Tianguis, inseguridad, Torruco

Juan Manuel Asai

Se lleva a cabo en Mazatlán, Sinaloa, un destino empeñado en volver a ser grande, el Tianguis Turístico, el evento más importante en la agenda de la industria de viajes en el país. Es el último Tianguis de la administración Peña Nieto. Hay un ineludible toque de nostalgia y otro toque de inquietud sobre lo que vendrá el próximo sexenio.

El turismo generó buenas noticias para el gobierno federal a lo largo del sexenio, algo insólito. Es fácil acostumbrarse a lo bueno, por eso, después de varios años de romper récords de visitantes y de derrama económica, que es el dato sustantivo, algunos comienzan a acostumbrarse, lo que abre el riesgo de relajar el esfuerzo en un entorno internacional de competencia descarnada.

Durante el gobierno de Peña Nieto, se comprobó que México tiene una vocación turística natural. Se nos da. La columna vertebral de la oferta es una densidad cultural como no hay otra en el hemisferio occidental, además de una oferta de atractivos naturales inagotable, en la que destacan varios de los destinos de sol y playa más afamados del planeta. No sólo eso, hay una infraestructura enorme y creciente, empresarios experimentados y visionarios. Contamos también con vocación de servicio, en algunos destinos más avanzada que en otros, y la calidez del mexicano con los visitantes extranjeros.

La inseguridad es el Talón de Aquiles. Puede dar al traste con los esfuerzos colectivos. En los últimos meses destinos emblemáticos como Cancún y Los Cabos recibieron alertas de viajes, lo que puso los pelos de punto a funcionarios, empresarios y trabajadores. La inseguridad en los destinos turísticos deriva de la presencia de bandas criminales dedicadas al tráfico de drogas. Estas bandas luchan entre sí para venderles droga a los visitantes y a los habitantes del lugar. Muchos empresarios, dueños de otros, tienen un pie en la industria del entretenimiento y otro en el narco. Pasan por alto que cocaína y paz no caben en un mismo sitio. Hay que elegir una u otra. Muchos han optado por las ganancias rápidas con lo que exponen la continuidad del negocio. Destinos como Acapulco o el propio Mazatlán pueden dar testimonios de primera mano de que el flagelo de la violencia causa heridas que tardan mucho en cicatrizar. A veces nunca cicatrizan.

Durante este gobierno dos políticos alejados originalmente del sector tomaron las ruedas de la Secretaría de Turismo. De estilos diferentes, Claudia Ruiz Massieu y Enrique de la Madrid lograron entregar buenas cuentas. Al grado de que Enrique tuvo oportunidad de participar en el proceso para elegir al candidato presidencial del PRI.

¿Qué sigue? En varios ámbitos del quehacer nacional hay inquietud sobre lo que pueda ocurrir si se confirman las tendencias y López Obrador gana la elección presidencial del primer domingo de julio.

En el turismo la inquietud es menor porque el tabasqueño ha dicho que su secretario de Turismo será Miguel Torruco, exsecretario de Turismo de la CDMX, y un hombre que empezó en la industria, desde chamaco, hace 47 años, que no son pocos. Para Torruco encabezar la Sectur federal sería la culminación de una larga carrera, en la que ha estado tanto en el frente privado como en el gubernamental. Tiene algo a su favor: no habrá curva de aprendizaje. Tiene meses preparando un proyecto que pondrá en marcha desde el primer día de diciembre. Lo ideal sería que Torruco consiguiera con Andrés Manuel lo que logró con Miguel Mancera, un decreto para considerar al turismo una política pública prioritaria. ¿Podrá hacerlo?

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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