Javier, Marco y Daniel

Luis David Fernández Araya

Es la cruel contrastación de nuestra realidad, por un lado tenemos una lista larga de buenos deseos en el marco de nuestras elecciones, una caterva de fórmulas mágicas, donde casi todas las y los candidatos dicen tener la respuesta a nuestros problemas nacionales. Testigos de un debate donde lo que más se celebró fue el formato del mismo, donde lo que más ha trascendido es la propuesta medieval sobre cortar los brazos a quien robe. Donde el dilema que prevalece es quién se queda con los departamentos, donde unos celebran al que tiene más tablas para debatir, como si de un concurso se tratara.
Pero es tiempo de ser serios, de ser responsables, de no colgarse de la tragedia cotidiana demostrada hoy más que nunca en los nombres de estos tres jóvenes estudiantes de cine: Javier, Marco y Daniel. Quienes bajo la versión oficial fueron confundidos con un delictivo contrario y por ende asesinados.
Es momento de demostrar que nuestros candidatos pueden ir más allá de colgarse de la coyuntura, del dolor lejano en la realidad que solo sirve de discurso y donde los responsables de la seguridad nacional hacen que termine por sernos indiferente.
Seamos serios con el dolor de las familias, del cientos de familias que a diario viven las consecuencias de la incapacidad de quienes son responsables de manera directa o indirecta de nuestra seguridad, seamos serios y dejemos de solucionar la falta de respuesta con la renuncia de los servidores públicos, como si con esto le regresáramos a los desaparecidos, a los miles de desaparecidos a su seno familiar.
Porque lo que les sucedió tiene que ver con todos, con una sociedad que se asoma a las redes sociales para emitir críticas pero sin mayor movimiento, con funcionarios públicos que se limitan a decir que fue una equivocación, con candidatos o candidatas que se suben al tren de la coyuntura, pero que al final del día los nombres de Javier, Marco y Daniel se nos olvida a todos, porque no nos está sucediendo a nosotros, porque no somos los amigos de ellos, nos somos sus padres, no formamos parte de su grupo de compañeros de escuela, porque no son nuestros vecinos, y por lo mucho solo alcanzamos a lamentarnos de manera pública o privada de lo sucedido, sin darnos cuenta que esto nos convierte en parte del problema y de la solución.
Hagámoslo por Javier, por Marco y por Daniel, así como los miles de desaparecidos en nuestro país. Al menos hagámoslo por ellos.

 

Luis David
Fernández Araya*

twitter: @luisdavfer

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