La ciudad de los miserables

Rafael Cardona

Hace muchos años, en su obra The rambler in Mexico (El excursionista en México), Charles Joseph Latrobe dijo de esta capital, que es una ciudad llena de palacios.

Los ignorantes le regalaron la frase a Von Humboldt y desde entonces hemos vivido en el engaño más pavoroso: creer de verdad en la palaciega condición de este lugar, cuyos grandes edificios —algunos de sincera estética y grandiosidad palaciega—, no son el todo de una urbe desordenada, sucia, insegura, ecológicamente irrecuperable (al menos en cuanto al sistema hídrico), anárquica, cruel y, sobre todo, mal gobernada desde la entronización de la anarquía con el disfraz de la democracia; es decir, desde el advenimiento de una “democracia” de tianguis, para cuya prolongación la izquierda ofrece más de lo mismo o más de lo peor.

Tanto la oferta de Alejandra Barrales (PRD), como de Claudia Sheinbaum (Morena), al menos por lo dicho durante un indigerible debate televisado la noche del miércoles, son para salir a la carrera. La única oferta realmente divergente en toda la pastosa mediocridad de las izquierdas redentoras, fue la de Mikel Arreola (PRI), quien llamó a casi todas las cosas por su nombre.

La corrupción en la Ciudad de México no es un accidente, es un sistema. La Constitución aprobada recientemente es un catálogo para vivir en la utopía anárquica con el telón de los “derechos”. Una constitución en la cual el ciudadano no tiene obligaciones y la noción de Estado se esfuma para darle lugar sólo al patrocinador, al dadivoso repartidor de dinero improductivo, como las pensiones a las madres solteras, los discapacitados y demás formas de consagración de las excepciones.

La ciudad, vista con la lupa de los candidatos debatientes (y eso de debatir es un dicho aproximado, pues no fue tal ese rosario de inconexiones sin pendencia ni contraste), no es otra cosa sino el escenario para ensayar patrañas ya probadas una y otra vez.

—¿Cómo pretenden cualquiera de estas señoras credulidad ante la extensión de las políticas cuya ejecución nos ha llevado al pantano de la anarquía?

Resulta penoso el caso de Mikel Arriola: el único sensato entre todo ese grupo de señoras merolicas (excepto la doña Osornio con su traje de Izazaga y su mejor imitación de “Nacaranda” a tropezones), pues se trata de un hombre talentoso y verdaderamente sin partido, pues el Revolucionario Institucional en la Ciudad de México no le sirve de apoyo ni en un mitin de la Unión de Organilleros.

Purificación Carpinteyro es una eximia actriz fuera de papel y de carrera. Sobreactuada y en la plena confusión entre la búsqueda de votos y el exceso de botox. Una caricatura lamentable.

Y así, Arriola fue la única persona seria en ese casting.

Ofrece —lástima—, lo único inadmisible en una ciudad pervertida por el clientelismo del PRD y de Morena: orden. Imposible ofrecer realidades en el mundo ilusorio de los “derechos” pagados.

El gobierno soborna a los ciudadanos más pobres, más ignorantes, más semiurbanos (no importa si la leche “Bety” está contaminada con mierda. De todos modos se la beben porque es regalada), a cambio de la tolerancia ante cualquier desmán. Ésa es la filosofía de la izquierda perredista-morenista, cuya única diferencia es el de arriba: los de abajo son los mismos. 

Quizá la más articulada (si es posible articular el mensaje vacío); haya sido la señora Mariana Boy, del Partido Verde.

Y en cuanto a Marco Rascón, pues no hay mucho por decir. Triste es la historia de un hombre cuya biografía se reduce a una máscara de chancho y una mesa de mojarra frita. Cursi hasta la médula, romántico insoluto, siempre Cyrano leyendo de Efraín Huerta para ignota receptora de su mensaje en un debate político donde no tiene espacio la poesía como tampoco tuvieron ocasión ni la política ni el debate.

Es verdad, los rufianes llegaron al gobierno. Y no se han ido ni se irán. Serán sustituidos, pero no serán erradicados. Cambian de nombre, cambian de partido, pero las cosas siguen iguales porque los ciudadanos son felices, en la enorme mayoría de las masas sometidas, con el subsidio a su silencio, con la intrínseca corrupción de la conciencia y el estómago agradecido.

FUERO

Por fin se abandonó la equivocada noción de fuero. Ayer en la Cámara de Diputados se dio el paso; ahora falta el Senado y luego las legislaturas locales.

Meade dijo: seré el primer presidente sin fuero. 

 


rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

Imprimir

Comentarios