Cultura

Horacio Franco celebra 40 años de trayectoria en Bellas Artes

El flautista conmemoró cuatro décadas de su primera interpretación en el recinto cultural. Como parte de la velada, estrenó la pieza Il Gran Mogol de Antonio Vivaldi

Cinco minutos de aplausos, de pie, hicieron que el flautista Horacio Franco saliera tres veces al escenario del Palacio de Bellas Artes. Era sábado por la noche y él regresó frente al público para dar las gracias, tras concluir el concierto con el que conmemoró 40 años de haber tocado por primera en el recinto cultural más importante de México.

Generosos ambos, el artista y el público, comulgaron sintiéndose mirados y escuchados. Ellos le enviaban un torrente de aplausos. Él les regresaba abrazos e inclinaciones. Más adelante, el flautista saldría al vestíbulo a tomarse fotografías y abrazar a la gente que, con paciencia, esperó para saludarlo individualmente.

Sí fue un concierto histórico. Quizá el momento climático fue el final del programa. Tras concluir la interpretación de Il cimento dell’a armonía e dell’ interzione, cuando el público realizó una expresión estruendosa de aplausos y “bravos”, que obligó a Franco a salir varias veces al escenario y, en ese contexto, interpretar dos encores o piezas adicionales al programa original.

En el segundo de estos encore, Horacio Franco, Premio Crónica 2016, interpretó por primera vez en México una pieza del músico Antonio Vivaldi, que estuvo desaparecida casi 300 años y cuyas partituras fueron descubiertas en 2010: Il Gran Mogol, que es la parte India de un conjunto de cuatro conciertos, dedicados a cuatro países —India, España, Inglaterra y Francia—, pero cuyas partituras se perdieron.

Terminó la última nota y la gente no se iba. Acababa de terminar un viaje sensorial y emocional a lo largo de una ruta que duró dos horas y en la que el aire, dentro del teatro de Bellas Artes, fue vehículo de sonidos concebidos hace 300 años por Vivaldi.

Es posible afirmar que fueron mil 677 las personas que estuvieron en este encuentro. Cada una podría contar una historia: por ejemplo, la mujer anciana que se acurrucaba en el hombro de su hija y le apretaba la mano mientras Franco interpretaba La Notte (Concierto en Sol menor, Op. X número 2 RV 439). También tendrá su historia el pequeño, de aproximadamente 10 años, con lentes redondos, más grandes que su cara, quien miraba, literalmente, con la boca abierta, cómo el flautista mexicano tocaba notas altísimas, mientras apoyaba su pierna derecha en un banquito de madera y emitía las notas de Il cimento dell’a armonía e dell’ interzione.

Manos virtuosas y gestos humanos estuvieron presentes todo el tiempo. El desenvolvimiento de Franco sobre el escenario tenía varias intenciones, pero una muy clara era compartir la celebración con la Capella Barroca de México, que es el grupo de artistas, expertos en música antigua, que acompañó al flautista y que él mismo fundó y dirige. Ellos, los miembros de la Orquesta, también celebraron 25 años de su integración.

Así, en seis ocasiones, cuando los aplausos celebraban la conclusión de cada uno de los siete conciertos cortos que interpretó, Franco caminó sobre el escenario y dio la mano y las gracias a sus acompañantes, los violinistas Raquel Masmano, Juan Luis Matuz, Eduardo Espinosa y Augusto Alarcón; así como Roberto Rivadeneyra, en la viola; Owen Aguilar, en el violonchelo; Víctor Flores, en el contrabajo, y Daniel Ortega en el clavecín y órgano.

Franco también hizo otro gesto de amor, nobleza y conciencia. Reconoció públicamente a una persona sin la cual el concierto de celebración no hubiera sido posible: su marido, el productor Arturo Plancarte. Esta expresión también generó muchos aplausos.

También generosa en el discurso y los afectos fue Lidia Camacho, directora del Instituto Nacional de Bellas Artes, quien habló de las dificultades que tuvo que superar Franco a lo largo de su carrera, por ejemplo, el hecho de tener que estudiar en el Conservatorio cuando no existía una carrera de flauta de pico, la cual, a la postre, fue fundada por el mismo Horacio.

Así cerró la noche, frente al bello telón rígido del Teatro de Bellas Artes, que pesa 25 toneladas y un vitral Tiffany con los volcanes del centro de México. En el vestíbulo más de 300 personas esperaron a Franco para saludarlo personalmente. Más allá, en las calles del Centro Histórico, la noche del sábado fue desenvolviéndose con una armonía que quizá salió exhalada del palacio de mármol, el Palacio donde tocó Horacio Franco.

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