Inmortalidad, la ilusión de moda entre los QB de la NFL

Fernando Argueta

Parece una subasta para saber quién ofrecerá más temporadas en el campo, pero no lo es, se trata del deseo por mantenerse en activo a pesar del paso del tiempo; y nadie los culpa o los critica, siempre y cuando se desempeñen a su máximo nivel posible.

Y es que hace unos días fue Tom Brady, el mariscal de Nueva Inglaterra, quien en una entrevista televisiva, reiteró lo que ha dicho desde hace meses: continuar jugando hasta los 45 años. Cuando arranque la temporada tendrá 41, y si hace válido su deseo, pongamos que estaría en el uniforme de los Patriotas hasta la campaña del 2022.

Sin embargo, lejos de etiquetar a sus declaraciones como arriesgadas, otro pasador le siguió los pasos sólo un día después: Ben Roethlisberger, de Pittsburgh, quien ya dijo que va por cinco años más al frente de la ofensiva de los Acereros. Ben tiene 36 años y su declaración lo sitúa jugando a los 41 años.

Y cierto, nada tiene de malo, siempre y cuando mantengan un nivel de excelencia como lo han mostrado, claro está sin llegar al extremo como Brett Favre, quien jugó su última temporada a los 41 años, pero evidenciando que su cuerpo lo había dado todo. Favre, a pesar de su insaciable deseo por continuar, físicamente estaba vacío.

Otro que calladamente va por el mismo camino de Brady y Roethlisberger, es Drew Brees, de Nueva Orleans, quien arrancará la temporada con 39 años de edad, y quien sin hacer tantos aspavientos ha proyectado jugar dos o tres años más, es decir, hasta los 42 como máximo.

Quizá muchos han olvidado a otros mariscales que jugaron hasta los 44 años, sin embargo a un nivel menor de lo que aspiran los tres anteriores, no referimos a Warren Moon y Vinny Testaverde.

EL PRIVILEGIO DE LOS AVANCES

Ciertamente, el cuidado de los atletas ha cambiado mucho en la actualidad, lo que permite que exista tal posibilidad de una inmortalidad pasajera en posiciones como la de quarterback. Tan sólo imaginemos que habría sido de otros pasadores si hubieran tenido acceso a las actuales técnicas de entrenamiento, nutrición y cuidado que imperan ahora.

Por poner sólo algunos ejemplos, Terry Bradshaw, de Pittsburgh, era un verdadero roble que se retiró prematuramente a los 35 años sin haber sufrido jamás una lesión de consideración. Bradshaw se fue por culpa de una pésima intervención quirúrgica en su codo derecho y una inadecuada rehabilitación. Sin chistar, de haber existido los avances médicos y nutricionales de la actualidad, algo así como lo que hace Brady con su programa TB12, Bradshaw habría jugado sin problema más allá de los 40 años a un nivel impresionante.

Otro fue Roger Staubach, de Dallas, quien a los 37 años y en plenitud de facultades decidió retirarse por temor a las secuelas de las concusiones cerebrales. Recordemos que antes no había protocolos para atenderlas y mucho menos la protección a los mariscales que existe ahora con el cambio de reglas. Staubach y Bradshaw jugaron en una época donde había verdaderas bestias defensivas.

HAMBRE DE SEGUIR

Sin embargo, actualmente se combinan muchos factores para hacer realidad los deseos de estos atletas que no quieren irse porque efectivamente les encanta jugar. Pensar que aún lo hacen por dinero, es banal, hace mucho que aseguraron su vida y la de sus hijos ganando millones de dólares. Juegan porque es su vida. No en vano, basta decir que Brady en numerosas ocasiones ha recortado su salario para permitir un mayor margen de maniobra al equipo para contratar jugadores que se necesitan.

Su deseo va más allá, y sus acciones y palabras así lo dejan ver. Esta más que probado que Brady fue la razón para que los Patriotas se deshicieran de Jimmy Garoppolo, su verdadero y digno heredero en la posición. Brady no lo quería, le hacía  sombra.

Por su parte, Roethlisberger, tras la selección del pasador Mason Rudolph, fue tajante al señalar que “si es el mariscal del futuro para el equipo, lo siento, pero tendrá que esperar varios años más”.

Brady, Roethlisberger y Brees realmente tienen la posibilidad de lograrlo, no obstante, Tom y Drew son los que se ven más enteros, no así Ben, quien ha sufrido muchas más lesiones que los otros dos. Sin embargo, cada uno tiene su método y sus dividendos les ha dado. Brady con su ya afamado TB12 manejado por su preparador y amigo Alex Guerrero lo mantiene intacto y dinámico como un adolescente.

De Brees, basta mirar con que intensidad entrena en gimnasio; es impresionante y cualquiera lo puede ver. A Brees no se le nota que haya perdido ni reflejos ni velocidad.

TESTIMONIOS

La meta ahí está para cualquiera, ellos han levantado la mano porque saben que es posible lograrlo aún en una posición donde se está expuesto a los golpes. Y si alguien no cree en estos milagros humanos del trabajo, el cuidado y la perseverancia, ahí está el caso de Jerry Rice, el mejor receptor de la historia y quien aún a los 40 años llegó a un Super Bowl con Oakland, y mantuvo un nivel para hacer roster hasta los 42 años con Seattle, edad en que se retiró después de jugar 20 temporadas.

Quizá el secreto es más sencillo de lo que se cree. Matt Hasselbeck, mariscal que jugó un Super Bowl con Seattle y terminó su carrera a los 40 años con Indianápolis a un nivel muy decente, dijo en una ocasión que la clave es el cuidado, adaptación y recuperación que se le debe dar al cuerpo. Comer mejor, no exigirse tanto, cambiar algunos hábitos o rutinas y dormir más tras los entrenamientos. Sus palabras algo han de tener de cierto.

Sin embargo, es difícil olvidar leyendas de hierro como George Blanda, el hombre con mayor edad en jugar en la NFL, a los 48 años. Blanda fue quarterback y posteriormente se convirtió en pateador para seguir en los campos de juego entres las décadas de los 50 y los 70. Fue único y su deseo por mantenerse lo hizo inmortal cuando en una ocasión, siendo ya un hombre mayor de 50, dijo que si los Raiders lo necesitaban para regresar, él estaría dispuesto a ponerse en forma para ayudarlos si se lo pedían y era necesario.

 

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