EPN, del dicho al hecho - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 14 de Abril, 2018
EPN, del dicho al hecho | La Crónica de Hoy

EPN, del dicho al hecho

Aurelio Ramos Méndez

Aún resuena el eco de la ovación que se granjeó el presidente Enrique Peña Nieto con su enérgica recriminación a Donald Trump y el consejo de que descargue sus frustraciones y se desquite con el congreso y la clase política gringa, no con México. Mas, para evitar malograr ese triunfo, debe dar prueba de que no es vociferante en público y obsecuente y sumiso en privado.

Ya dio señales el Jefe del Ejecutivo de que pretende aprovechar el impulso de su audaz lance para reposicionarse en la política interna y catapultar su gobierno. Instó a conformar también un frente de unidad nacional para la defensa de la reforma educativa. Suena bien. Resta demostrar congruencia entre las palabras y los hechos.

En los medios de opinión fue celebrado y tomado como un atrevimiento el cónclave del Primer Mandatario, el domingo pasado, con su gabinete; encuentro en  el cual ordenó evaluar —en un ejercicio que encabeza Luis Videgaray— los acuerdos y convenios de todo el gobierno federal con el vecino del norte.

Se dio por sentada, sin fundamento ni historial que la avale, la suposición de que tal revisión de compromisos será un alarde de independencia, una criba soberana tendiente a mantener vigentes únicamente aquellos que son benéficos para los mexicanos y desechar los inconvenientes o perjudiciales.

Conviene ser prudentes, sin embargo. La realidad no apunta hacia ese objetivo. Al contrario, hay razones para suponer que estamos ante un juego de apariencia, y que, al final, la decepción puede ser grande.

Son legión quienes suponen que en el último tramo de la negociación del TLC hay un conjunto de temas, a cual más promisorio, en los que nuestro gobierno ya tiene puesto el pie en el acelerador, a la espera del arreglo en el rubro comercial para proceder a la firma de los mismos con Estados Unidos, y luego su concreción y prodigioso aprovechamiento.

La cosa más bien es al revés. Una larga tradición de supeditación y docilidad de nuestros sucesivos gobiernos, hace que, en medio del alborozo por la postura presidencial, los mexicanos ya podamos citar a Lupercio de Argensola: “Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!”.

En la pista, a la espera del punto final en las negociaciones del TLC, cualesquiera que sean los términos de la conclusión, en efecto aguarda el momento de arranque un conjunto de asuntos, en relación con los cuales, empero, ni en sueños cabe esperar algún viraje.

Resaltan en esta oscura perspectiva el combate al narcotráfico y la política migratoria. Materias en torno de las cuales —no se necesita bola de cristal— es fácil anticipar no más de lo mismo, sino un acatamiento todavía más lacayuno de los dictados del Pentágono.

En la triste etapa de guerra ajena contra el narco los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto pasarán a la historia como los más sanguinarios, con unos 200 mil muertos entre ambos. Real “docena trágica”, no los sexenios de Luis Echeverría y José López Portillo, así estereotipados por el panismo.

En migración, la indigna obediencia —se ha dicho por años en este espacio— ha llevado a hacerle el trabajo sucio al Tío Sam.

Ya era vergonzosa nuestra aplicación en la deportación de centroamericanos, aun de niños, a quienes sin misericordia se les intercepta —rescata, se dice ahora con conveniente eufemismo— cuando han estado a punto de alcanzar su sueño, el territorio estadunidense, y se les devuelve a sus países de origen.

La mansedumbre del gubernamental, sin embargo, tocó fondo con la revelación de que agentes norteamericanos entran como “Pedro por su casa” a las estaciones de migración de nuestro país para recoger datos biométricos de los indocumentados allí recluidos.

Todo, por un puñado de dólares de la Iniciativa Mérida, según la explicación de funcionarios del Instituto Nacional de Migración. Elucidación que sólo la estulticia pudo aconsejarles.

El 1 de abril, luego de que Trump amenazó con terminar el TLC debido a que nuestro gobierno “está haciendo muy poco, si no nada”, para evitar que la gente llegue a Estados Unidos.

Más rápido que inmediatamente,  el gobierno ya anunció el reforzamiento de la frontera sur con un número todavía no revelado de integrantes de la Armada.

Tras el enojo de Trump,  Videgaray, alarmado, salió  a decir que México y Estados Unidos trabajan juntos. Que los datos así lo confirman y que  esta cooperación “no debiera cuestionarse a partir de reportes noticiosos imprecisos”.

Antes, y a partir de “reportes noticiosos imprecisos”, en un alarde de soberanía, nuestro gobierno mutó su postura ante Venezuela; expulsó al embajador norcoreano, amenazó a Vladimir Putin con la expulsión de sus diplomáticos por el misterioso envenenamiento de un espía doble y condenó el uso de armas químicas por quien sabe quién en Siria.

Con semejantes antecedentes, ¿alguien cree que los eventuales acuerdos en puerta, en esos temas capitales, podrían ser ejemplo de autonomía y de apego al sentimiento colectivo demostrado por los mexicanos, incluidos José Antonio Meade, Ricardo Anaya y Andrés Manuel López Obrador, tras la reconvención a Trump?

Es cosa de esperar el resultado de la evaluación de los acuerdos para ver si la gallardía del Jefe del Ejecutivo llegará al punto de denunciar los convenios lesivos para el interés nacional. O si el coscorrón a Trump, no fue otra cosa que un calculado tatequieto, la típica maniobra electoral consistente en trabar pleito con el extranjero para concitar la unidad nacional y la simpatía al gobierno.


aureramos@cronica.com.mx

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