Melania, la enigmática Primera Dama - Concepción Badillo | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 25 de Abril, 2018
Melania, la enigmática Primera Dama | La Crónica de Hoy

Melania, la enigmática Primera Dama

Concepción Badillo

Quince meses después de convertirse en la Primera Dama de este país, Melania Trump sigue siendo un misterio. No se sabe qué piensa ni qué hace. Es una figura que poco vemos, a quien casi nunca oímos, pero que todos tenemos en la mente cada vez que surge un nuevo episodio amoroso o sexual de su marido, el controversial presidente.

Este jueves es su cumpleaños, apenas 48, que celebra luego de una semana de extensa actividad social, realizando el papel público más visible que ha desempeñado hasta ahora desde que llegó a esta capital, donde sólo el tres por ciento de sus habitantes votaron por Trump y donde la pareja nunca tuvo la bienvenida que se les dio a otros inquilinos de la Casa Blanca.

Melania dejó de ser invisible, el aislamiento quedó atrás: recibió al primer ministro japonés y a su esposa; acudió al sepelio de Barbara Bush; sonrió y conversó con Barack Obama, una de las pocas figuras a quien ha criticado en público; entró, aunque fuera momentáneamente, al exclusivo club de esposas de presidentes anteriores, retratándose con ellas; y fue anfitriona de la primera cena de Estado de la administración Trump.

Sin embargo, la Primera Dama aún no se ve cómoda en su papel oficial. Después de todo es parte de un gobierno bastante polémico, donde lo que domina los días son los escándalos de faldas del mandatario. En el pasado, siempre, sin importar qué, lo apoyó y se mostró a su lado: lo hizo cuando en plena campaña surgió el video donde Trump despotrica sobre tocar los genitales de las mujeres, calificando el incidente de “plática de muchachos”, aunque el marido tiene más de 70. Defendió a su esposo cuando 13 mujeres lo acusaron de acoso y/o abuso sexual y culpó a la oposición de inventar esas versiones.

Sin embargo en enero pasado salió a la luz el pago de 130 mil dólares a la actriz pornográfica Stormy Daniels para que no hablara de la relación que tuvo con Trump cuando éste estaba recién casado por tercera vez y Melania acababa de dar a luz. Luego se supo de un caso similar con la conejita de Playboy Karen McDougal, pero la Primera Dama ha guardado silencio y mostrado dignidad. Eso sí, canceló un viaje a Davos con el mandatario y acudió sola, en contra de la tradición, a su primer Informe de Gobierno. Lo que piensa o lo que siente es una incógnita.

Y es que Melania es una Primera Dama diferente. Es la primera nacida en el extranjero, desde la mujer inglesa de John Quincy Adams en 1825. Es la primera esposa de un presidente, que habla cuatro idiomas: slovenio, su lengua natal; inglés con fuerte acento; francés y alemán. Pero también es la primera que ha posado desnuda y la primera que ha hablado públicamente y con detalles de su vida íntima al lado de un futuro mandamás.

Pero, ¿cómo iba a saber esta mujer de figura perfecta, 1.80 metros de estatura, con medidas de 88-60-88, que algún día llegaría a donde está? Nada en su vida parecía predecirlo. Su nombre al nacer, en 1970, fue Melanija Knavs y vino al mundo en Eslovenia, una pequeña república de dos millones de habitantes que era parte de Yugoslavia bajo el mando del líder socialista Josip Broz Tito. No creció como rica, sino en un edificio de departamentos al estilo soviético.

Su padre, un austríaco de nombre Víctor, su madre Amalija, quienes ahora residen con ella aquí, en ese entonces vivían en Sevnica, un pueblo a orillas del río Sava, donde ella confeccionaba ropa para niños y él vendía partes para automóviles y era, como la mayoría en ese tiempo allá, miembro del Partido Comunista.

Sus vecinos describen a Melania como una adolescente tímida que deseaba graduarse como arquitecta en la Universidad de Liubliana; pero en 1987, cuando tenía 17 años, el fotógrafo Stane Jerko le pidió que posara para él. A los 18 fue contratada por una agencia de modelos en Milán, donde ella cambió su apellido de Knavs a Knauss que suena más alemán. En 1996 llegó a trabajar a Nueva York y pronto tendría su foto en un gigantesco anuncio de cigarrillos colgado en el corazón de Times Square. En 1998 conoció a Trump, ella de 28, él de 52 años y casado.

El resto es historia. Sólo falta por saber cuánto más aguantará Melania y si después de esta semana buscará más perfil público o si regresará al enclaustro de su primer año en Washington.

 

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