Medicina de Aviación... ¿no existe?

Rosario Avilés

José Valente Aguilar Zínser es titular de la Dirección General de Protección y Medicina Preventiva del Transporte de la SCT. En tal carácter, una de sus responsabilidades es desarrollar las especialidades que están bajo su mando, como es la Medicina de Aviación, especialidad que –él asegura- NO EXISTE.
Para afirmar tal cosa se basa en que “la medicina de aviación no forma parte de las curriculas universitarias en México” y por lo tanto, eso justifica que su área nunca haya consultado al Colegio Mexicano de Medicina Aeroespacial, para reformar y/o elaborar sus reglamentos y normatividad, como establece la Ley.
Descalifica al presidente de ese organismo, César Nogueira, pues, según él, “carece de rigor académico”, a pesar de reconocer que esta persona“tiene la experiencia de trabajar en esa área específica” (¡¡). Además, dice, “no se puede ser piloto y médico al mismo tiempo” (??)
En fin, que el doctor Aguilar nos da una cátedra de lo triste que es pasar de científico a burócrata. Un profesional de la ciencia no puede negarse a caminar el sendero de la especialización. La ciencia ha avanzado por ello y el ser específicos en los problemas y tratarlos con evidencias y documentaciones que van dirigidas a tener mayor certeza, es una de las principales obligaciones de un profesional. Además, hoy en día es muy importante conjuntar especialidades para tener visiones más exactas de los problemas que cruzan dos o más esferas de conocimiento.
No todas las profesiones tienen una curricula universitaria. Entre ellas, la de piloto aviador, que no tiene licenciatura reconocida, pero que es tan profesión como cualquier otra de las que la ley mexicana reconoce y que tiene una especificidad y una serie de condiciones de práctica y protocolos que no podrán nunca ser comparados con otros tipos de transporte, salvo –quizás- el aeroespacial en algún grado.
No es requisito indispensable que exista una licenciatura para tener rigor académico y tampoco lo contrario; una licenciatura realizada en una universidad no le confiere al graduado rigor científico y esto aplica para quienes se niegan a ver el desarrollo de estas nuevas profesiones sólo porque no las comprenden.
Por otro lado, es absurdo decir que “no se puede ser piloto y médico”. La complejidad de las situaciones de todas las disciplinas técnicas, científicas y aun humanistas, obligan a los profesionales y a los académicos a ampliar sus conocimientos, adentrándose en el estudio de otras disciplinas. Por eso hay filosofía del derecho, existen los “físicos-tecnólogos” o financieros que estudian sociología.
La medicina de aviación es, además, una especialidad reconocida en el mundo, por todas las autoridades y por todos los organismos técnicos. No saber eso habla del poco interés que hay.Y lo más alarmante es que el doctor Zínser se queje de que los pioneros de la Medicina de Aviación “no hicieran escuela”. Su labor como director de Medicina del Transporte es continuar con el camino trazado, profundizar, ampliar, apoyar. O sea, hacer esa escuela que dice necesitar pero que él mismo no ha impulsado.
Sobran ejemplos de muchos profesionistas que están hartos de la falta de apoyo y de seriedad en el tema de la medicina del transporte aéreo en México. La propia Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) recomienda que sean las áreas de Aeronáutica las que hagan los exámenes porque –nos guste o no- sí tienen especificidad, no son generales. Es una pena que alguien que tiene cierto grado académico y una carrera, no pueda darse cuenta del daño que ha causado a nuestras instituciones, otrora tan admiradas en el mundo.

Lo oí en 123.45: Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio

 


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