Cultura

Usar la arroba para igualdad de sexos, un disparate: Juan Domingo Argüelles

Español. El escritor señala que introducen en el español algo que nada tiene que ver con nuestro alfabeto y que, además, es imposible de leer”. El idioma español es lo suficientemente rico para expresarnos. Estas formas dobles en cuanto a los géneros, nos hacen olvidar una cosa: las personas tenemos sexo, las palabras tienen género, agrega

Juan Domingo Argüelles presenta su reciente libro Las malas lenguas.

“La arroba no forma parte del alfabeto español y usarlo es un disparate de quienes, con el noble propósito de hacer patente la igualdad de sexos, introducen en el español algo que nada tiene que ver con nuestro alfabeto y que, además, es imposible de leer”, asegura el escritor Juan Domingo Argüelles (México, 1958) a propósito de su nuevo libro Las malas lenguas, donde también critica la falta de vocabulario de las personas y el que nadie se cuestione si las palabras que pronuncia están bien dichas.

Las malas influencias que hacen hablar mal el español, agrega el también promotor cultural, son comentaristas de futbol, presentadores de noticias, las redes sociales, presidentes como Vicente Fox Quesada y en cierta forma, la mala definición que hace la Real Academia Española de algunos mexicanismos.

“El idioma español es lo suficientemente rico para expresarnos. Estas formas dobles en cuanto a los géneros, nos hacen olvidar una cosa: las personas tenemos sexo, las palabras tienen género. Las personas somos hombres o mujeres, las palabras son masculinas o femeninas porque cuando se habla de género es un género gramatical y cuando se habla de sexo es el sexo biológico de las personas. Estamos malinterpretando las cosas y eso genera formas que complican el idioma sin enriquecerlo”, aclara.

Juan Domingo Argüelles ejemplifica. “Sabemos que un actor es un varón y una actriz es una mujer. Tendríamos que saber que motor es masculino y que motriz es femenino, entonces, en consecuencia, no podemos decir negocio automotriz porque negocio es masculino y automotriz es femenino, tenemos que decir negocio automotor y empresa automotriz”.

 En opinión del escritor, el problema es que hoy nadie duda de lo que está diciendo o escribiendo, por eso propone reivindicar el idioma español para generar una mayor conciencia de su valor.

“No dudar nos ha llevado a darle poca importancia al idioma como valor cultural y como patrimonio de la cultura. Creemos que el idioma sirve sólo como un instrumento de comunicación y ya, pero la verdad es que es algo más; con el idioma hacemos muchas cosas como es el caso de los grande escritores que crean monumentos verbales, llámese López Velarde, Sabines u Octavio Paz. Escribo este libro porque me parece que es importante recuperar la significación del español como patrimonio de nuestra cultura”.

El Instituto Cervantes reveló que el idioma español es la segunda lengua nativa más hablada en el mundo, esto es, que más de 500 millones de personas hablan español como lengua materna, superada por el chino mandarín que lo hablan más de 800 millones de personas, añade Argüelles.

“Pero el español se habla en más de 20 países, incluido España, Guinea Ecuatorial, Filipinas y más de 40 millones de personas en Estados Unidos. Dentro de muy poco el idioma español en Estados Unidos será un idioma potente como para avergonzarnos de hablarlo e ir a los foros internacionales a hablar un mal inglés cuando podemos hablar en buen español. Por ejemplo, un francés, en términos oficiales, no llegaría a un foro a hablar en inglés, habla en francés porque entienden que su idioma es parte de su patrimonio cultural”, señala.

MALAS INFLUENCIAS. Juan Domingo Argüelles critica a los comentaristas de televisión y al expresidente Vicente Fox porque cambian el significado de las palabras.

“Todos estamos expuestos a cometer errores hablados y escritos, en realidad, todos los cometemos. El propósito de un libro como Las malas lenguas es justamente que sea una especie de instrumento como lo son los diccionarios y las enciclopedias”, precisa.

En el libro, editado por Océano, aparecen en orden alfabético 423 pleonasmos y redundancias como: ¿hobbie? o ¿hobby?; ¿adulto en plenitud?, ¿adulto mayor?; coces no es lo mismo que cueces y migrante no es lo mismo que inmigrante.

—¿Quiénes han sido esas malas influencias?

—Internet y la mala escolarización; por otro lado, la falta de dudas en lo que decimos y escribimos. Esto es algo absurdo porque hoy no puede argumentarse que no se tenía un diccionario a la mano, por ejemplo, cuando la gente está frente a una computadora puede usar los múltiples diccionarios, incluido el de la RAE o el de mexicanismo que están en la red, ya ni quisiera necesitamos tener un diccionario físico para poder consultarlo y saber si lo que decimos y escribimos es correcto.

“Es el caso del mexicanismo abusado que partió de una deformación de aguzado, es decir, aquel que es listo, que es filoso. Después, esa palabra entró al habla popular y al habla general. En México decimos que alguien es muy abusado cuando alguien es perspicaz o astuto, pero si lo decimos en Argentina no se entendería, porque abusado es alguien que ha sufrido abuso”, responde.

—¿Nos falta más vocabulario?

—Los pleonasmos y redundancias son producto de la falta de lectura. Este libro tiene que ver con el trabajo que desarrollo en término de la lectura, creo que necesitamos leer más y mejores libros, o leer menos pero buenos libros. La lectura genera una riqueza de vocabulario, enriquece los ámbitos en los que nos movemos; contribuye al enriquecimiento de nuestro idioma a partir del aprendizaje de la lengua que mejor se emplea y que obviamente está en esos libros extraordinariamente escritos o extraordinariamente traducidos.

“Se echa de menos esa parte porque la lectura de esos libros es lo que ha afectado también para que caigamos en un anglicismo, en un pochismo, en una forma que verdaderamente no merece nuestra lengua”, indica.

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