La Esquina

El contrastante trato de Trump y de Merkel hacia México retrata fielmente la calidad de los líderes que gobiernan a Estados Unidos y Alemania. El de la Casa Blanca no se cansa de insultar y presionar a nuestro país, y lo hace a pesar de saber que afecta intereses económicos de su país. En cambio, la canciller alemana, quien no reacciona con el hígado, amplía con México las posibilidades de crecimiento para ambos países. Y no son vecinos.

 

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