Voy, Boy… ¿Vasir? - Carlos Alberto Patiño | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 14 de Abril, 2018
Voy, Boy… ¿Vasir? | La Crónica de Hoy

Voy, Boy… ¿Vasir?

Carlos Alberto Patiño

Propagandistas y publicistas saben que el escándalo jala. Utilizan cualquier recurso para atraer la atención de votantes o consumidores. Lo hacen con la ortografía, la prosodia y la sintaxis.

En reciente campaña, los promotores de la candidata del Partido Verde Ecologista de México al gobierno de la Ciudad, Mariana Boy, suponen que es muy ingenioso jugar con la homofonía del apellido de la abanderada con la primera persona del verbo ir.

Es pobre el recurso y representa un problema en un país que requiere reforzar su educación... desde la ortografía.

El chistecito va a contribuir a que muchos ciudadanos confundan la grafía, como lo hacen secundarianos, preparatorianos y hasta posdoctorantes con “o sea”, cuya forma de escritura creen que es “osea”.

Quizá habrá quien piense que exagero, pero hay riesgo sin ganancia. ¿O de veras en las filas del Verde creen que el jueguito de palabras les va a dar votos? #Boycontodo, #BoyconlaCiudad. No me harán decir “Boyavotar”.

En tiempos pasados, una vidriería, la Cabañas, en Santa María la Ribera, jugó también con el choque ortográfico. Su lema era “Bidrios, lo escribimos mal pero los colocamos bien”. La provocación lograba su efecto, aunque sí dejaba claro que la ortografía no era la correcta.

Con la misma intención, una casa fabricante de bolsas ponía su rótulo “volzaz” en la Avenida Fray Servando.

Son casos deliberados, como los son los neologismos mal logrados que sólo dejan confusión.

Fue el caso del Banco Internacional que se convirtió en “Bital” ¿Saben cuántos alumnos me ponían el líquido “bital”? Así lo leían en las marquesinas y en los anuncios y su endémica falta de otras lecturas producía ese resultado.

Ocurre ahora con la Clave Bancaria Estandarizada, pues su acrónimo  “clabe” hace sus estragos en la escritura.

De Fox y su “Yo tampoco. Yo nunca. No puedo ni pensar en ‘hechar’ por la borda mi querido País”, no hay que decir más que los hay que creen que sí echó al país por la borda, y nos demuestra que a la ortografía también, aunque no se diera cuenta, como con mucho de lo que hizo. (¡Ah!, la columna de los chistes fue la semana pasada).

Y “haiga sido como haiga sido”, ¿cómo fue? Lo escudó Felipe Calderón con la expresión “como dicen en mi tierra”. Vale, pero deja abierta la justificación para usar el lenguaje saltándose las normas. A fin de cuentas, “lo dice así el pueblo”, “lo decían así mis tías”… Es salirse por la tangente con un chistorete lingüístico.

Ni qué decir del dialecto tabasqueño. Como López, las personas hablan así en sus rumbos. Son sus maneras y eso no es criticable. Sí lo es el abusivo uso de términos descalificadores que hace el perenne candidato. Y además son arcaísmos en el semiabandono. Solo él les dice “fifís” (“fifíes”) y “pirrurris” a sus contrincantes, y lo hace de manera discriminatoria. No argumenta, bulea.

Célebre fue en los años 80 la campaña de la mueblería K2, la de la indestructible melamina ponderosa (los jóvenes y aun los de mediana edad se preguntarán qué es eso, pero los de mayor sabiduría —je, edad— sí que entenderán).

Hablaba Julio Alemán, un actor de la época, y promovía camas a increíbles precios. Para hacer más atractiva la oferta incluía un juego de (sic) “buroes”.

No tardaron en llegar las críticas al deficiente manejo lingüístico del galán en funciones de locutor. El caso mereció la atención del académico José G. Moreno de Alba en su columna “Minucias del lenguaje”.

En siguiente comercial se defendió Alemán. Explicó “buroes, porque es aguda”, y siguió con su parlamento.

Ya nadie le dijo que la regla de la “e ese” en los plurales de palabras agudas se ocupa con las vocales débiles.

Recordemos, las vocales son débiles (i, u)  y fuertes (a,e,o). Los plurales para las fuertes se hacen con una ese. “Mamás”, “cafés”, “burós”.

El plural de las agudas débiles es el que toma la terminación  “e ese”: “Ajíes”, “rubíes”,  “jabalíes”, y era “menúes” y “tabúes”, pero, hoy en día  se aceptan formas como “menús”, “tabús”, “saudís” y “saudíes”, y se usa ya solo en textos literarios el que antes era una excepción “maravedís, “maravedíes”, “maravedises”. Eso sí, los “buroes” no sobrevivieron a la década de los 80 del XX.

La “expulsación” entra en la publicidad con falta al hablar, como muchas de las barbaridades que acabó por imponer Chespirito con sus subnormales personajes.

En la misma línea queda el nombre del programa Cien mexicanos ‘dijieron’.

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Samuel Schmidt escribió a este periodista para agradecer la columna sobre los chistes. Nada qué agradecer, doctor. Al contrario, sus textos fueron base para concretar la entrega.

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Una anécdota sobre chistes políticos pidió El Arca de Arena. Preguntó ¿Cómo llamó un famoso cómico de la televisión a uno de los más emblemáticos presidentes de México? Ya encarrerado, el comediante también le cambió el nombre a la ilustre esposa.

Fue Manuel El Loco Valdés el autor del chiste: En  1972 (El Año de Juárez, por decreto de Luis Echeverría) durante una de las transmisiones de El show del Loco Valdés, el personaje preguntó al aire: ¿Quién fue el primer presidente bombero? Y contestó: “Bomberito Juárez”. Tremenda multa le impuso la Secretaría de Gobernación por su chiste. Los que se quejan ahora, deberían haber conocido lo que era la censura entonces.

Sin empacho alguno, en el siguiente programa Valdés pidió el nombre  de la esposa del Benemérito. Su respuesta fue “Manguerita Maza de Juárez”. Y de nuevo le cayó la multa y ahora con amenaza de clausurar el programa.

Un antecesor del cómico en las carpas fue Palillo. Hacía sketches políticos y dos gendarmes que presenciaban las funciones se lo llevaban detenido a la delegación. El público, divertido y solidario le lanzaba monedas al actor para que pagara su multa y siguiera burlándose de los políticos.

Francisco Báez, Bertha Hernández, Luz Rodríguez, Marielena Hoyo, Miguel Ángel Castañeda y Gustavo Adolfo dieron la respuesta.

El Arca quiere revisar homófonos. Pretención y pretensión; atizar y atisar; sabia y savia; tuza y tusa; zopa y sopa. ¿Son válidos todos los enlistados?


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@caralpat
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