Nosotros, los ciudadanos - Isidro H. Cisneros | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 16 de Abril, 2018
Nosotros, los ciudadanos | La Crónica de Hoy

Nosotros, los ciudadanos

Isidro H. Cisneros

Las recientes manifestaciones de los candidatos presidenciales respecto a la sociedad civil, a sus defectos y a sus virtudes, reclama una reflexión y un posicionamiento ciudadano. La sociedad civil dicen unos, encarna lo peor de la comunidad y solamente representa a grupos de activistas inconformes con todo, es la denominada “lobby del resentimiento” que ha encontrado en el tema de la defensa y promoción de los derechos humanos un modus vivendi muy redituable, otros sostienen, por el contrario, que la sociedad civil representa una panacea, una expresión de lo mejor de las virtudes que corresponden a los integrantes de la comunidad política que con su sola presencia purifican y legitiman cualquier actividad.

Debemos salir de este esquema maniqueo. Originalmente la sociedad civil se distingue del Estado y representa la esfera de las relaciones sociales con sus propias formas y principios. La expresión deriva del latín societas civilis y en la época moderna se utiliza para describir aquel ámbito distinto de la sociedad política que refiere al Estado. De acuerdo con el modelo de su origen proporcionado tanto por el derecho natural como por el contractualismo desde Hobbes hasta Kant, la sociedad política se sobrepone a los intereses particulares, mientras que la sociedad civil es el espacio de los ciudadanos que proyecta la relación de un individuo no con otro individuo, como en el caso de los sistemas feudal, monárquico o tiránico, sino con el Estado. Como resultado, la ciudadanía involucra una dinámica de transformación de lo político.

La identidad democrática se consagra en los derechos y obligaciones que los ciudadanos, personas autónomas en situación de igualdad, deben cumplir. Los buenos ciudadanos muestran sentido de responsabilidad a la hora de atender sus obligaciones, por lo que es indispensable que cuenten con la preparación necesaria para este tipo de intervención. Los conceptos de autonomía, igualdad y participación en los asuntos públicos distinguen a la ciudadanía de otras formas de identidad socio-política. Convencionalmente se identifican tres dimensiones de ciudadanía: la civil, que expresa igualdad ante la ley, la política, que se manifiesta por medio del sufragio, y la social, que reivindica los derechos ciudadanos desde la perspectiva del Estado de bienestar.

La democracia no es solamente una forma de gobierno, sino también una tendencia a conferir mayor poder al ciudadano, quien puede contribuir con su iniciativa a mejorar la vida política, influir en la selección de sus representantes, y hacer circular, contra cualquier dogmatismo e intolerancia, espacios de libertad. Actualmente la sociedad se mueve desde abajo, porque todos desean tener su parte de responsabilidad en la comunidad. Por lo tanto, el Estado y la ciudadanía coinciden, se presentan como dos términos inescindibles y tan estrechamente unidos que no puede concebirse un Estado sin ciudadanos, ni la existencia de ciudadanos fuera del Estado. Los derechos y los deberes de unos, y las tareas constitucionales del otro, viven de esta necesaria y constante correlación. Toda teoría de la democracia presupone un modelo de sociedad, por lo que resulta imperativo restituir el Estado para los ciudadanos, el cual fue sustraído por la partidocracia y sus representantes. El Estado nace de nosotros, los ciudadanos, y en consecuencia, el Estado somos los ciudadanos.

isidroh.cisneros@gmail.com

@isidrohcisneros

agitadoresdeideas.com

Imprimir

Comentarios