El partido de los indecisos

Isidro H. Cisneros

Faltando dos meses para la jornada electoral, el grupo de los electores indecisos aún se mantiene en niveles elevados, representando a uno de cada cinco potenciales votantes, es decir, aproximadamente 18 millones de inscritos en las listas nominales. El porcentaje de indecisos depende de cada coyuntura electoral y carece de identificación partidaria. El voto duro de cada coalición política en este proceso electoral está allí, fijo e inmutable, ya sea de forma clientelar o corporativa, mientras que los ciudadanos indecisos, volátiles y abstencionistas, que representan aproximadamente al 20% del total de votantes, esperan el desarrollo del proceso electoral para decidir su participación. Los indecisos, volátiles y abstencionistas proyectan el malestar contra una democracia limitada, acusada de actuar como un sistema bloqueado, partidocratizado, elitista y alejado de la sociedad.

El sufragio es un procedimiento institucionalizado por medio del cual el cuerpo electoral manifiesta sus preferencias políticas para la selección de gobernantes y representantes populares. Es una función pública que los ciudadanos tienen a su disposición para renovar a la clase política y dotarla de un mandato temporal. Es difícil encontrar otra actividad política en la que participe un porcentaje tan elevado de la sociedad y para muchos ciudadanos el ejercicio del voto es el único acto en el que reconocen la democracia. El estudio de las motivaciones que intervienen en el comportamiento político tiene numerosas interpretaciones en la ciencia política, desde la teoría de la elección racional hasta la escuela de la nueva gestión pública. Un elemento común a todas ellas es la consideración del ciudadano como un individuo consciente y racional que actúa maximizando sus ventajas.

Los electores indecisos representan un sector de la población con opiniones políticamente articuladas. Es un electorado crítico y participativo que puede cambiar de candidato y partido de preferencia, aún en la misma campaña política, por lo que constituye el objetivo prioritario de toda estrategia electoral. El indeciso está atento al debate de ideas, propuestas y soluciones sobre cómo hacer avanzar a México y su indefinición actual obedece a que los candidatos no fijan posturas claras sobre problemas concretos de la vida cotidiana. Temas como la grave desigualdad social existente con su pobreza y exclusión definida no sólo por la cantidad de pobres, sino por la calidad de esa miseria, y otras problemáticas como aborto, eutanasia, uso terapéutico de cannabis, matrimonio igualitario, derechos de los animales o deterioro del medio ambiente, brillan por su ausencia. Lo mismo ocurre con otras necesarias definiciones sobre inseguridad pública y crimen organizado. Cuando los candidatos a todos los niveles son cuestionados sobre estas temáticas, aparece la improvisación, las ocurrencias, la demagogia o la simple ignorancia.

Algunos consideran que los ciudadanos indecisos son manipulables, insensibles, poco informados y propensos a la abstención. Nada más alejado de la realidad. Un elector indeciso es, al mismo tiempo, un elector volátil, versátil, móvil y fluctuante justamente por su cultura participativa y racionalidad política. Un elector indeciso es un ciudadano comprometido con la democratización, es exigente y difícilmente utilizable. Las coaliciones que compiten por el poder necesitan ganarse a este importante sector de la población que, además, podría definir el resultado de la elección presidencial. La indecisión del elector es, en buena medida, reflexión democrática.

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