Cultura

“Pita Amor se reinventaba cada día..., pensaba siempre a futuro”: Michael K. Schuessler

Centenario. Padeció lo que muchas mujeres de su generación: encasillamiento, una disminución en cuanto a sus poderes literarios, siempre querer vincularla con algún hombre que le había enseñado cómo escribir sus versos porque ella se rodeaba de Alfonso Reyes y Xavier Villaurrutia, dice Michael K. Schuessler

Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein, mejor conocida como Pita Amor (1918-2000), se reinventó cada día a pesar de ser una escritora disminuida por la crítica y de ser una oradora sin biblioteca que innovó la vida cultural en México con sus recitales de poesía en espacios públicos y en programas de radio y televisión. Así la recuerda Michael K. Schuessler, investigador de la Universidad de California, quien señala la falta de una antología representativa de la poesía de Pita.

Para festejar el centenario de nacimiento de la autora mexicana, la editorial Aguilar lanza una edición conmemorativa del libro Pita Amor. La undécima musa de Schuessler, en donde se narra que Schuessler a sus 23 años viajó a la Ciudad de México para conocer a Pita, quien era conocida como “la reina honoraria de la Zona Rosa”.

Michael K. Schuessler comenta en entrevista que la autora de Yo soy mi casa, Décimas a Dios y Fuga de negras, era una persona que no hablaba del pasado, en el que su hijo de dos años falleció y en el que fue nombrada undécima musa por la precisión de sus poemas.

—¿Pita se reinventaba?, se le pregunta al investigador.

—“Pita era mi fuente a ese mundo maravilloso mexicano posrevolucionario, ya que había posado para Diego Rivera, conoció a Juan Soriano y a Frida Kahlo; entonces quería saber más, pero me decía: yo no hablo de mi pasado, ni del presente, ya se han ido, yo sólo pienso en el futuro. Le gustaba mucho hablar de sus planes, de lo que iba a publicar, de la grandeza de su persona”, responde.

Pero en la poesía también se reinventó, agrega Michael K. Schuessler. La primera Guadalupe Amor es la que escribió la poesía de Yo soy mi casa hasta la muerte de su hijo en los años 60. La segunda Pita reapareció en Como reina de baraja, Fuga de negras y El zoológico de Pita Amor.

“Muchos se preguntaron si esos poemas fueron escritos por la misma de Casa redonda/tenía de redonda soledad…, pero ella no percibía ningún tipo de resbalón en cuanto a la calidad poética de su obra, más bien, consideraba sus últimos poemas como los más grandes del universo. Tampoco desdecía a los anteriores, pero era mucho más común que hablara de los de su última cosecha”, explica.

Las polémicas siempre estuvieron alrededor de Pita Amor y en el libro, Michael K. Schuessler narra que además de sus itinerantes hogares en hoteles de la zona Roma, muchos dudaban que una mujer con belleza, que posaba desnuda y que actuaba en películas, escribiera poesía.

“Padeció lo que muchas mujeres de su generación: encasillamiento, una disminución en cuanto a sus poderes literarios, siempre querer vincularla con algún hombre que le había enseñado cómo escribir sus versos porque ella se rodeaba de Alfonso Reyes y Xavier Villaurrutia. Ellos se vieron obligados a responder esos ataques provenientes de los medios de comunicación”, comenta.

Las críticas hacia Pita Amor, opina el investigador, se originaron porque rompió el modelo de escritora al ser independiente e incursionar en lo que hoy conocemos como performance.

“No recibió ninguna beca, ningún apoyo del gobierno y eso le dio cierta libertad y le permitió opinar sobre grandes escritores como Octavio Paz, de quien decía que no era un poeta, sólo un gran hombre de letras; con eso cavó su propia tumba. Fue el ejemplo de una mujer que no recibió órdenes de hombres, pero como decía Carlo Cóccioli: la mezquina cultura mexicana le echó encima el zarape del olvido por ser una mujer ferozmente individual e independiente”.

¿Está desactualizada la poesía de Pita Amor?

—A quienes me comentan eso, les pregunto de qué libro o poema hablan y no me pueden contestar porque no han leído nada. Ella se insertó en la gran pléyade de poetas hispanoamericanos que siguieron las formas de la poesía clásica del siglo de oro español, un siglo que abarcó dos momentos: la toma de Granada a finales del siglo XV con los poemas de Garcilaso de la Vega, hasta la muerte de sor Juana Inés de la Cruz, y los poemas de la Generación del 27 en donde se redescubrió la obra de Luis de Góngora y se empezaron a escribir versos en ocho sílabas, rimados asonantes o consonantes.

“Entonces, no me digan que no hay espacio en el siglo XX para la poesía rimada. Pienso que quienes dicen eso, en su juventud vieron en televisión a Pita con Juan José Arreola decir algunos de sus poemas más facilones: ‘Vi un mono, vi un gato y la sombra de mi zapato’, que obedecía ya más a la edad de Pita”, responde Schuessler.

Para juzgarla, añade el investigador, hay que leerla y para leerla se debe editar una antología poética representativa.

“Estoy agradecido con la Universidad Nacional Autónoma de México porque en Material de Lectura publicaron varios de sus poemas, pero no eran sus mejores ni los más representativos. Esperemos que se haga una reedición de una antología que salió en los años 50, que se llamó Poesías reunidas y que fue publicada por Aguilar pero España, en una edición de lujo”.

—¿Existen borradores de la obra de Pita?

—Algunos que fuimos sus amigos tenemos manuscritos de Pita, en donde ella transcribió poemas suyos o donde escribió un poema original. Eso es lo que hacía, ella vendía hojas sueltas con sus poemas en la Zona Rosa, lo hizo durante 15 años. Pero que exista el manuscrito de su primer libro de poesía, hasta donde sé, no.

“Pita en su casa no tenía nada, apenas tenía plumones, blocks Scribe, joyas, su bisutería, su ropa sin closet. Ella era fiel a su arte, no era una consumidora burguesa ni nada de eso. Ella comía en las fondas y era muy orgullosa de haber sido la persona, ella misma, que ganaba dinero para promover su propia obra”, señala.

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