Los neoconservadores en la política

Carlos Matute González

En las películas de Joaquín Pardavé de los años cincuenta del siglo XX, aquellas que todavía podemos ver en la televisión abierta, había una añoranza a la época porfiriana ida (“¡Ay, qué tiempos, señor don Simón!”). La frase más recurrente era que con don Porfirio estábamos mejor porque el peso estaba a la par del dólar. Nada se decía de la desigualdad social, ni de las atrocidades de la dictadura. Había una remembranza idílica que divertía, ya que era parte del fracaso y “el venir a menos” de los personajes, que los hacía más cómicos aún.

Hoy, cuando escucho las propuestas de campaña, no puedo evitar recordar esas comedias. Hay que volver al pasado. Hay que revivir la sustitución de importaciones —mercado cerrado—, la inversión pública y gasto social como motores del desarrollo económico; un gobierno centralista y fuerte, un presidencialismo todopoderoso que encarcela, indulta y otorga amnistía a voluntad o capricho para ser vitoreado por las masas reunidas en el zócalo; un poder legislativo sometido a los designios del Ejecutivo, los jueces atentos a los mensajes del gobierno para emitir sus sentencias, un empresariado —sostenido por las concesiones y prebendas públicas, atento a los programas gubernamentales— y los movimientos sociales corporativos y clientelares dispuestos a la movilización permanente para apoyar las decisiones del líder político encumbrado.

Algunas declaraciones o promesas son de risa loca. La comedia se completa con el coro que es capaz de defender con seudoargumentos científicos cualquier disparate, ya sea por conveniencia o convencimiento —la intención es un hecho sicológico no conocible. Esto sería divertido si el futuro del país no estuviera en juego. Esta circunstancia transforma la representación electoral en una tragicomedia donde los personajes principales parecen ser los neoconservadores.

¿Quién es neoconservador? Aquel que busca la restauración del antiguo régimen autoritario del partido dominante —de estado— que convertía en el fiel de la balanza al presidente de la República y en tlatoani indiscutible de la vida nacional. Todo se resolvía en Los Pinos. “La economía se maneja desde aquí” diría Luis Echeverría (1970-1976) o “Defenderé al peso como perro” o “les pido perdón a los pobres, porque les fallé” lloriqueó José López Portillo (1972-1982).

Es neoconservador quien piensa que sus problemas, los de su comunidad o los del país se resuelven con marchas o bloqueos y se niega a recurrir a los medios legales que se han ampliado significativamente en los últimos años: la acción de inconstitucionalidad, las acciones colectivas, el juicio de amparo por omisión, el reconocimiento del interés legítimo que significa la protección indirecta de la esfera de derechos y un largo etcétera.

Es neoconservador quien desconoce la pluralidad de la vida política y social y pretende imponerle a los demás una visión excluyente e ideológicamente cerrada a la crítica. Las vías únicas, el diagnóstico simplista y la descalificación del contrincante son las expresiones de esta forma de pensar y actuar en política.

Es neoconservador quien reserva las candidaturas de los puestos de elección a los militantes de los partidos para mantener sus privilegios y fortalecer burocracias sostenidas con recursos públicos, lo que mengua su legitimidad y pone en entredicho su utilidad social a los ojos de un porcentaje amplio del electorado.

Es neoconservador quien prefiere la comodidad de tolerar el empleo informal y el subempleo y elude la responsabilidad de promover el empleo formal atrayendo inversiones, creando las condiciones para que aumente la productividad y explorando formas distintas de proveer la protección de la seguridad social.

Es neoconservador quien considera como única vía del desarrollo económico volver al estatismo y a la nacionalización de la industria, negando a las fuerzas del mercado, a la creatividad de los individuos y a la competencia sana cualquier tipo de efecto benéfico.

Es neoconservador quien defiende el sindicalismo vertical y autoritario, con líderes que se reeligen indefinidamente y que se oponen sistemáticamente a flexibilizar las condiciones de contratación laboral.

Es neoconservador quien antepone, por cuestiones ideológicas, los intereses de un aparato administrativo, un grupo o un sindicato a los de la sociedad y es más retardatario del cambio cuando lo que está en juego es el derecho humano a la educación de calidad de los niños y jóvenes.

Hay muchos neoconservadores que se disfrazan de radicales o de promotores de transformaciones sociales, pero en realidad sólo pretenden mantener privilegios o condiciones sólo benéficas para una minoría. Los efectos de algunas propuestas de campaña pueden detener el proceso democrático, plural e incluyente del país o afectar su crecimiento económico de largo plazo. El elector tiene que decidir a quién apoyar e identificar la posición de cada candidato para que su voto sea razonado y razonable.

 


Profesor del INAP
cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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