas de campaña antes que la batalla por el poder político.

* Coordinadora de la Licenciatura en Política y Gestión Social de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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