Avanza el proceso electoral

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La recta final de las elecciones cada vez está más cerca, pero lo mejor de una elección es la elección misma ya que es el único sistema que facilita coexistir a personas y grupos con posiciones diferentes, para que puedan confrontarse o enfrentarse civilizadamente. La diversidad política debe ser preservada y requiere construir cauces para su expresión; si en un proceso electoral esa diversidad se encauza debidamente, sus manifestaciones y el cambio de gobernantes pueden suceder sin recurrir a desgastantes batallas o a ominosas descalificaciones; las elecciones son un medio eficaz para vivir en democracia.

En nuestro México, por algún tiempo, el cambio de gobernantes llevó consigo lamentables asesinatos. Esa etapa fue superada con una simulación de elecciones democráticas, organizadas por un “partido oficial” que por siete décadas funcionó con relativa paz y apenas llevamos dos décadas de realizar elecciones democráticas, libres, equitativas y competidas.

En el proceso que ahora se desarrolla, todavía no se puede predecir quién ganará, aun cuando algunos ya ven una clara la tendencia. La incertidumbre es positiva ya que nos habla de un ejercicio de libertades que motivan adhesiones o relaciones que obligan a convivir con otros. También siguen apareciendo quienes mantienen una distancia crítica y en ocasiones de burla, como si la elección les causara malestar y terminan por afirmar que “todos los candidatos y los partidos son iguales”.

Dos décadas es poco tiempo en la vida de los pueblos, por lo que nuestra democracia electoral todavía es joven; también hay quienes esperan obtener de la elección la solución a los problemas que les aquejan, pero las elecciones sólo resuelven dos problemas: el de la coexistencia en la pluralidad de opciones políticas y el disponer de una forma pacífica para renovar a los gobernantes. Los graves problemas, como la enorme desigualdad que tiene sumida en la pobreza a la mitad de la población y otro, no menor, la violencia con sus múltiples manifestaciones, son problemas que existen aun cuando no hubiera elecciones.

Sin embargo, las elecciones son un buen momento para que con motivo de las campañas, los partidos hagan mejores diagnósticos y ofrezcan soluciones para resolver los problemas, con lo cual se logra establecer una mejor comunicación con la ciudadanía.

En 1977, las elecciones presidenciales se realizaron con un solo candidato a la Presidencia de la República, algo andaba mal; veinte años después, en 1997, ocho partidos políticos presentaron candidatos, lo cual se debió a las profundas reformas que se aplicaron a nuestro sistema electoral.

El actual proceso está sacando a la luz una serie de inconvenientes surgidos por la vigente Normatividad, la cual amerita ser de nuevo revisada, como lo relativo a las candidaturas independientes y a los períodos de precampañas y campañas. Se requiere también, regular las candidaturas de las dirigencias de los partidos para que no les brinden ventajas respecto a quienes no ostentan esos cargos, al prolongar el tiempo de sus campañas personales. Lo que se refiere al financiamiento público, tanto el de los partidos como el que se asigna a los candidatos, es otro rubro a revisar. Este proceso electoral ha tenido importantes avances, pero todavía hay mucho por mejorar, tanto en el proceso mismo como en la asignación y en la fiscalización de los recursos.

Profundas reformas amerita el Poder Legislativo, es necesaria la reducción del número de legisladores, acotar sus funciones a lo que marca la Constitución. No más moches y reducir su presupuesto; centralizar la administración del mismo en el Órgano de la Cámara y no en los partidos y transparentar plenamente su ejercicio y, lo más importante, cumplir plenamente su función de ser un real control del Ejecutivo, entre otras más.

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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