¿Misión cumplida?

Guillermo Puente Ordorica

La reciente operación militar occidental en Siria (de bombardeos conjuntos, con objetivos precisos a destruir, entre las fuerzas aéreas estadunidense, británica y francesa) sin duda ha contenido una importante carga simbólica, al haber dejado en claro que se efectuaba como represalia a la presunta utilización de armas químicas por parte del régimen de al Assad —todavía por comprobarse— en contra de civiles. De pasada ha evitado tocar a las fuerzas rusas desplegadas sobre el terreno, para evitar un enfrentamiento militar de mayores dimensiones. Como era de esperarse, la retórica alrededor de dicha operación ha recibido combustible adicional, ya sea para aplaudir la acción o reprobarla.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesionó de emergencia, solamente un día después de los bombardeos, a petición de Rusia, para examinar la situación. La delegación rusa solicitó la aprobación de una resolución condenatoria de la acción bélica y la violación del derecho internacional que supuso la misma. Tenían razón los rusos respecto del quebrantamiento de las normas internacionales, ya que los cazas occidentales no contaron con ningún mandato internacional para efectuar los bombardeos, pero se requiere de demasiado cinismo como para pensar que tras los excesos cometidos por el régimen sirio y de la propia parálisis del Consejo de Seguridad para buscar solucionar el conflicto en más de siete años, dados los reiterados vetos ejercidos por los mismos rusos. No sobra tener presente que la utilización de armas químicas también constituye una violación grave del derecho internacional. De manera que, mediáticamente, este movimiento lo tenía ganado la alianza de tres. Sin embargo, el mensaje ruso está enviado en este máximo foro.

Muy llamativo también lo es el componente esencial de esta operación militar tripartita, tanto por las dificultades por la que atraviesan internamente los tres países involucrados y la baja estima de la que gozan sus dirigentes entre sus conciudadanos, como por el hecho de que demuestra que a pesar de sus diferencias, y particularmente por las contradicciones del mandatario estadunidense y críticas mordaces a sus aliados naturales desde que asumió la Presidencia, cuando se trata de la llamada alta política exterior, los intereses occidentales prevalecen.  A quienes gustan de los paradigmas de análisis de la pasada Guerra Fría, el episodio les viene como anillo al dedo para sacar conclusiones.

Tras la algarabía e incesante actividad que ha generado esta acción militar, encabezada por Estados Unidos, lo cierto es que los tres principales escenarios de la guerra civil en Siria y sus diversos elementos ramificados que alimentan la enorme complejidad del conflicto (político y militar, de crisis humanitaria y derechos humanos, y de utilización de armas de destrucción masiva)  permanecen inalterados. Es claro que la solución de fondo y de largo plazo en ese país sigue siendo la convocatoria a un proceso de transición política, tendiente a la reconciliación nacional, así como el esclarecimiento de responsabilidades respecto del uso de armas químicas y la consignación de los responsables para su enjuiciamiento en las instancias judiciales correspondientes por la comisión de probables crímenes contra la humanidad y violaciones de los derechos humanos, y fundamentalmente atajar la grave crisis humanitaria del país y revertir el sufrimiento de la población civil. El punto de inicio para un proceso de tal magnitud sigue siendo el de acordar un alto al fuego y las condiciones para su sostenimiento, lo cual requiere a su vez, de la voluntad y el esfuerzo sostenido de todas las partes involucradas en el conflicto, algo que no ha sucedido en siete años, como hemos visto.

gpuente@hotmail.com

 

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