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Producción de armas con alta tecnología: La Sedena, a la defensa de los mexicanos

Crónica realizó un recorrido por las dos plantas, con 17 talleres, y 355 máquinas utilizadas para producir diariamente de 200 fusiles. La fabricación exige un margen máximo de error de 3 por ciento

La Secretaría de la Defensa Nacional, encargada de organizar, administrar y preparar al Ejército y la Fuerza Aérea Mexicanos, con objeto de defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación, cuenta con su propia productora de armas.

En Industria militar, se elaboran sus propios armamentos y para ello una visita que hizo Crónica, se pudo apreciar el trabajo que se realiza en las dos plantas de producción.

Caminamos junto al coronel Otilio Ramírez Serrano (quien también es jefe de la fábrica de armas) por los pasillos que dirigen a la primera planta genera intriga, hay silencio en el patio, sólo un sutil ruido generado por las máquinas interrumpe la tranquilidad.

Uniformes militares por doquier, cada que se cruzan unos con otros se saludan llevando la mano a la sien.

La puerta principal a la planta nos regala una vista rápida de todo lo que en unos minutos más tendremos a menor distancia.

El pasillo blanco, tiene cuadros y retratos de los directores, bajo la pequeña galería hay lentes de seguridad.

El jefe de la fábrica es el primero en romper el silencio al entrar y empieza por explicar en un tono de voz alto para competir contra el ruido de las maquinas:

“la producción se integra por 42 componentes”, una ligera emoción se nota cuando indica que cada máquina muestra la materia prima y cómo va saliendo una vez que inicia todo el proceso; y no es para menos, además de los cargos mencionados anteriormente el Coronel es también Ingeniero Industrial Diplomado de Estado Mayor.

Como es de esperarse el espacio está capacitado para cualquier necesidad y no hablamos específicamente de las necesidades de producción sino para prevenir posibles incidentes. Aunque hay lámparas en el techo, no se usan, los tragaluces iluminan todo el lugar.

Cada trabajador usa accesorios de seguridad dependiendo su área: lentes, tapones, delantales, máscaras y zapatos para cuidar su integridad.

 El ingeniero industrial, señala que la industria militar tiene un papel determinante para el fortalecimiento y desarrollo del sector en el país, motivo por el cual se comenzó a satisfacer los requerimientos de los organismos militares.

Continuando con el recorrido y como si fuera a olvidarlo, el Coronel repite que “aquí se hacen fusiles y cañones”.

La siguiente parte del intinerario es un espacio más angosto que el primero, pero más largo, hay estantes donde colocan las armas y personas que se aseguran que las partes pequeñas embonen a la perfección con el resto de las partes; tenemos la suerte de poder ver cómo se meten en cajas de la Sedena con una etiqueta que representa el número de folio.

Mientras el coronel Ramírez sigue con su explicación de fondo se puede escuchar el tan característico sonido del diurex separándose y rodeando con más de dos vueltas cada lado de una caja de cartón.

Al día, según detalla el Coronel, se producen 200 fusiles.

El modo de operar se rige por 17 talleres en producción, uno para cada pieza, que en conjunto cada pieza arma el fusil, un perfecto trabajo en equipo.

La jerarquía de trabajo inicia con los dos jefes, 33 oficiales y 400 elementos distribuidos en seís grupos.

“Administración, control de material, ingeniería, procedimiento de compra, calidad y mantenimiento, y seguridad industrial son algunos de los grupos con los que contamos”.

Prueba calidad. “En cada mesa de trabajo están los equipos de medición los cuales especifican como debe ir cada pieza, pero también se verifica por lotes para que todo esté dentro de los limites de tolerancia en la producción en serie.” Y mientras damos la segunda vuelta por ambas plantas, el coronel indica que la compra de algunos componentes especiales, ya sean nacionales o extranjeros, se hace según dicta la ley de adquisiciones.

El control de tiempo y calidad debe coincidir y se tiene programa preventivo para darle mantenimiento a las 355 máquinas, de las cuales algunas son de las más alta tecnología y las otras,  manuales, por lo que el operador es el primer elemento que ve si su máquina funciona de manera correcta; ellos mismos deben analizar si pueden solucionarlo pidiendo nuevas refacciones o si solicitan servicio de mantenimiento externo.

Como en todo, existe un límite de fallas que es del tres por ciento y se les conoce como piezas no conformes.

En caso de que alguna de las armas no pase las pruebas de calidad y no haya conformidad con la materia prima, se rechaza y el proveedor de éstas debe responder, porque la ley de adquisiciones rige todo lo que se adquiere y por lo tanto, establece las condiciones de compras.

“Después de que pasaron por cada mesa todas las piezas,  se empacan y entregan al distribuidor” señala el jefe de la fábrica.

Cualquiera pensaría que la distribución también la hacen ellos, pero no es así. De esta parte ya se encarga la dirección de materiales de guerra, las cuales les hace el pedido el cual se rige por un programa anual y sectorial “la carga de trabajo que nos piden en una administración nosotros la dividimos para llegar al objetivo y producir lo necesario.”

Es así como semanalmente, se reúnen mil armas y mandan a la dirección mencionada antes.

Reclutamiento.  A nivel nacional sale la convocatoria que pide únicamente: entre 18 a 28 años y que tengan estudios afines a la técnica; “como afuera no enseñan la fabricación de armas nosotros tenemos un centro de capacitación donde se da un curso básico y después recursos humanos los distribuye en las diferentes áreas, una vez que tienen área se les capacita según ésta y la duración va de tres a seis meses ya con experiencia en el manejo de máquina.”

Mujeres. 33 es el número de empleadas que son parte del equipo de producción, y es por ello que el coronel Otilio Ramírez Serrano, recuerda que Sedena tiene abierta su convocatoria para que más mujeres se unan a las listas de las fuerzas armadas.

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