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Ortega condena la violencia tras ordenar represión a detractores

Arropado por una marea sandinista, el mandatario no reconoció la violencia contra nicaragüenses que exigen que dimita

Adoptando una posición contradictoria, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se dio el lunes un baño de masas sandinistas, para condenar la muerte de 63 personas durante los enfrentamientos violentos, derivado de protestas contra las reformas del Seguro Social, y abogar por el diálogo y la paz, pero no reconoció la represión que ordenó contra sus detractores.

Apoyado por una marea humana de sandinista, Ortega recibió el apoyo de miles de seguidores para reclamar paz y diálogo tras las violentas protestas, lo que aprovechó para pedir un minuto de silencio por todas las víctimas y mostró su solidaridad con las familias afectadas.

El líder nicaragüense reafirmó en su mensaje el compromiso del gobierno a iniciar el diálogo para alcanzar la paz.

COMPROMETIDO. En su discurso Ortega acusó a los manifestantes que piden su dimisión, de “incitar a la violencia”, pero no reconoció la represión oficial desatada contra miles de manifestantes que exigen un cambio de liderazgo en este país centroamericano y que ha dejado al menos 63 muertos, en el que ya es el episodio más sangriento vivido en la historia reciente de Nicaragua.

SORPRESA. La presencia de Daniel Ortega y su mujer y vicepresidenta, Rosario Murillo, fue la gran sorpresa de esta manifestación, convocada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), en la Plaza de las Victorias.

“No a la muerte, no a la destrucción, no a la violencia, no a la barbarie, sí a la vida, sí al diálogo, sí al trabajo, sí a la paz, y levantando la mano pidamos fortaleza a Dios”, clamó el mandatario.

 

 

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