Sufragio efectivo: las divisas de campaña

Carlos Alberto Patiño

Un buen eslogan es fundamental en una campaña política. Los creativos de la publicidad se afanan por encontrar el mejor. Breve, pegajoso, contundente, expresivo.

Uno muy exitoso fue el de la campaña del general Dwight D. Eisenhower para la presidencia de los Estados Unidos en 1952: “I like ike” era la sencilla frase. Quiere decir “Me gusta Ike”, que era el hipocorístico del responsable del desembarco en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial.

Claro, el militar tenía fama, era considerado un héroe, así que no era difícil su triunfo. Pero el lema contribuyó sin duda a consolidarlo.

Los especialistas dicen que un eslogan debe ser simple y directo. Recomiendan la menor carga informativa y dirigirse a la emoción. No es momento de argumentar ni de razonar, es la hora de la persuasión.

Barak Obama se valió de uno igual de breve y directo en las elecciones de 2008: “Yes we can”, “Sí, nosotros podemos”.

Las campañas se valen de diferentes recursos para convencer a los votantes.

Un libro muy interesante al respecto es el de Joe MacGinniss, un clásico del llamado nuevo periodismo: Cómo se vende un presidente (The selling of the president) Es un reportaje que se convirtió en libro de cabecera de muchos políticos. Relata la campaña de Richard Nixon en 1968. Documenta cómo, a lo largo de los meses, se convirtió a Nixon en un producto atractivo para los estadunidenses.

Hay que recordar que fue este político la primera víctima de un debate televisivo. En 1960 John F. Kennedy y Nixon se enfrentaban en la carrera por la presidencia. El aspecto juvenil de Kennedy y la barba cerrada y el traje gris que llevaba Nixon fueron elementos de decisión. El joven, pero católico y liberal candidato, logró dejar atrás a quien había sido vicepresidente con Eisenhower.

Años después, el mismo Nixon diría que si en 1960 perdió el debate, no le volvería a pasar en 1968 y se ocupó minuciosamente de transformar su imagen. Eso es lo que nos muestra McGinniss.

De su libro tomo este párrafo, nada más para que el lector saque sus conclusiones.

“La televisión es, según todas las apariencias, muy útil para el político indudablemente simpático, pero carente de ideas. La letra impresa es para las ideas”.

Entonces lo más novedoso y avanzado era la televisión. Los especialistas, hoy en día, tienen a internet y las redes sociales como instrumentos de gran importancia, pero la reflexión sobre la simpatía y las ideas sigue siendo válida.

Las campañas en México han dejado su huella en materia de eslóganes.

Uno de los más conocidos fue empleado por Porfirio Díaz y por Francisco I. Madero: “Sufragio Efectivo, no reelección”

El general lo usó en Plan de la Noria, con el que se lanzó contra Benito Juárez, a quien le reclamaba “Que ningún ciudadano se perpetúe en el poder” y esa sería la última revolución.

Madero lo retomó cuando se lanzó por la presidencia en 1910. A don Porfirio se le debe haber indigestado el recurso.

Los vaivenes de la Revolución dejaron poco espacio para las campañas. Digamos que a Victoriano Huerta no le hizo falta la formalidad de una campaña.

Álvaro Obregón apeló a la “Unificación nacional revolucionaria y Plutarco Elías Calles se presentó como El candidato de los revolucionarios.

Lázaro Cárdenas, entre otros lemas, usó éste: Trabajadores de México, uníos.

La idea de la unidad nacional es recurrente en la propaganda. La divisa de Manuel Ávila Camacho fue Unidad Nacional. Años después, la primera candidata presidencial, Rosario Ibarra, postulada por el Partido del Trabajo, usó la frase “Construyamos juntos la unidad popular”.

A Manuel Ávila Camacho se le enfrentó otro militar revolucionario, el general Juan Andreu Almazán. La campaña de este opositor se enfocaba en la posibilidad de un fraude. Entonces, se difundieron eslóganes como “Los que no voten por Almazán serán cómplices de la imposición” y “El pueblo está cansado de imposiciones”.

Miguel Alemán, el llamado “Cachorro de la Revolución” y “Primer obrero de México” impulsó la idea de que “La patria necesita el esfuerzo de todos; trabaja, produce y consume más”, y lo reforzaba con esta tríada: “Disciplina, Unidad, Trabajo”.

La imagen que dejó este presidente llevó al candidato para sucederlo a enfatizar la honestidad y el valor del trabajo.
Adolfo Ruiz Cortines apelaba al “Trabajo, fecundo y creador” y a la “Honestidad y trabajo”, con la variante “rectitud y trabajo”. Otro de sus intereses era el aprovechamiento de los recursos marítimos, y convocaba a “La marcha al mar”.

Adolfo López Mateos no restó importancia al leitmotiv de su antecesor y difundió “Un solo anhelo, el trabajo; un solo ideal, la patria”. Pero las mujeres no podían quedar de lado, pues fueron los primeros comicios presidenciales en los que tuvieron derecho al voto. Dijo entonces el candidato: “De las mujeres depende el mejoramiento espiritual de México”.

Y vino Gustavo Díaz Ordaz. “No hay más bandera que la de la Patria”, dijo, y eso que todavía no sabía de la rojinegra que lo aguardaba.

Luis Echeverría Álvarez se lanzó con “Arriba y adelante” y no dejó de repetirlo durante todo su gobierno. José López Portillo propuso “La solución somos todos”, que luego le reviraron con un “la corrupción somos todos”.

Dado el desastre y los escándalos de la administración lopezportillista, Miguel de la Madrid enarboló la consigna: “Por la renovación moral de la sociedad”. Carlos Salinas de Gortari usó el eslogan: “Que hable México”; Ernesto Zedillo lo hizo con: “Bienestar para tu familia”.

Vino la alternancia. Vicente Fox se promovió con: “El voto del cambio” y con el “¡Cambio, ya!”. Felipe Calderón se propuso como: “El presidente del empleo” y Enrique Peña Nieto ofreció: “Mi compromiso es contigo”.

Del malogrado candidato priista Luis Donaldo Colosio, encontré estas frases: “Colosio sí”; “México exige, Colosio responde”; “Si quieres progresar, por Colosio has de votar”.

De entre los que hicieron la lucha, recordemos a Arnoldo Martínez Verdugo, excomunista candidato del Partido Socialista Unificado de México en 1982, quien proponía “Rescatemos lo mejor de nuestra historia”.

“La mujer tiene la palabra”, fue el llamado de Josefina Vázquez Mota, aspirante del PAN en 2012.

Del mismo partido fue un empresario y viejo militante de la derecha extrema, Manuel Clouthier, quien en 1988 saltó a la palestra electoral con el lema “Cambiaremos a México sin odio y sin violencia”.

En 1994, el también panista Diego Fernández de Cevallos se pronunció “Por un México sin mentiras”.

Otros candidatos opositores que hay que recordar son Cuauhtémoc Cárdenas, que en su postulación para competir por el entonces Distrito Federal se lanzó con “Juntos recuperaremos nuestra ciudad”. Luego, cuando fue por la Presidencia en 1988, usó la fórmula “Cárdenas sí es el cambio que México necesita”.

En 1952, como opositor, se presentó el general Miguel Henríquez Guzmán con el eslogan “Por México y para México”.

Vicente Lombardo Toledano también compitió ese año bajo las siglas PP, de su Partido Popular. Su frase: “Pan, paz, democracia.

Gilberto Rincón Gallardo del Partido Democracia Social, invitaba, en el año 2000, a cambiar el gobierno con “Un voto diferente”.

Andrés Manuel López Obrador ganó el gobierno del Distrito Federal en el 2000 con su fórmula “Por el bien de todos, primero los pobres”. Cuando fue tras la presidencia en 2006, proliferaban las cartulinas que ponían “Sonríe, vamos a ganar”. En 2012, la propaganda era “El cambio verdadero está en tus manos”.

De esa época es la campaña contra AMLO donde se decía que era “Un peligro para México.

Para el final dejé el llamado que hacía un candidato a Gobernador en 1998. “Vamos por el futuro” proponía el tamaulipeco Tomás Yarrington. Parece que fue el futuro el que lo alcanzó en forma de una orden de extradición.

La lista de las frases electorales es larga. A los lectores interesados en profundizar en el tema los invito a visitar la exposición Ciudadanía, Democracia y Propaganda Electoral en México 1910-2018, en el Museo del Objeto, ubicado en Colima 145, colonia Roma.

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Rematé el texto sobre las manos de la entrega pasada con la pregunta “¿La mano cortada, quién la cortó”. No me imaginaba que al transcurrir la semana aparecería un presunto autor, candidato a la presidencia. Juan Ramón me escribió para sugerirme que le mandará el texto al mochamanos.

Marielena Hoyo sugirió las expresiones “echar una mano” o “echar mano”, que, explica “pudiendo creerse que significan lo mismo no es así. “Igualmente se quedó en el tintero algo que fue típico aquí, en los juegos infantiles: pedir ir ‘anticutimano’”.

Miguel Ángel Castañeda recordó otra frase en la que se utiliza la palabra en cuestión: “Cuando alguien hace algo con abuso y decimos ‘Se le pasó la mano’”. Igual le ocurrió al Bronco.

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A El Arca de Arena respondieron Francisco Báez, Bertha Hernández, Marielena Hoyo, Luz Rodríguez, Tarsicio Javier Gutiérrez y Miguel Ángel Castañeda. Es la “manumisión” o el verbo “manumitir”. Es, etimológicamente, el acto de quitar las cuerdas de las manos a un esclavo. El lector Castañeda nos precisa: “Es la liberación de un esclavo”.

Me aclaran Luz Rodríguez y Marielena Hoyo que la palabra “atisar” con ese sí existe. Falló El Arca, pues, con sus homófonos. Es término de la gastronomía y significa “colgar una vianda sin que tome color”.

Bien, El Arca propone un anagrama. Lo es de aquello perteneciente o relativo a la córnea. También lo es del futuro del indicativo del verbo que describe la acción de hacer clones en primera persona del singular. Es el acto de poner pegamento a los carteles propagandísticos para fijarlos en las paredes.

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