Sergio Pitol: el mago - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 12 de Abril, 2018
Sergio Pitol: el mago | La Crónica de Hoy

Sergio Pitol: el mago

José Carlos Castañeda

Tuve la fortuna de conocer a Sergio Pitol. Era un hombre muy generoso y de una erudición inmensa. Perteneció a una generación de artistas que le inyectaron mundo y complejidad a una cultura nacional estancada en los homenajes revolucionarios. José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Juan García Ponce y Fernando del Paso son autores que abrieron el canon literario mexicano y lo enfrentaron a un amplio espectro de narradores del pasado y el presente en el mundo. Son los artífices de una globalización cultural. Sus traducciones y sus recreaciones provocaron un auténtico giro en la vida cultural de los años 50 y 60. Sin embargo, Pitol entregó una joya en cada libro, por su rareza y su creatividad. Podrían clasificarse, de manera general, en dos grandes líneas sus obras: su veta literaria como novelista y cuentista; y una, extraordinaria, veta como ensayista narrativo, que nos legó algunos de sus mejores títulos, como el Arte de la Fuga. Además, cabe recordar un amplio esfuerzo por traducir escritores que de otra forma nunca hubieran llegado a México.

Para el semanario Etcétera tuve la oportunidad y placer de conversar con él. También participé en un curso sobre Chéjov, uno de sus autores rusos favoritos. He leído sus novelas y relatos con el placer de descubrir en cada escrito a un autor innovador.

Pitol nunca fue solemne. Odiaba los actos grandilocuentes y las ceremonias que, en lugar de entronizar, destruían la creatividad. Pero nadie duda que su prosa está entre las más lúcidas, alegres y deslumbrantes de las últimas décadas. Un premio Cervantes original y admirable. Recuerdo algunas joyas de sus reflexiones como prosista:

“Todo aquello que tuviese aspiraciones a la solemnidad, a la sacralización, a la autocomplacencia se desbarrancaba de repente en la mofa, la vulgaridad y el escarnio. Se imponía un mundo de máscaras y antifaces. Todas las situaciones, tanto en conjunto como separadas, ejemplifican las tres fases fundamentales que Bajtín encuentra en la farsa carnavalesca: la coronación, el destronamiento y la paliza final”

“La rigidez acerada del príncipe, sus inmensos poderes resultarían ineficaces ante el paso vacilante, la mirada atónita y la vacua sonrisa del payaso. Nada irrita tanto al poderoso como la ridiculización de sus gestos y palabras, ser convertido no en objeto de culto sino de mofa, entre otras razones porque a menudo su lenguaje se sitúa en el límite de la parodia”

“No hay historia nacional que no haya sucumbido en algunos periodos a esa lepra llamada intolerancia; en otras ese mal es endémico y aun permanente. Parecería que fuese un mecanismo del demonio para que las criaturas de este mundo no pudieran coexistir en armonía. Es un eco tribal que ha sobrevivido a toda transformación social. A veces muestra con orgullo e insolencia su poder; otras, se esconde, se sumerge, se disfraza con atributos que no le pertenecen en espera de que llegue el momento de salir a la calle… La historia de la humanidad es una historia de intolerancias…”

“Si de algo puedo estar seguro es de que la literatura y sólo la literatura ha sido el hilo que ha dado unidad a mi vida. Pienso ahora a mis setenta años que he vivido para leer; como una derivación de ese ejercicio permanente llegué a ser escritor…”

La mejor manera de comenzar a leerlo, su Tríptico del Carnaval, que comienza una novela extraordinaria: El desfile del amor.

Gracias a Sergio Pitol por sus libros.

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