Cultura

Pitol se distinguió por su ‘humor no mexicano’, dice Anamari Gomís

Anamari Gomís, académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y amiga de generación de Sergio Pitol, él se distinguió por su ‘humor no mexicano’, también traído de las tierras en donde hizo una intensa labor de difusión cultural de su país del que, a pesar de la distancia, jamás se alejó. En Desfile de Amor (1985) aparecen personajes muy divertidos de la cultura fantástica de este país, al que observó desde dentro también”.
Su infancia, narra, fue difícil. “Quedó huérfano a los cinco años, después de ver ahogarse a su madre en el Río Atoyac, en Puebla, su tierra natal, cuando su hermano lo tomó de la mano y le dijo ‘a ver ahora con quién nos van a regalar’, pero para su fortuna su abuela materna no sólo lo recibió, sino que le inculcó el amor a las letras”.
Otro compañero de clases del autor de Juegos Florales, fue Jaime Labastida, actual presidente de la Academia Mexicana de la Lengua (AML), quien recuerda cuando los detuvo la policía después de asistir a una manifestación.
“En alguna ocasión asistimos a una manifestación, no recuerdo si fue a favor de los maestros o de Cuba, estoy hablando de 1959. Un compañero que iba con nosotros, Sergio Mondragón, fue tomado preso y dijimos: vamos a rescatarlo. Tomamos un taxi para ir a la Procuraduría pero fue contraproducente porque nos llevaron también presos a nosotros. Fue una detención de horas. Éramos amigos desde entonces”.
Sobre si la AML realizará algún homenaje, Labastida aseguró que sí. “Antes teníamos una norma que ya la desechamos por absurda: que no antes de un año se hiciera un homenaje a un académico fallecido, pero ya la rompimos. Haremos un homenaje a Sergio Pitol tan pronto podamos”.
Benito Taibo señaló que la muerte de Pitol “es lamentable, perdemos no sólo a un maravilloso escritor, sino a uno de los grandes escritores de este planeta, alguien que nos hizo llegar autores rusos contados con un español perfecto. Habría que recordarlo como maestro, traductor, escritor y como un tipo de una honestidad a toda prueba, de gran humildad, es decir, un Premio Cervantes que se paseaba como cualquier otro y que no se subió al banquito para demostrar que era importante”.

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