México en el mundo: la coyuntura electoral a una década de la gran recesión

Voces de la UAM

Federico Novelo y Urdanivia*

El consenso en las opiniones de quienes examinamos relevantes eventos económicos de alcance internacional, es un ave tan rara que todavía no hay acuerdo en las variables explicativas de la Gran Depresión (1929-1939), con toda la culpa colocada en los hombros de la FED (Friedman y Schwartz, 1963:A Monetary History of the United States 1867-1960) o en la notable caída de la Demanda Efectiva (Keynes, 1930: The Great Depression). De lo que no hay duda es que nueve años y casi diez meses después del 29 de octubre de 1929, el inicio de la II Guerra Mundial, con la invasión de Hitler a Polonia, significó el inicio de la recuperación de la economía mundial; los apremios de aquellas hostilidades y los años de posguerra que, hasta la primera mitad de los años setentas del siglo XX, conformaron la llamada Era Dorada del Capitalismo, con Estado de bienestar, planeación económica, economía mixta y, en el papel estelar, el pleno empleo, caracterizaron a la etapa de prosperidad más duradera en la historia conocida de la humanidad.

En este 2018, y al mediar el mes de septiembre, se cumplirá una década del anuncio de la bancarrota de Lehman Brothers, el cuarto banco de inversión de los Estados Unidos; una década de la Gran Recesión. De acuerdo con la facilidad cognitiva (fluency), que sintoniza nuestras capacidades intuitivas (pensar rápido) con las reflexivas (pensar despacio), en la muy elogiada opinión de Daniel Kahneman (Psicólogo y Premio Nobel de Economía 2005), el poder asociativo que tiende a persuadir, desde la intuición, a la reflexión, lleva a preguntar qué pasará con y en un sistema económico mundial que no termina de recuperarse de aquel gran sobresaltoy en el que se presagian bienaventuranzas de muy corto plazo (los efectos expansionistas de la “reforma fiscal” trumpiana), y se prevén desgracias de mayor duración (los efectos deplorables del crecimiento de la deuda y su combinación con las altas tasas de interés que ya comienzan a escoltar a la “normalización monetaria”, según el informe más reciente del Fondo Monetario Internacional), con el oscuro telón de fondo del cambio climático y la inseguridad cibernética: aquel animal que los neoliberales declararon domesticado durante los años noventa del siglo pasado, el ciclo económico, parece encontrarse muy cerca de la condición de desbocado y, por lo pronto, muy malhumorado.

El proteccionismo arancelario, y la guerra comercial consecuente; una paz asiática en precario, más vulnerada por China y Taiwán que por la afición norcoreana de jugar con lo que no se juega; el Medio Oriente convertido en un enorme barril de petróleo… con mecha, y la metamorfosis del Big Data en la reina de las mercancías, son complementos que parecen llegados para redondear la ruina.

El inquietante panorama encuentra poco consuelo en la difundida, y poco persuasiva, obra del psicólogo de Harvard Steven Pinker, (2011, The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined), no solo porque la felicidad responde a un complejo sistema de nervios, neuronas, sinapsis y varias sustancias bioquímicas como la serotonina, la dopamina y la oxitocina (Yuval Noah Harari, 2017, De animales a Dioses. Breve historia de la humanidad) y no a comparaciones con un pasado peor; la felicidad, también, es una función de las expectativas y su eventual concreción.

En este mundo, ensimismado en la pérdida de su propio sentido, la coyuntura electoral mexicana, donde la mayoría de los electores está muy encabritada por las maneras y resultados con los que el actual y venturosamente saliente gobierno ha movido a México, aparece como un concurso de mala oratoria y peores propuestas. Los (pocos, muy pocos) satisfechos hablan de la situación económica nacional como extensión de su propia, privilegiada situación; la prensa y algunos organismos multilaterales juzgan a las reformas estructurales de ayer y de hoy como bendiciones que merecen ocupar, también, el mañana; y el resto de habitantes de este multicausal valle de lágrimas, sordo frente a las razones del Consejo Coordinador Empresarial y a las apologías reformistas del Ángel de la Dependencia (Mister Gurría), votará mayoritariamente por Andrés Manuel López Obrador.

El incierto futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte; mucho más incierto, por cierto, que el futuro del flujo comercial regional; el descubrimiento relativo a que las ventajas competitivas de México no son sino salarios miserables y que buena parte de la fuerza exportadora descansa en cuantiosas importaciones temporales, sin capacidad de arrastre sobre el resto de la planta productiva del país; la certeza sobre la dominancia del comercio intraindustrial, mayoritariamente intrafirma, en el total del comercio regional (donde la Ford, la GMC y la Chrysler se compran a sí mismas —matrices a filiales— y se quedan con el déficit que trastorna al señor Trump), son circunstancias que producen el alucinante sube y baja del tipo de cambio; la elevación de las tasas de interés por los conductores de un banco central autónomo de los instrumentos de control democrático, pero no del capital financiero internacional, y que son elevaciones que premian a los especuladores externos que han comprado bonos gubernamentales, junto con un diseño institucional impresentable, incompleto, arbitrario e inútil, son los principales ingredientes para convencer a casi todos de la redundancia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al frente del gobierno; una realidad tan evidente que ha persuadido a los propios priistas de la urgencia de buscar una desmayada inteligencia, no doméstica, como su candidato presidencial.Ha costado mucho tiempo y no pocos empeños gubernamentales, llegar a la conclusión consistente en que un mayor peligro para México que la continuidad del PRI, no se podría encontrar ni en la peor de las pesadillas.

Paradójicamente, las campañas políticas replican el programa. El PRI va a perder por sus numerosos, impresionantes méritos, al gestionar los asuntos económicos, sociales y políticos del país, con notorio desapego de la ya olvidada moral pública, por tratar el asunto con indulgencia. Y López Obrador va a ganar por lo que, de paso, hacen el PRI y su cándido candidato durante la campaña. En el pintoresco vocabulario de Plutarco Elías Calles parece que no figuraba destacadamente aquello de Nadie sabe para quién trabaja. Si viviera.

* Profesor-investigador del Departamento de Producción Económica de la Unidad Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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