Con apoyo y autogestión, crece la Orquesta Infantil de Santa Cecilia | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 15 de Abril, 2018

Con apoyo y autogestión, crece la Orquesta Infantil de Santa Cecilia

Reportaje. El proyecto nació en el poblado de Vicente Guerrero, ubicado en el municipio de Zaachila, que registra uno de los mayores índices de violencia en Oaxaca. Se ha desarrollado gracias a la donación de instrumentos en un programa implementado por la francesa Isabelle De Boves. Alistan concierto en el Cenart y en Oaxaca para recabar fondos

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“Siento alegría cada que toco la flauta traversa porque estoy haciendo lo que me gusta. Escuchar música clásica me alivia”, platica Sandra, de 13 años. “Sería satisfactorio dedicarme a la música, pienso que es un arte muy bonito para estudiar”, comenta José, de 12 años, quien toca el clarinete en la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil Santa Cecilia, Oaxaca, agrupación de 100 niños que nació hace seis años en una de las zonas con mayores índices de violencia en Oaxaca: Vicente Guerrero, ubicada en el municipio de Zaachila.

La mitad de esos niños, cuya edad oscila entre los 9 y 17 años, presentarán dos conciertos para recaudar fondos y terminar de construir la escuela donde todos los días, por 12 pesos, aprenden solfeo y otras técnicas musicales. El primer concierto será este jueves en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart) en la Ciudad de México, y el segundo, el sábado, en el Teatro Macedonio Alcalá, Oaxaca.

El repertorio para ambos conciertos incluye la Pequeña misa solemne de Giocacchino Rossini y la Sinfonía no. 5 de Ludwig van Beethoven, bajo la dirección de Anne Laffilhey y con la participación especial del Coro Air France, motivo por el cual los canales de televisión pública de Francia transmitirán en vivo los dos conciertos. 

LAUDEROS FORMADOS EN EUROPA. “Hace siete años conocí a un grupo de 20 niños que después de la escuela se reunían para aprender música con el profesor Camerino. El proyecto era simple: crear un grupo de viento, una banda, en este barrio olvidado construido al lado de un basurero. Ellos querían formar la banda pero no podían comprar los instrumentos”, cuenta la piloto de Air France, Isabelle De Boves.

La también música llegó a Vicente Guerrero porque ahí vivía su tía religiosa, se quedó con ella 15 días y su experiencia la describe como “muy fuerte” porque le fue complicado vivir en un sitio donde el agua está contaminada por el basurero, donde la gente se enferma y no tiene seguridad social o donde no les alcanza para comprar los medicamentos.

“Pero a los niños les aparecían estrellas en sus ojos cuando decían que querían tocar o cuando se imaginaban tocando un instrumento, sin embargo, por el nivel económico de sus papás, les era muy difícil comprar uno”, narra De Boves.

En ese momento, Isabelle pensó que en Francia hay muchos instrumentos dormidos, porque cuando los niños empiezan a tocar cualquier instrumento, a los pocos meses o años, los abandonan, porque compran uno mejor o porque se dedican a otras actividades.

“Entonces te quedas con el instrumento un montón de años sin que nadie lo toque. Me casé con esa idea y le escribí a todo mundo, fui a ver conservatorios, escuelas y tiendas de música preguntando si tenían instrumentos que no les servían, y para mi sorpresa funcionó muy bien: después de dos meses junté 20 instrumentos y los llevé a Oaxaca”.

Tiempo después, platica, llegaron los violines y decidieron formar dos grupos con los niños de Vicente Guerrero: los músicos de cuerdas y los de viento, pero desde hace año y medio, se juntaron para crear una orquesta sinfónica.

“Se ha construido ya la Escuela de Iniciación Musical de Santa Cecilia en el barrio y hemos formado un taller de reparación de instrumentos de viento a cargo de Patricia, ella estuvo en Francia haciendo prácticas en los mejores talleres de París. Ahora estamos haciendo lo mismo pero para violines, violonchelos, violas y contrabajos”, explica De Boves.

Actualmente, añade, están formando dos lauderos con el apoyo de la asociación Lauderos Sin Fronteras. El ejemplo es Elia quien tiene 25 años y en 2017 estuvo en Europa realizando prácticas en un taller profesional de Bruselas para la construcción de instrumentos musicales.

“Este proyecto de construir un gran taller de reparación no sólo es para nuestros instrumentos sino para recibir instrumentos de otras partes, es una fuente de recurso para el proyecto en su conjunto. La idea es que se vuelva independiente y que pueda funcionar sin ayuda externa”.

ÚNICA OPCIÓN ARTÍSTICA. La Escuela de Iniciación Musical de Santa Cecilia empezó con 20 niños y ahora son 100, el integrante más pequeño tiene cuatro años, toca el violonchelo y se llama Eli. Los más grandes tienen 25 años, pero la mayoría está entre los 9 y 17 años.

“Tengo doce años y desde que estoy en la escuela, hace dos años y medio, toco el clarinete. Yo elegí ese instrumento porque me gusta mucho su sonido. Si pudiera tocar un instrumento más, tal vez elegiría la flauta porque también me gusta su sonido”, platica José, quien llegó a la escuela porque su mamá lo inscribió.

Este proyecto, comenta Isabelle De Boves, es muy conocido en el barrio ya que no hay otra oferta de actividad para los adolescentes. “Recientemente se abrió una pequeña biblioteca. Muchos niños quieren ir a la escuela de música y los padres están muy contentos de que vayan, en vez de que sus hijos estén en la calle”.

Vicente Guerrero es una localidad que está a menos de una hora de distancia del Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca, tiene una población de 13 mil 794 personas, cifra que representa el 40.45 por ciento del total de la población del municipio de Zaachila.

De acuerdo con cifras de la Secretaria de Desarrollo Social (Sedesol) de 2013, en Vicente Guerrero, 5 mil personas de 15 años y más no concluyeron su educación básica, 3 mil viviendas no cuentan con agua entubada, 6 mil 630 personas no son derechohabientes a los servicios de salud, mil 86 casas no cuentan con drenaje y 339 viviendas no tienen energía eléctrica. En general, los indicadores de Sedesol señalan que el 50.4 por ciento de los habitantes en Zaachila viven en pobreza moderada y el resto, en pobreza extrema.

“Ahora hay muchas colonias alrededor del basurero. En Vicente Guerrero habitan cerca de 15 mil personas y no todos trabajan en la basura, hay quienes tienen otros oficios en la ciudad. Es un barrio de mala fama por la basura, por la violencia y la droga. Todos piensan que ellos son malas personas. Es cierto que hay violencia y droga, pero la mayoría son gente normal, quiere que sus hijos salgan adelante, quieren darles un futuro”, destaca la piloto francesa.

MÚSICA COMO ALIVIO. Después de la primaria o secundaria, los 100 niños de la orquesta llegan a la Escuela de Iniciación Musical. “Estudio la secundaria y saliendo voy a la escuela, mis amigos que saben que toco el clarinete y me apoyan. Aquí en la escuela me gusta cómo trabajan los maestros, me gusta todo”, platica José quien estará en el Cenart en lo que él llama su “primer concierto grande”.

“Estoy muy nervioso y emocionado porque es mi primera vez en un concierto grande. En otros conciertos que hemos dado en Oaxaca siempre siento emoción y también nerviosismo de que salga bien. Cuando la gente nos aplaude siento satisfacción”, comparte este niño amante del clarinete y del skatebording.

—¿Te gustaría estudiar música?

—Tal vez. Sería satisfactorio dedicarme a la música, pienso que es un arte muy bonito para estudiar. Me gustan las canciones para orquesta, por ejemplo, una de mis canciones favoritas es Dios nunca muere, ésa yo la he tocado con el clarinete y me emociona mucho.

Para Sandra, quien toca la flauta traversa, las emociones sobre los conciertos del jueves y sábado, son las mismas que José: emoción y nervios.

“Tengo nervios, siento emoción y alegría. Cuando toco la flauta siento alegría porque estoy haciendo lo que me gusta, la música me alivia, me gusta mucho escucharla”, comenta la joven de 13 años.

Sandra llegó a la Escuela de Iniciación Musical de Santa Cecilia cuando se inauguró. “El más grande de mis hermanos toca el trombón, pero primero mi tía comenzó con la música, después me empezó a llamar la atención y más después de ver a mi hermano. Sí, de grande me gustaría dedicarme a la música”, platica.

A ella, sus maestros le asignaron la flauta traversa por el tipo de sus labios. “A mí me gustó su sonido. También me gusta el sonido del clarinete y el trombón”, cuenta. “Me gusta la Sinfonía no. 5 de Beethoven porque hace muchos cambios de emociones y a quienes les gustaría tocar un instrumento musical, les diría que no es muy difícil y que en el caso de la flauta, su sonido es muy bonito”, añade.

Isabelle De Boves aprovecha para platicar el caso de Patricia, la encargada de restaurar los instrumentos.

“Ella hizo un año de enfermería, sus notas eran increíbles, era muy buena estudiante pero sus papás ya no podían comprarle libros y demás materiales. Dejó la escuela. Después, en la escuela la becamos para que fuera a estudiar a Francia (restauración de instrumentos) en una escuela especializada e hizo el curso de dos años en uno, sacó el diploma y tuvo mejores notas que los franceses”.

A lo largo de seis años, la piloto ha concedido cinco becas a los alumnos de la escuela para que puedan continuar su formación musical en Conservatorios de Europa y de Oaxaca; e incluso, el año pasado, uno de los estudiantes ganó las audiciones para ser parte de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca.

“Empezó con nosotros estudiando clarinete hace 3 años, pero hace año y medio nos llegó un oboe muy bueno y él lo tocó. Este niño entró a la Escuela de Bellas Artes en Oaxaca con una beca de nuestra parte y acaba de hacer la audición para entrar en la orquesta de la Ciudad de Oaxaca, al final quedaron seis y él ahora tiene un contrato por un año. Tiene 15 años y es increíble”, relata.

CONSTRUCCIÓN DE LA ESCUELA. Las clases que toman los integrantes de Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil Santa Cecilia, Oaxaca, empiezan entre las 15:00 y 15:30 horas, duran dos o tres horas y cuestan 12 pesos.

“Hay varios grupos, antes era una sola banda, después empezó la clase de cuerdas y ahora también tienen orquesta sinfónica que se reúne los sábados. Además, se han hecho ensambles, como un cuarteto de clarinetes; se ha hecho música de cámara, ensambles de cuerdas”, detalla De Boves.

Ahora, el proyecto quiere ampliarse, no sólo en número de alumnos, también en cuanto a espacio. “Tenemos que agrandar la escuela. Acabamos de comprar un terreno a un lado de la escuela y ahí queremos construir nuevas aulas de música para que puedan ensayar. Porque cuando todos quieren ensayar no alcanzamos y tenemos que ir a otros lugares como la iglesia, las aulas de catecismo o en alguna cocina”, señala.

Con el pago que hacen las familias, esta escuela empezó a darse sustento, aunque a quienes no pueden pagar los 12 pesos diarios, se les otorga una beca; no obstante, ese dinero recaudado durante los primeros años, junto con los instrumentos que consiguió De Boves, hicieron posible la formación de la banda.

“Después empezamos a dar conciertos para comprar el primer terreno y construir la escuela. No tuvimos que pedir dinero a ninguna autoridad. Hasta la fecha (el Coro Air France) damos conciertos en Francia pero muchas veces son pequeños. La Foundation Air France financió el 75 por ciento de la construcción de la escuela y ahora nos ayudó en la compra de terreno pero tenemos que construir las aulas, eso es mucho dinero y por eso tuvimos la idea de hacer estos conciertos”, explica.

➣ Los conciertos serán el jueves 19 de abril a las 19:00 hrs en el Cenart (Río Churubusco 79, CDMX) y el sábado 21 de abril a las 19:00 hrs en el Teatro Macedonio Alcalá (Av Independencia 900, Oaxaca). La venta de boletos es a través de conciertocoroairfrance@gmail.com, en el teléfono 55 12 62 06 97 o en Carré d’Artistes, Virgilio 25, Polanco, Ciudad de México.

 

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