AMLO es la dimensión desconocida

Juan Manuel Asai

López Obrador llevará al país a una dimensión desconocida. Esto, si se cumplen los pronósticos y gana la elección presidencial. ¿Lo que ocurra entonces será mejor que la realidad actual? Mucha gente piensa que sí, que es imposible estar peor. Se equivocan. Podemos empeorar y mucho.

Un triunfo de López Obrador dará lugar a un periodo de inestabilidad. Los directivos de las empresas más importantes del país se aprestan para un parón económico. Ya toman medidas. Incluso en acciones de comunicación interna, comienzan a advertirles a sus empleados que las cosas van a cambiar. Eso está ocurriendo justo hoy en empresas medianas y grandes. No se habla de cerrar negocios. Eso todavía no. Se habla de redimensionarlos, de hacer más con menos, ajustar plantillas, blindarse para ver de qué lado sopla el viento.

Hasta el momento nada es seguro. Hay gente alrededor de López Obrador que anhela que en México se instale un régimen socialista, enemigo de la iniciativa privada y que el tabasqueño, gran Tlatoani, decida la suerte de todos según el humor con el que se despierte o según lo que le diga su dedito, que es su vocero. Otros, entre los que se encuentran amistades cercanas que casi nunca se equivocan, me dicen que no hay motivo de preocupación, que habrá libertad de opinar y que López Obrador sabrá distinguir entre adversarios, que se vale, y enemigos.

Lo que necesitan los empresarios es certidumbre. No la tienen. Están preocupados, nerviosos. Creo que deberíamos estar preocupados todos. Ellos, los dueños de las empresas o sus principales directivos, no tienen mayor problema. Tienen recursos para aguantar años de vacas flacas, o para irse a vivir a otro lado a esperar a que termine el sexenio de AMLO. Los que deberían estar preocupados son sus empleados, los que perderán el trabajo por los recortes y los que no serán contratados porque no habrá nuevas inversiones. Sin certidumbre no hay inversiones y sin éstas no hay empleos. Sin embargo son ellos, los de la masa trabajadora, los que quieren ver a López Obrador en Palacio Nacional. Lo dicho: están más enojados que asustados.

Los gestos autoritarios de López Obrador, que incomodan ahora que es candidato, se transformarán en pesadillas cotidianas si llega a Palacio Nacional. Ahí está su intención de censurar una serie de televisión sobre el populismo. Quiere impedir su transmisión. Censura y expropiaciones son antónimos del concepto de democracia. ¿Qué tipo de gobierno quiere hacer el tabasqueño? Hubo películas y series que describían a su manera las corruptelas de los gobiernos priistas. Ni siquiera ellos se han atrevido a censurar, pero en el entorno de AMLO hay gente que añora el viejo régimen, el de la dictadura perfecta.

Las calificadoras internacionales y los expertos de análisis de riesgos ya tienen listas las previsiones de baja en la economía mexicana e incremento en la cotización del peso. El otro día, uno de los cercanos a Obrador, el escritor Paco Ignacio Taibo II, lo animó a expropiar las empresas de quienes no lo apoyan. “Si te quieren chantajear, Andrés, exprópialos. Chinguen su madre. Exprópialos’”, sugirió.

¿Por cuál empresa arrancará? El empresario que le cae más mal a López Obrador es Claudio X. González; lo alucina y no lo oculta. Claudio, hombre  fuerte de Kimberly-Clark en México. Si expropia esta empresa por estar en contra del tabasqueño, el Estado mexicano hará papel sanitario, toallas femeninas, servilletas y pañales. Lo dicho, la dimensión desconocida.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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