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Un migrante se la juega

Daniel Suárez (Orense, España, 1936), lleva más de medio siglo en México y fue panadero y abarrotero. La gran ocupación de su presente es su cargo como Patrono Presidente de la Sociedad de Beneficencia española, a la que acude todos los días. “Por las mañanas atiendo a la gente, y por las tardes, ando por un lado y por otro, porque hay que estar al pendiente, y si las cosas se dejan en manos de puros empleados, las cosas se vuelven difíciles, y aun teniendo gente de confianza en los sitios donde hay que tener atención, aun así puede fallar”. Para él, nada como las instrucciones y las decisiones que se ponen en blanco y negro, porque las palabras se las lleva el viento.

Es enérgico, de paso rápido, de sonrisa pronta, con su habla de español que ha adoptado el “híjole” mexicano, y algunas otras palabras tan de estas ­tierras. Dice que es de carácter fuerte, pero que, con los años (“como todo”) se le ha ablandado. Vino a México a los 19 años, a trabajar con un tío, que ya estaba aquí —“Argentina 112, Pan Paquito”— y si la solidaridad es un valor que le resulta importantísimo, uno de sus grandes aprendizajes es sencillo, pero muy profundo: “El que quiera hacer algo en la vida, tiene que trabajar”.

Pero eso del trabajo, no es solamente para comer, para ir tirando. Lo que se hace, hay que hacerlo con cariño, con gusto, con contento. Él, que primero fue panadero, luego tuvo negocio de abarrotes, y se acuerda de los años vividos en la colonia Obrera de la Ciudad de México, en Bolívar y Roa Bárcenas, donde tuvo tienda y casa. La ayuda de su padre le permitió crecer y progresar. Se fue involucrando con sus paisanos, y llegó a presidente del Centro Gallego. Después vendría su involucramiento con la Beneficencia Española.

A sus casi 82 años, declara su admiración por los que emigran. “Yo lo soy, y el que emigra, se la juega”.  Jugársela es luchar a diario por ganarse el pan, por sobrevivir. Habla acerca de los mexicanos que cruzan la frontera hacia Estados Unidos: “se van al otro lado y no hablan el idioma. Cuando llegué a México, con modismos y todo, yo me entendía, pero ellos...  eso es luchar, y a esa gente que lucha, yo la admiro”. 

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