De certezas y dudas

Isidro Pedraza

El debate entre candidatos nos dejó varias certezas y varias dudas. Las certezas parten, como suele ser, de lo conocido. Meade no tiene capacidad para sorprender a nadie, no sabe de dudas: él tiene las respuestas que han aplicado en México en los últimos años y sigue en la firme creencia de que sólo hay que hacer bien lo que se ha hecho mal para que todo funcione con acuerdo a las reglas (no escritas) del mercado global, lo que nos debe conducir al bienestar. Es decir, para Meade lo hecho está bien, pero no tan bien, hay que hacer algunos ajustes y se solucionan los problemas del país. Ésta es una de las certezas. Meade sólo propone que todo siga igual.
Otra certeza es la del candidato “independiente” Rodríguez Calderón. También es una certeza que sólo está ahí por la voluntad de quienes dominan en el país, de quienes quieren a cualquier costo mantener su dominación sobre la sociedad mexicana. Está ahí para meter ruido, para hacer proposiciones descabelladas, para exhibir la incongruencia de un gobernador que no sabe de principios constitucionales, que quizá nunca ha leído la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y desde luego ni por los forros se ha asomado a los tratados internacionales de derechos humanos; bueno tampoco está enterado que en México hace más de dos siglos se prohibieron las penas trascendentes y las marcas de infamia. Quizá en la próxima reforma electoral se tendría que incluir como requisito para ser candidato a Presidente de la República conocer la Constitución que se va a protestar cumplir y hacer cumplir; porque difícilmente la podrá defender, cumplir y hacer cumplir un hombre (o mujer) que demuestra en su primera gran intervención en cadena nacional que no la conoce ni por los forros.
La certeza entonces sobre El Bronco es que sólo está ahí para meter ruido.
La tercera certeza es sobre Andrés Manuel López Obrador. Él se siente ya presidente, actúa con soberbia, con una falta de respeto, no a sus contrincantes que lo acompañaban en el estrado, sino a los centenares de miles de espectadores que querían conocer sus argumentos. Su distracción, puede deberse a un cansancio acumulado de 20 años de campaña, a su precario estado de salud, o a una conducta estudiada de desprecio a los oponentes, a los ciudadanos, a la instancia técnica que organiza las elecciones o a todos éstos; pero su actitud de “estar sin estar”, de perderse en sus papeles durante prácticamente toda la trasmisión de debate, de salir apresuradamente sin una cortesía, etc. deja ver una actitud francamente soberbia, que deja dudas sobre su capacidad para relacionarse y conducir al país.
Una certeza más es que quien mejor se preparó para el debate, fue Ricardo Anaya, quien actúo con mayor responsabilidad, sabiendo que tenía un público que quería saber, oír propuestas, observar conductas, sabiendo que lo que está en juego es la Presidencia de la República, no cualquier puesto, sino el de máxima responsabilidad en el país, y que tenía que cumplir con el millón y más de espectadores, y con los medios, y con quienes han depositado su confianza en él. Anaya se preparó; no es casual que la mayoría coincide en que ganó el debate.
Por eso, la cuarta certeza es que la definición será entre López Obrador y Ricardo Anaya.
Margarita Zavala cumplió su papel dignamente. Ella dejó en claro que tiene un proyecto, que es una mujer seria, responsable, enterada; que cumpliría con la Constitución y las leyes secundarias aun en temas que podrían incomodarla. Es una candidatura ganada a pulso, con el apoyo de más de un millón de ciudadanos, sin favores o trampas. Bienvenidos los nuevos tiempos que permiten una candidatura ciudadana y que ésta sea la de una mujer limpia y seria.
Ni Meade ni AMLO, que suman lastre en sus respectivos frentes, van a aumentar su caudal de votos; Meade puede conseguir algunos puntos más por el voto corporativo que aún le queda al PRI; AMLO sigue sumando lastre y enfrentando protestas por su actitud autoritaria de imponer candidaturas y puede perder un buen caudal de votos. Su actitud autista pone en riesgo su ventaja, que puede ser pírrica.
Ante las certezas, la duda mayor es ¿Ricardo Anaya o Andrés Manuel López Obrador? ¿Usted ya lo decidió?

 

 

Imprimir

Comentarios