Ecos del debate

José Fernández Santillán

Cuando Jaime Rodríguez, El Bronco, propuso “mocharle la mano al que robe”, la conductora Azucena Uresti no le creyó. Por eso le preguntó: “¿Lo está usted diciendo en serio?”. A lo que el gobernador de Nuevo León con licencia le respondió: “Sí, lo estoy diciendo en serio. Voy a proponer una iniciativa para mocharle la mano al que robe, así de simple, presentaré la iniciativa al Congreso a ver si los diputados de ellos se atreven a aprobarla”.

Semejante barbaridad, efectivamente, no puede creerse viniendo de una persona que, se supone, tiene un cierto nivel de cultura y sentido de lo que es la convivencia civilizada. Pero no, resulta que este belitre, efectivamente, quiere regresarnos a la Edad Media o ponernos al nivel de Irán, nación en la que, después de la Revolución islámica de 1979, encabezada por el Ayatola Ruhollah Jomeini, se rehabilitó la Ley Sharia, que incluye la sentencia de cortar la mano a los ladrones. Y así sucedió el 22 de julio de 2010 cuando a cinco convictos reincidentes de robo se les aplicó esa pena. También en Arabia Saudita se usó esa sanción, a fines de 2013, contra un ciudadano yemení, Ahmed Mahammed Afandi en la sureña provincia de Jazan.

Es una vergüenza que en un debate entre candidatos a la presidencia de la República, los cuales compiten en el marco de una democracia constitucional, se digan este tipo de dislates.

Este energúmeno apodado El Bronco no sabe que el derecho moderno se basa en el principio fundamental del reconocimiento de los derechos individuales dentro de los cuales está el respeto de la integridad personal; el que nadie sea sometido a penas corporales.

Pero no sólo fue esa torpeza la única que salió de la boca de Jaime Rodríguez. También dijo que, de llegar a la Presidencia de la República, militarizaría las preparatorias. Otra más: afirmó que desaparecería a los partidos políticos. Eso significa, simple y llanamente imponer la tiranía porque, como bien lo dijo Hans Kelsen, la democracia moderna es imposible sin partidos políticos.

Ahora cobran mayor valor las palabras pronunciadas por la Presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), Janin Otálora quien votó en contra de que se revivieran las aspiraciones de Jaime Rodríguez Calderón para ser incluido en la boleta electoral: “No podemos permitir que quienes aspiren a cualquier candidatura para ocupar un cargo de representación popular, de un inicio, realicen acciones que cuestionen su ética y su compromiso con la democracia”. (Reforma, 11-IV-2018). No me imagino la cara que habrán puesto los magistrados (Felipe Alfredo Fuentes, Indalfer Infante González, Mónica Soto y José Luis Vargas) que votaron a favor de validar la candidatura de El Bronco, cuando lo oyeron decir esta sarta de disparates.

Otra cosa que llamó la atención en el debate fue la acusación formulada por el candidato del PRI, José Antonio Meade, sobre la propiedad del candidato del partido Morena, Andrés Manuel López Obrador, de tres departamentos y que no incluyó en su declaración 3de3. El tabasqueño negó tener esos inmuebles. Es más, dijo que si tuviese esas propiedades se las regalaría a Meade. No obstante, el exSecretario de Hacienda demostró que hay dos departamentos, en la calle de Odontología número 57, marcados con los números 301 y 302, respectivamente, en el fraccionamiento Copilco Universidad, registrados ante el RPP con número de folio 613504 y 613505, registrados a nombre de Andrés Manuel López Obrador. (La Razón, 24-IV-2018)

Meade sostuvo que, una vez demostrada la falsedad de El Peje, no se quedará con esos departamentos, sino que los donará a los damnificados del sismo del 19 de septiembre del año pasado. Vamos a ver si el líder de la coalición Juntos Haremos Historia cumple su promesa. Por lo pronto quedó exhibido como un mentiroso; como alguien en quien no se puede confiar.

Ricardo Anaya se dirigió a El Peje para preguntarle acerca de su propuesta de amnistiar a los miembros del crimen organizado. El queretano fue directo: “Amnistía, perdonar a los criminales ¿Sí o no?” El tabasqueño salió por peteneras: “Se trata de que nos reunamos a partir de que vamos a triunfar el día primero de julio y vamos a convocar a personalidades que conocen de la materia, que nos va a ayudar para elaborar conjuntamente un plan y no descartar ninguna opción, ninguna alternativa y desde luego, pues todos están aquí contra mí, echándome montón, miren”.

Cuando Anaya volvió a hablar insistió en el asunto:

“Que quede constancia, le hice una pregunta concreta a Andrés Manuel y no quiso contestar, porque engaña a la gente, a cada público le dice lo que quiere oír y como hoy tiene a todos los públicos reunidos, no sabe qué decir”.

Lo curioso es que después de la vapuleada que le pusieron, López Obrador salió a decir que aguantó y no respondió a “las calumnias” que le lanzaron sus oponentes; que llegó a 50 puntos; es más, sostuvo que alcanzará 70 por ciento de la intención del voto.

De veras ¿cómo se le ocurre decir semejante trastada?

 


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