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Cuba se libra de los Castro… pero no de la dictadura

Historia. Durante seis décadas, la simbiosis entre el régimen comunista y la familia Castro ha sido total; ahora llega la hora del “joven” Díaz-Canel, con la incógnita sobre qué rumbo tomará su mandato, pero con la certeza de que los cubanos seguirán sin libertad para elegir su destino

Cuando Fidel Castro cedió el relevo del mando de Cuba a su hermano Raúl porque su salud se había deteriorado, en este periódico se redactó un obituario especial de varias páginas… que estuvo siete años guardado. Fidel vivió tantos años en la primera plana mundial que parecía que sería inmortal; cuando murió, la mitad del obituario especial ya estaba completamente desfasado.

Tanta ha sido la fuerza de Fidel que el apellido Castro ha parecido ser sinónimo de “Cuba”. Una simbiosis que era total desde que el 1 de enero de 1959 triunfo la revolución cubana que un puñado de guerrilleros empezó tres años antes, zarpando desde el puerto de Veracruz para terminar desfilando triunfantes en Santiago de Cuba.

Raúl Castro, último estandarte de la Revolución, prometió limitar los mandatos a dos términos de cinco años, y hoy cumplirá su promesa, quizás porque no le queda más remedio: en junio cumplirá 87 años, y ya es mayor de lo que era su hermano cuando le cedió el poder. Sea como fuere, ha llegado la hora del relevo: Cuba tendrá entre hoy y mañana su primer presidente que no se apellidará Castro casi sesenta años después.

PROTOCOLO. A las 9 de la mañana, hora local, inicia hoy en el Palacio de Convenciones de La Habana la sesión para la constitución de la IX Legislatura de la Cuba comunista (sesión que debía iniciar mañana), que constituirá la Asamblea Nacional con los 605 dipu­tados elegidos en las elecciones patito del pasado 11 de marzo, en las que millones de cubanos acudieron a las urnas con las cartas marcadas y bajo la presión de los vigilantes tentáculos de la dictadura.

Una vez constituido, el Parlamento cubano iniciará la elección de la dirección del mismo, constituida por un presidente, un vicepresidente y un secretario. Acto seguido, será el turno de elegir al Consejo de Estado, el máximo órgano ejecutivo del país. Este se compone de 31 miembros, entre los cuales, un secretario, cinco vicepresidentes, un primer vicepresidente y, finalmente, un presidente.

Un presidente que, a la vez, según la tradición del Partido Comunista Cubano (PCC) es también el presidente de Cuba y jefe de Estado, por lo que será el momento de conocer el relevo de Raúl Castro.

Un relevo que, con total seguridad, coronará a Miguel Díaz-Canel como nuevo líder del comunismo cubano. Díaz-Canel se ha ganado el apoyo de todo el aparato del partido y se ha perfilado como relevo de los Castro desde que en 2013 fue designado como vicepresidente de la isla en el segundo término de cinco años de Raúl Castro.

CARRERA EN EL PARTIDO. La elección de Miguel Díaz-Canel no es sólo importante y simbólica porque se convertirá en el primer mandatario de la Cuba comunista que no se apellide Castro, sino porque el viernes cumple 58 años. Esto significa que nació poco más de un año después del triunfo de la revolución, lo que implica que será el primer líder cubano que ha vivido toda su vida en la era iniciada por la revolución. Será, además, también el primero que no vista de uniforme militar.

Hijo de una maestra y un mecánico, Díaz-Canel se inició en el PCC como oficial del ejército, y como profesor en la universidad de su natal provincia de Villa Clara, donde además, se inició en las juventudes del partido. A mediados de los noventa, mientras arreciaba la crisis económica que siguió al hundimiento de la Unión Soviética, aliado clave de Cuba, fue designado primer secretario del Comité del partido en la provincia, donde los vecinos le recuerdan como un dirigente humilde, cercano, que se paseaba en bicicleta por la capital, Santa Clara, para conocer las necesidades de la gente.

Su efectiva gestión en tiempos de crisis, que incluyó valientes decisiones como impulsar el local cultural que acogió los primeros espectáculos de travestismo de la isla, le valió el reconocimiento del partido, que lo premió metiéndole en el Buró Político del PCC, a iniciativa de Raúl Castro. De la mano del hermanísimo de Fidel, ascendió Díaz-Canel, que en 2009 pasó a ser secretario de Educación, hasta llegar a la primera vicepresidencia en 2013, y ahora, hasta lo más alto del régimen castrista.

RETOS E INCÓGNITAS. En Cuba, cerca de dos terceras partes de la población activa trabaja en la inmensa estructura pública que pende del Estado, con un salario medio de apenas 30 dólares al mes. La economía de la isla sigue maltrecha, con una dependencia excesiva de la ayuda exterior de países como Venezuela, cuyo petróleo engrasa el engranaje de la dictadura, y que se tambalea ante el drama humanitario que vive el país caribeño.

Pero más allá de lograr que la gran mayoría de cubanos dejen de vivir por su supervivencia, Díaz-Canel tendrá en su mano decidir si continúa con el deshielo que inició Raúl Castro con Estados Unidos, y que ha llevado en los últimos dos años, por ejemplo, a ver los primeros vuelos turísticos directos entre EU y Cuba. Por el contrario, el nuevo mandamás del PCC podría aprovechar la postura del presidente estadunidense, Donald Trump, mucho más dura que la de su predecesor, Barack Obama, para reavivar un conflicto histórico con el que intentar distraer al mundo de las penurias de su gente.

 

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