Cultura

Novelan cómo los talleres literarios mudan de la ilusión a la inquisición

El libro Paraíso en casa, de Adrián Curiel Rivera, narra la historia de Regino Félix, un aspirante a escritor y sus desencantos ante la severa crítica a su texto

“Me ha tocado ver a colegas impartiendo talleres y me asombra la forma en que se transforman, dice Adrián Curiel.

“Los talleres literarios pueden representar una oportunidad para que alguien explote y conozca sus talentos ocultos o puede ser una inquisición”, comenta Adrián Curiel Rivera (Ciudad de México, 1969) a propósito de su novela Paraíso en casa, en donde a través de cuatro personajes: un escritor amateur, un cronista, un poeta gay y una escritora consagrada, critica los cánones de las letras, los egos y las farsas de los premios literarios.

En el libro editado por Alfaguara, se narra la historia de Regino Félix, quien tras el abandono de su familia decide inscribirse en el taller literario Elenita Poniatowska Nueva Época, a cargo de Lula Azero, pero los avances de su novela son tan criticados por sus compañeros Felipe Narváez y Toni Molina, que el protagonista considera quemar su novela.

“Me ha tocado ver a colegas impartiendo talleres y me asombra la forma en que se transforman, de ser personas educadas, se convierten en una especie de furias resentidas que se dedican a despedazar los textos de otros con mucho enojo. Los talleres literarios son ambiguos en cierta forma, pueden representar una oportunidad o una inquisición, que es como funciona en el taller de esta novela, aunque la mentora es muy sensata y juiciosa”, señala Curiel Rivera.

En la novela, el autor mexicano añade que eligió una triada de escritores para explicar los estereotipos del proceso creativo. “Son una triada divertida porque representan distintos tipos de escritores, el que tiene mucha fe en su propio talento que es el cronista y que además quiere dar un mensaje moral porque el texto que escribe se llama Amar a Mérida, entonces parte del planteamiento de que todos quieren amar a Mérida y que Mérida es sólo lo que él cree que es”.

El segundo personaje, es Toni Motolinia, un chico sensible que quiere hacer un Jotamario para reivindicar su condición de homosexual a través de un poemario.

“Toni es una persona que entiende la situación de Regino, quien está perdido en el taller, porque es un ingeniero de 50 y tantos años que está ahí para consolarse y vengarse del mundo porque lo acaba de dejar su familia. Está en una situación de soledad muy terrible”, señala Curiel Rivera.

Además, el también académico y crítico literario aprovecha su novela para contar otra historia paralela: la novela que Regino escribe en el taller, la cual trata sobre un grupo paramilitar que hace justicia a mano propia y con un líder que pugna por reivindicar los valores de la familia pero al mismo tiempo es un adúltero a quien le descubrieron una infidelidad con una foto en Facebook.

En cuanto a la tallerista Lula Acero, precisa, es una mujer contestataria y atrapada en contradicciones, por ejemplo, que no le gusta la obra de Elena Poniatowska, sin embargo, imparte el taller Elenita Poniatowska Nueva Época.

“Hacer una novela sobre un taller literario me permitió hacer referencias, guiños y críticas del mundillo literario en México. Comentar lo que tiene de farsa y teatro la consignación de premios, cómo se arreglan éstos, cómo se construyen los prestigios, los besamanos en las ferias del libro. Esta cosa del autor como miembro de la sociedad del espectáculo, que tiene que ser chistoso, opinar de todo, ser divertido. Pero al mismo tiempo, un campo literario solemne paradójicamente que respeta mucho la jerarquía, que respeta esa aura sacramental que ha ido perdiendo el escritor con el tiempo”.

Por ejemplo, añade, Lula Acero acude a una feria alternativa en Yucatán que se ha esmerado en consolidarse y en otorgar un premio a alguien consagrado. “Pero es una feria muy conservadora en ese sentido porque no hay nuevas voces, no apuesta por nadie y hay casi un orden de quién recibirá el premio”.

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