Ayrton Senna: El último día de la curva Tamburello… | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 03 de Mayo, 2018

Ayrton Senna: El último día de la curva Tamburello…

A las catorce horas con diecisiete minutos de aquel domingo 1 de mayo de 1994, los relojes se detuvieron, el tiempo entró en un espasmo enorme mientras con los ojos exorbitados los miembros de las cuadrillas de emergencias trataban de rescatar al tricampeón mundial de la Fórmula Uno, Ayrton Senna Da Silva. El piloto brasileño se había impactado brutalmente a más de 300 kilómetros por hora contra el muro de concreto de la hoy tristemente célebre curva del Circuito Enzo y Dino Ferrari en Imola, y a las 18:40, su bravo corazón se detuvo piadosamente para acompañar el coma profundo en el que se encontraba y al que había seguido una muerte cerebral. Tenía 34 años, su vida había sido un torbellino…

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Todo en la vida de quien es considerado por los más profundos conocedores del automovilismo, como el mejor piloto de la historia de la Fórmula Uno, Ayrton Senna Da Silva, fue grandioso, rápido. Su despertar en el máximo circuito de competencias a nivel internacional, sus victorias, su fama, sus tres campeonatos del mundo, hasta llegar a aquel fatídico domingo, cuando desafiando al personaje al que más había cuestionado, él mismo, se subió al Williams-Renault FW16 de la escudería británica, contra su voluntad, contra sus presentimientos, contra el silencio que guardó ceremoniosamente menos de 24 horas antes, al acudir a la Curva Gilles Villeneuve, donde se estrelló y perdió la vida el piloto austriaco Roland Rtzenberger…

El presagio, dicen los que estuvieron cerca de él aquellas últimas horas, lo acompañó hasta el momento mismo en que, tras lanzarse a la competencia luego de un accidente acontecido en la salida misma de aquel Gran Premio de San Marino y que prolongó durante cinco vueltas la presencia del safety-car, aceleró a fondo para mantener la punta de la competencia con el ahora también caído en desgracia Michael Schumacher, como su escolta.

A FONDO… Al cruzar la línea de llegada para iniciar la séptima vuelta, la última de su vida, Senna llevaba una ventaja de 682 milésimas de segundo respecto al alemán y tras girar a la izquierda, pisó el acelerador a fondo del bronco FW16, según dicen, un auto casi inmanejable, para dirigirse a su cita con el destino. El tricampeón mundial alcanzó los 320 kilómetros por hora…

No es un secreto que en 1994 el llamado “safety car” era un auto de calle, un Opel Vectra que circulaba por supuesto a la velocidad de un auto común y corriente, por lo que la columna de vehículos de competencia tuvo que adaptarse a su velocidad, tan baja, que provocó que la temperatura de las llantas descendiera. Luego de cinco vueltas de “desfile”, los neumáticos se comprimieron y la altura de los autos bajó.

Lo mismo sucedió al bólido de Ayrton Senna, que tuvo apenas unos cuantos cientos de metros de “roce” con el asfalto antes de enfrentar a “Tamburello”. A la entrada de la curva la parte trasera del FW16 raspó la superficie, el auto perdió adherencia y Senna tuvo que girar en forma inversa para mantener el rumbo, sin embargo, la columna de la dirección que había sido modificada, cortada y soldada para complacer las exigencias del piloto brasileño para no golpear la parte interna de la cápsula con las manos, no soportó la maniobra…

Lo demás fue una secuencia macabra que ha sido vista y repetida millones de veces en estos 24 años, lo mismo desde las cámaras de la transmisión de televisión en vivo, que desde las cámaras de a bordo de Senna (que perdió el último segundo y fracción de transmisión antes del impacto) y por la frontal del auto de Schumacher… El Williams de Senna no viró, y lo que debía ser una curva, fue la última recta en la vida del extraordinario piloto, quien al darse cuenta lo que se venía, frenó a fondo reduciendo la velocidad de 320 a 211 kilómetros por hora. No fue suficiente, y el auto de la escudería inglesa con el número 2 en la nariz (por el retiro del campeón mundial Alain Prost, su gran coequipero y rival), colisionó brutalmente de frente el muro de hormigón que delimitaba la curva…

MACABRO… La tela blanca con la que se ocultaron los momentos en los que fue extraído del cockpit el cuerpo inmóvil de Senna, fue la muda señal de que el final estaba muy cerca… El brutal golpe contra el muro, provocó que una varilla de la suspensión saliera despedida convirtiéndose en una letal saeta que atravesó el casco, provocándole fracturas en el cráneo con pérdida de masa encefálica y una espantosa hemorragia tras el rompimiento de la arteria temporal de la cabeza que fue el origen del dramáticamente enorme charco de sangre que quedó en el asfalto donde fue atendido.

Luego, con la carrera detenida, fue trasladado en helicóptero al hospital Maggiore de Bolonia, y en cuyo trayecto sufrió dos paros cardiacos.  Senna llevaba en su auto una bandera de Austria con la que pretendía homenajear a Roland Ratzenberger, quien falleció el sábado, unas horas antes… Fue un Gran Premio maldito…

Hoy, cerca de lo que queda de Tamburello, que llegó a ser una de las curvas más rápidas y temidas de la Fórmula Uno, y que se convirtió en una chicana para garantizar un tránsito mucho más lento y seguro, hay una estatua de bronce que honra la memoria de Ayrton Senna Da Silva, quien en tres ocasiones recibió la bandera a cuadros en San Marino…

La placa que adorna la base de la obra, donde Senna luce con una expresión triste, cabizbajo, se lee una cita que dice: “Creo que estoy muy lejos de tener la clase de vida que me gustaría tener”…

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