Cultura

La política pública de los libros de texto gratuito está mal aplicada: Caniem

El libro perdió valor entre los estudiantes e impactó en las librerías para su distribución, dice Carlos Anaya Rosique, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana

“Si las medicinas se consiguen en las farmacias, los libros se consiguen en las librerías…”.

El programa de libros de texto gratuitos que implementó la Secretaría de Educación Pública (SEP) hace 59 años, fue una gran política pública pero con una aplicación equivocada ya que el libro perdió valor entre los estudiantes e impactó en la actual cifra de mil 204 librerías para abastecer a 125 millones de mexicanos en los 2 millones de kilómetros cuadrados de extensión del país. Así lo expresa Carlos Anaya Rosique, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).

Con motivo del Día Internacional del Libro, Crónica presenta una entrevista con el representante de la Caniem sobre el bajo número de librerías en el país y las deficiencias de las bibliotecas públicas a nivel nacional.

— ¿Cuál es la falla en la distribución de librerías?

— Hace cuatro generaciones, estamos hablando de hace 60 años, si bien hicimos una política pública extraordinaria que fue la de dotar de libros de texto a la educación primaria, en su implementación hubo dos problemas: que dijimos que son gratuitos y que su distribución se hizo directamente en los mesabancos.

Sobre el primer punto, Anaya Rosique destaca que aunque sean gratuitos no es ningún regalo del Estado, “es la devolución a los jóvenes de lo que todos pagamos como impuesto”.

En cuanto a la distribución directa en las escuelas, explica que esa entrega en los pupitres generó la experiencia —a todos aquellos con menos de 68 años— de tener libros gratuitos sin ir a las librerías.

“Si las medicinas se consiguen en las farmacias, los libros se consiguen en las librerías, así de simple es el asunto. Además, el sistema educativo se nutre de la industria editorial”, comenta.

Anaya Rosique opina que con esos dos problemas de implementación, el libro se redujo a un elemento sin valor y a asociarlos al sinónimo de libro de texto.

“Los niños ya no tuvieron que ir a las librerías porque nadie les promovió la lectura, porque nadie dijo que había que leer, las únicas veces que se promovió la lectura fue para pedirles que leyeran e hicieran un resumen cuando lo que había que hacer era que leyeran porque vale la pena, porque hay que construir otros mundos”, destaca.

SIN TASA CERO. De acuerdo con las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) existen dos mil 740 comercios de venta al por menor del libro, de éstos Zacatecas cuenta con una librería cada 82 mil habitantes, la Ciudad de México una cada 16 mil y a nivel nacional el promedio es una librería por cada 43 mil 760 habitantes.

No obstante, Anaya Rosique puntualiza que el rubro “comercios de venta al por menor del libro” del INEGI no sólo se refiere a librerías, también incluye puestos de periódicos. “Para nosotros como Caniem, en nuestra encuesta hablamos de mil 204 librerías y no de puntos de venta. Si ese número lo comparamos contra una población de 125 millones de habitantes y con una extensión de 2 millones de kilómetros cuadrados de territorio, es una tragedia”, señala.

No obstante, añade, ambas cifras son penosas. “Las campañas de promoción de la lectura son muy importantes, pero por un lado destacan el gran valor de la lectura y por otro descalifican el valor del libro, entonces no hay una comprensión de lo que es libro, de su economía y de sus posibilidades”.

Anaya Rosique regresa a la comparación de las medicinas para decir que a nadie, ni siquiera al Seguro Social se le ocurre que las medicinas son gratis, alguien las paga. “Aquí no se dice que los libros cuestan ni que están en los espacios de las librerías porque se entregan en las escuelas. La política pública es extraordinaria, pero su implementación fue equivocada”.

— ¿Qué políticas se deberían implementar?

— Políticas para que la gente voltee no sólo a la lectura, sino a la lectura y al libro, a la lectura y la escritura, eso es lo que tenemos que hacer y es responsabilidad del sistema educativo en mucha parte y de la Secretaría de Economía, reconocer el libro como un gran valor cultural.

—¿Debería aplicarse la tasa del 0% del IVA a las librerías?

— Si bien tenemos a las editoriales en tasa cero y las revistas también, lo que no es comprensible es que el sector de comercialización especializado no tenga la misma tasa. Esto es inoperante, hace que todo el esfuerzo que se logra por llegar a las librerías y por publicar caiga porque se encarecen los costos.

“Una librería no puede reinvertir porque todo aquello que tiene IVA y que la librería debe pagar, por ejemplo, la renta, no lo hace deducible y lo tiene que transformar en un costo, entonces ahí tenemos un grave problema”, indica.

Eso, agrega, no sucede con los laboratorios, farmacias y sectores especializados en la comercialización de medicinas. “Ellos tienen tasa cero. Son artículos de primera necesidad, sí; pero el libro también. El libro resuelve una necesidad básica de la sociedad: la construcción de pensamiento, el aprendizaje, el desarrollo del proceso de reflexión. Eso es básico para una sociedad que se sienta democrática”.

BIBLIOTECAS. Las cifras del V informe de gobierno de Enrique Peña Nieto señalan que hay 7,427 bibliotecas públicas en el país, esto es, tres bibliotecas por municipio, siendo Puebla con 612, Tabasco con 563 y Veracruz con 514, los estados con mayor número de estos espacios.

“En las bibliotecas el problema es el presupuesto y las políticas de adquisición de libros. Tienen presupuestos que no les permiten una amplia adquisición, no tienen las novedades que produce la industria editorial, se orientan más a la compra de libros de texto. Muchas bibliotecas son espacios para hacer tareas y no espacios de lectura”, señala Anaya Rosique.

Además, expresa, existe otro problema: pensar que las bibliotecas universitarias es donde deben estar los libros de texto que usarán los estudiantes, “pero también deben estar en las bibliotecas de barrio”.

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