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La cumbre se apaga con choque Cuba vs EU

“La señora Trump, quien es una especie de Paris Hilton con chip de asuntos internacionales y adjudicada conciencia feminista, interminable en su belleza plástica y sazonada por el glamour de la riqueza infinita”

Del Callao a Miraflores, una zona residencial, comercial y de servicios turísticos de Lima, los sismos de hace medio siglo produjeron la gran tarascada del mar, cuya lengua salada se hundió en el lomerío de la Costa Verde y arrancó tierra y árboles, y allí, ahora, cerca de las terrazas donde se beben pisco sour y heladas cervezas con cebiche, hay una torre de cristal detrás de una de cuyas ventanas clausuradas,  Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, sigue a través de imágenes satelitales la reunión del Consejo de Seguridad Nacional de su país, la cual dio luz verde al bombardeo de Siria.

En otro piso de ese edificio de vidrio impenetrable, en cuya planta baja funcionan desde temprano las ruletas y las tragamonedas, la hija del orgulloso y triunfante presidente de los EU, Donald Trump, Ivanka, asesora del Ejecutivo en manos de su padre, lee con orgullo la frase en el tuit, con la cual se cierra este primer capítulo de los bombardeos a Siria: “Misión cumplida”, ha escrito –satisfecho y altanero– el hombre de la pelambre zanahoria.

Y quizá su hija haya dicho, “Yeah”.

Si Julio César hubiera tenido cuenta de pajarito azul habría escrito, vini, vidi, vinci.

Pero debajo de esos pisos, la vida sigue siendo como siempre. Por la mañana los niños duermen y los jóvenes y las muchachas salen a correr enfundados en oscuros pantalones deportivos o entallados mallones de licra.

Más delante de Miraflores, en Barranco, donde sigue dormido en su quietud el Puente de los Suspiros, otros caminan, sin el acoso agresivo de las rejas portátiles en torno del hotel Marriot tomado por el servicio secreto de los Estados Unidos para proteger a Pence y a la señora Trump, quien es una especie de Paris Hilton con “chip” de asuntos internacionales y adjudicada conciencia feminista, interminable en su belleza plástica y sazonada por el glamour de la riqueza infinita.

Y mientras ellos juegan, los turistas miran el monumento a Alfredo Salazar Southwell, quien como todos sabemos salvó la vida de cientos de miraflorinos cuando en 1939 prefirió despedazar el aeroplano en el cual volaba, antes de arriesgar a los habitantes de la costa. Así dice la historia:

“La mañana del 14 de septiembre, durante un ensayo previo al desfile aéreo por el Día de la Aviación e inauguración del monumento a Jorge Chávez, surcando los aires de Lima con uno de los aviones Potez 39 A.2 biplaza fue avisado que de su máquina salía humo.

“Alfredo Salazar, con mucha serenidad ante la pérdida de altura y pensando en evitar una tragedia mayor ordena a su copiloto el técnico mecánico de apellido Fajardo a que evacue la nave, arrojándose con su paracaídas. Luego de una primera resistencia, ante el firme mandato del héroe, abandona la nave.

“Sin perder más tiempo, enrumba su nave hacia las afueras de la ciudad, evitando caer en la zona urbana. Cumple su cometido perdiendo la vida cerca al mar en una zona descampada de Miraflores, en el actual malecón”.

–Como el Héroe de Nacozari, pero en el mar –dice un guía de este reportero.

Pero él era otra clase de aviador muy diferente de esos cuyos aparatos hoy vuelan en la zona de Siria. Esa es historia distinta.

Quién sabe si Pence lo sepa y quién sabe si le importaría. Lo cierto es su traslado de esta mañana a la reunión continental donde vino como representante del gobierno de Trump, en condición de protocolo sin responsabilidades, a tomarse una fotografía con los presidentes de las delegaciones presentes en la Cumbre de las Américas, incluido Enrique Peña Nieto, con quien habla brevemente en este lapso tan espinoso, tan deslucida, por la ausencia de los presidentes de otros países importantes y un temario de generalidades y condenas a lo condenable como para ser una utopía del buen comportamiento universal mientras el mundo está al borde del estallido general.

 Pero los asistentes coinciden en varios puntos, más allá de la obviedad de condenar los actos de corrupción, la falta de transparencia y la inmoralidad en el ejercicio de la función pública.

 Que lo público sea público, fue uno de los lemas de esta reunión, cuyo “Compromiso de Lima comenzó a circular con tono condenatorio en la mañana de hoy (ayer).

“Nosotros, los Jefes de Estado y de Gobierno del Hemisferio reunidos en Lima, Perú, en la VIII Cumbre de las Américas… nos comprometemos”, con un listado de buenas intenciones como sólo se conoce en el siempre promisorio lenguaje de las burocracias internacionales.

Doce compromisos para fortalecer, reconocer, fomentar, promover lo relacionado con la gobernabilidad democrática, la transparencia, el acceso a la información, la protección de denunciantes (soplones), y los derechos humanos, incluyendo la libertad de expresión; la prevención de la corrupción en las obras públicas y el concurso privado ilegal adecuado financimiento de las campañas electorales, el combate internacional, al cohecho, al soborno, al crimen organizado, al lavado de actividades y su recuperación y al fortalecimiento de los mecanismos internacionales de cooperación contra la corruptela y la transa. Bueno, no dicen la transa, pero dicen todo lo anterior.

La reunión en sí misma terminó a las 15 horas de ayer, pero como si no fuera suficiente el desfile de 31 oradores, incluido él mismo, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, retoma la tribuna para rebatir a Pence, a quien acusa de ignorar la realidad y ocultar la verdad.

Quiero preguntarle si la doctrina Monroe guía o no en realidad la política hacia América Latina.

Y cita a Bolívar quien dijo sobre los gringos, quieren plagar la América Latina de miseria.

Rechazo las acusaciones insultantes, le dice a Pence quien habló de dictaduras en referencia a los señalamientos feroces contra Cuba y Venezuela.

Pero Pence calla y elude. No tiene tiempo, ni interés ni ganas. Por eso se levanta y se va. ¡Faltaba más con estos léperos!”, habría dicho si supiera español.

No tiene mucho caso trenzarse en discusiones perdidas.

Y así la tarde se derrumba por todos rumbos, porque todavía faltan las presentaciones de la sociedad civil de los pueblos indígenas, de los empresarios, de estos y de aquello, pero todo cabe en el mismo jarro si se le sabe acomodar.

Hoy las cosas se quedan así. En Lima la palabra hierve; en el mundo, el caldero de la guerra comienza a barbotar.

Y México tiene una palabra:

“México reitera su más amplia condena al uso de las armas químicas.

“Hacemos votos para que sea a través del Derecho Internacional y los instrumentos multilaterales como se ponga fin al uso de este tipo de armamento de tan crueles consecuencias”.

Antes de salir, el presidente Peña habló y contó su encuentro con Pence. Explicó su mensaje a Trump, lo cual no había hecho de viva voz y reveló la raíz de la molestia: el tono retórico de Trump, entre la hostilidad y la confrontación. Como contaban los villistas de por qué había mandado Pancho a fusilar a un hombre cuya boca vomitó una mentada de madre:

“¿Nomás por eso, mi general?”

“ No, también por el tonito...”

El TP-01 dejó atrás la noche limeña.

 

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