Paz y amor. La seguridad social en Nicaragua - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Abril, 2018
Paz y amor. La seguridad social en Nicaragua | La Crónica de Hoy

Paz y amor. La seguridad social en Nicaragua

Carlos Matute González

La semana pasada hizo crisis en Nicaragua la reforma aprobada a la Ley de Seguridad Social. Este conflicto escaló a tal magnitud que el Presidente, el exguerrillero sandinista, Daniel Ortega, como producto de un ríspido diálogo con empresarios y sindicatos de trabajadores, decretó su suspensión. Hubo saqueos, manifestaciones y confrontaciones en las que se reportan heridos y muertos.

Paz y amor. Es una frase hueca cuando hay problemas estructurales en la economía que involucran a la seguridad social. El discurso socialista, izquierdista, que promete pensiones para todos y un nuevo Estado de felicidad con medicinas gratis para todos es una falacia y el engaño se revela rápidamente cuando el presupuesto se acaba. Entonces, hay que recurrir, como está sucediendo en Nicaragua, al aumento de la carga a la nómina. Quedó demostrado con la oposición social que imponer más cuotas obrero-patronales, para pagar pasivos pensionarios asumidos, es pretender inútilmente llenar un barril sin fondo.

En el marco de la conmemoración del día mundial de la seguridad y salud en el trabajo, 28 de abril, es conveniente señalar cómo se pagan las prestaciones que, en caso de una eventualidad, protegen a los trabajadores y sus beneficiarios.

El primer elemento es que la cuota se cubre dependiendo la naturaleza del seguro. El riesgo de trabajo es una responsabilidad del patrón, por lo tanto, éste la paga en su totalidad, considerando la siniestralidad de la empresa. Los seguros de enfermedades y maternidad, invalidez y vida, así como retiro, cesantía en edad avanzada y vejez son tripartitas: una parte corresponde al patrón, otras al trabajador y la última al gobierno, que es un subsidio a los derechohabientes de los institutos de seguridad social. En el seguro de guarderías, la cuota es patronal.

El segundo elemento es que la seguridad social tiene efectos directos en el empleo y su productividad. Un aumento de cuotas afecta el crecimiento del sector formal de la economía, más aún si estas aportaciones siguen atadas a la nómina. ¿Cómo se puede financiar un esquema de protección más amplio no vinculado con la relación laboral? Ese es el reto en el rediseño de los sistemas de seguridad social, que se encuentran en franca crisis.

Si el salario cuesta más a una empresa por la carga social, ésta es menos competitiva. Este fue uno de los principales reclamos de los empleadores nicaragüenses y la respuesta del gobernante fue poco afortunada cuando les pidió que crearan más puestos de trabajo formal, lo que es un proceso complejo y requiere de una estrategia de promoción de la inversión extranjera y nacional. Esta línea de acción gubernamental, en las condiciones actuales del país sandinista, es poco probable por la falta de certeza jurídica.

El tercer elemento es que en el financiamiento de la seguridad social hay una transferencia de recursos entre las generaciones. El aumento de cuotas disminuye la oferta de empleo formal y, por ende, las oportunidades de trabajo bien remunerado para los jóvenes. El pago de subsidios a las pensiones vía presupuestal también afecta a este sector poblacional, ya que las posibilidades de ahorro previsional del futuro decrecen. Lo que se gasta hoy, no se tiene mañana y las probabilidades de que haya un sistema sano en el largo plazo disminuyen.

El cuarto elemento es la desprotección del empleo informal de los riesgos de trabajo, que suelen ser los de mayores secuelas físicas y consecuencias en la estabilidad económica de un empleado y su familia. Por ejemplo, un trabajador en un puesto semi-fijo de comida no inscrito en el seguro social está expuesto a mayores riesgos que uno en la economía formal que labora en un restaurante establecido y, sin embargo, carece de cobertura.

La conmemoración es oportuna. Recuerda en plena campaña electoral que hay problemas estructurales que hay que resolver. En Nicaragua fue la chispa que detonó el polvorín social y las vías de solución son casi nulas debido a que conservaron el sistema antiguo de reparto que en México dejamos atrás en 1997 (IMSS) y 2007 (ISSSTE). Por no hacer el cambio oportunamente, ahora los pensionados nicaragüenses deben pagar con un porcentaje del monto pensionario los gastos médicos. Esto es más impopular que si se hubiera hecho la reforma hace 20 años.

En nuestro país, hay estudios que muestran que la cuota es baja y hay que aumentarla. Entonces, el discurso de paz y amor no va a resolver estos problemas. Incluso evita que se ventilen públicamente.

Es hora que revisemos los esquemas de protección de la seguridad social y nos atrevamos a dar el siguiente paso. Hay que explorar la posibilidad de dividir al IMSS en dos: el seguro de la salud y el seguro de pensiones, así como revisar sistemas universales de salud financiados con impuestos generales. ¿Alguno de los candidatos abordará el tema en los próximos debates o continuarán los “rounds de sombra” o las propuestas descabelladas como el moche de manos? Veremos.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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