Espectáculos

Verano 1993: La conmovedora soledad infantil

Hay películas como Verano, 1993, el maravilloso debut cinematográfico de la española Carla Simón, que se sienten como una desoladora caricia. Apenas en su primera imagen vemos a la pequeña Frida (Laia Artigas), quien en plena celebración de San Juan aparece de espaldas en una plaza de Barcelona; ella está jugando con otros niños pero se queda inmóvil tratando de contener unas lágrimas que se escapan de su rostro. Ahí un niño le grita que está muerta, como parte del juego, pero ese acto inocente en ella significa algo más.

Ella enfrenta el primer verano de su vida con su nueva familia adoptiva. Su madre ha muerto por causa del sida (en la película tratan de evitar mencionarlo) y ella está lejos de la casa donde pasó sus primeros años. Ahora vive en el campo y adaptarse a su nueva vida, con su tío Esteve (David Verdaguer), su mujer Marga (Bruna Cusi) y su hija, Anna (Paula Robles), es algo que ella no puede entender del todo.

La soledad y el desconcierto de Frida están bellamente representados desde ese inicio y el resto del cortometraje es una conmovedora historia de una niña que trata de combatir con su dolor interior, incapaz de exteriorizarlo y buscando un lugar en su nueva familia. Ahí en ese núcleo familiar hay una tensión incómoda ante la situación, pero al mismo tiempo, el naturalismo con que se cuenta el relato nos ofrece momentos de actos de amor genuinos, de un tipo de humanidad de la que se ve poco en la pantalla grande.

La película está inspirada en las vivencias reales de su directora. Con este filme ella nos invita a mirar como Frida, a sentir su frustración angelical y confusa, nos deja ver cómo sus berrinches son gritos ingenuos de angustia, y ahí, en esa percepción de la soledad es que el filme encuentra su mayor virtud. No recurre a ser sentimental, ni manipuladora con emociones tan puras sino que deja que el espectador se ponga en sus pequeños zapatitos.

Es un melodrama sencillo y sin pretensiones, y además celebra de paso a un estilo de cine, en cuyos personajes infantiles no se toman como pretexto para jugar con su dolor. Aquí hay una esencia que nos recuerda a El ladrón de bicicletas. Aquí hay una reflexión sobre comprender el significado de la muerte.

A destacar el trabajo actoral. Cada uno imprime en su personaje una complejidad cotidiana. Carla Simón es una directora a la que no hay que perder de vista.

Estrenos

Sueño en otro idioma

Director: Ernesto Contreras

(México, 2017)

En medio del debate que se forma en torno al de acercar el cine nacional al público mexicano, llega una de las cartas fuertes. Sueño en otro idioma es una película, que como lo logra La 4ta compañía (guardadas las diferencias de género), tienen los elementos necesarios para hacer competencia a cualquier película del mundo. El cineasta nos ofrece un entrañable relato sobre la aceptación. Martin es un joven lingüista que llega al pueblo donde viven dos hombres mayores, Evaristo e Isauro, peleados desde hace décadas, para buscar su reconciliación y con ello intentar rescatar su lengua que está a punto de desaparecer. La película ofrece momentos de diversión, de emotividad sincera y de reflexión en torno a los complejos culturales que pueden ser determinantes en la vida.

Verdad o reto

Director: Jeff Wadlow

(EU, 2018)

Esta película entra al privilegiado pódium de las peores del año. En los últimos años el cine de terror ha demostrado que puede ser capaz de expandir su abanico de propuestas que no se queden en los convencionalismos del género, pero de pronto aparecen filmes vergonzosos como éste. Todo comienza con un grupo de amigos que deciden pasar vacaciones en México, y lo que muestran como un exótico lugar paradisiáco resulta ser la cuna de una increíblemente absurda forma de morir. Una de las chicas flirtea con un chico que las lleva a jugar a “verdad o reto”, el cual ellos no saben, pero es dominado por un extraño demonio que los lleva a límites insospechados, de verdad insospechados. Como película de terror es una terrible comedia.

Reencuentro

Director: Richard

Linklater

(EU, 2017)

Probablemente el cineasta estadunidense Richard Linklater sea uno de los pocos cineastas que saltan de género en género con naturalidad. Ahora regresa a la pantalla grande con una historia que pretende dar un mensaje sobre la amistad con un trasfondo político en torno a las secuelas de formar parte del ejército. Tres veteranos de la guerra de Vietnam, Doc (Steve Carell), Sal (Bryan Cranston) y Mueller (Laurence Fishburne), se reúnen en el año 2003 para enterrar a Larry Jr., el hijo de Doc, que ha muerto en combate en su primer año en la guerra de Iraq. Lo que Richard Linklater hace muy bien en sus películas, es generalmente enfrentar a dos o más personajes en un mismo lugar con diferentes puntos de vista y en esta película es la complejidad de los personajes y actuaciones las que sacan adelante al filme. Una película con poca sutileza pero con destellos de sabiduría.

 

 

 

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