¿Merece ETA el perdón que lograron las FARC? - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 03 de Mayo, 2018
¿Merece ETA el perdón que lograron las FARC? | La Crónica de Hoy

¿Merece ETA el perdón que lograron las FARC?

Fran Ruiz

ETA, la última banda terrorista que quedaba en Europa, ya es historia. La banda separatista vasca anunció ayer el final definitivo de su “lucha armada”, y lo hace menos de un año después de que la última gran guerrilla latinoamericana que quedaba, las FARC, anunciara su desaparición como grupo armado.

Lo que los últimos líderes etarras huidos de la justicia no dijeron en su histórico anuncio es que, en realidad, tuvieron que admitir que se han rendido, que han sido derrotados en la guerra que la banda le declaró a España hace 60 años. Lo que tampoco dijeron es que no habían logrado ninguno de sus objetivos: la creación de un Estado socialista que englobase las tres provincias del País Vasco español, las tres del País Vasco francés, y la región española de Navarra, así como la amnistía total para los etarras encarcelados sus crímenes sangrientos.

Se podría entender el intento de la última dirigencia de ETA de no humillarse ante sus simpatizantes (esos que brindaban con champán cuando abatían a “enemigos de la patria vasca”). Debe ser muy duro aceptar que asesinaron a 850 personas (entre ellos a una veintena de niños) para nada. Debe ser duro digerir que han sido derrotados por la firmeza de un Estado que, en sus momentos más débiles, ofreció en al menos tres ocasiones negociaciones secretas, y las tres veces los terroristas dijeron que no y dejaron pasar la oportunidad.

Lo que no puede entenderse es que, en el mensaje de claudicación de ayer, los etarras no hayan reconocido el daño que hicieron, no se hayan mostrado dispuestos a colaborar con la justicia, para aclarar casi 350 asesinatos de los que aún se desconoce su autoría, y no hayan dicho si van a entregar su arsenal de armas o no.

Por el contrario, las FARC, al igual que el IRA en Irlanda del Norte, aceptaron sentarse a la mesa de negociaciones con sus enemigos y se mostraron dispuestos a transformar su lucha armada en una lucha democrática. En otras palabras, negociaron una paz justa —con perdón y reparación a las víctimas, entrega de armas y colaboración con las autoridades— a cambio del perdón de la sociedad.

Siempre habrá ciudadanos y políticos que se nieguen a tener compasión por los verdugos arrepentidos —ahí está la sed de venganza del expresidente Álvaro Uribe y sus seguidores—, de igual manera que siembre habrá guerrilleros y terroristas que defiendan que el camino debe seguir siendo el de la locura terrorista —ahí están los disidentes de las FARC que se están rearmando o los disidentes del IRA que siguen cometiendo crímenes en las calles de Belfast—, pero difícilmente revertirá este sector intransigente de la sociedad la voluntad mayoritaria de perdonar al agresor que muestra un arrepentimiento sincero.

Esto es lo que no hizo ayer ETA y por eso no puede esperar que la sociedad española perdone su fracasada aventura terrorista.

Los independentistas vascos podrán seguir defendiendo sus ideas con su voto, como la mayoría hace desde que España recuperó la democracia en 1978, pero los terroristas deben saber seguirán pudriéndose en las cárceles. Tiempo tendrán para seguir pensando si vale la pena seguir defendiendo que las bombas que pusieron y los tiros en la nuca que asestaron sirvieron para algo, aunque ya no exista ETA.

Quizá algún día los etarras entiendan que no valió la pena y logren abrir así la primera de varias puertas que deberán abrir para ganarse, no sólo el perdón de sus víctimas y de los españoles, sino para ganarse su propia libertad.

fransink@outlook.com

 

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