El PRI, Groucho y su epitafio - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 04 de Mayo, 2018
El PRI, Groucho y su epitafio | La Crónica de Hoy

El PRI, Groucho y su epitafio

Juan Manuel Asai

Los priistas están para el diván. Les urge la ayuda profesional. Un psicoanalista especializado en grilla. Muchos se asumen como tales, pero muy pocos tienen título, casi todos son articulistas en los diarios. Y es que los priistas, parafraseando a Marx, Groucho y los más jóvenes a Woody Allen, no quieren formar parte de un partido que acepte militantes como los priistas. Consideran a sus correligionarios impresentables. Sería muy complicado tomar té con ellos pues se la pasarían hablando de paraísos fiscales y el costo de las papitas en las prisiones.

Por eso eligieron candidatos no priistas para la Presidencia de la República y también para la jefatura de Gobierno de la CDMX. José Antonio Mede y Mikel Arriola tienen un perfil muy parecido: ambos son servidores públicos sin militancia partidista que muy bien podrían ser candidatos del PAN, o de algún otro partido, o ser candidatos independientes. Tienen una hoja de servicios impecable en el servicio público, para beneficio del Estado mexicano, pero su apartado de méritos partidistas está en blanco, o por lo menos estaba en blanco antes de que los destaparan. Están chambeando fuerte pero con una cuesta arriba nunca antes visto en la historia del partido.

Hay argumentos sólidos para así sea. El desprestigio del tricolor es notable y acaso irreversible, no solo en esta coyuntura sino incluso después de las elecciones. Hay el riesgo real de que se difumine y desaparezca. Que una docena de gobernadores de ese partido hayan sido sorprendidos con las manos en la masa y que varios de ellos estén tras las rejas, causó un furia social que es superior al temor a un eventual cambio.

Y sin embargo para esos servidores públicos sin partido, el PRI es indispensable para que esos candidatos ciudadanos accedan a alguna posición de poder. El PRI tiene la estructura territorial para movilizar a la gente y transformar el movimiento en votos dentro de las urnas. Pronto sabremos si la sigue teniendo o si incluso eso, lo de la estructura territorial, es cosa de un pasado que no volverá.

De modo que colocar en la presidencia del partido a un priista reconocido por todos sus correligionarios parece un rasgo de sentido común. Alguien que haya participado antes en campañas de todos los tamaños y sepa qué resortes tocar que sacar a la gente de sus casas para votar por el PRI. Lo hicieron con Manlio Fabio Beltrones y lo hacen ahora con René Juárez Cisneros. En medio de los dos priistas, Peña y Videgaray metieron con calzador a un técnico dinámico, madrugador pero absolutamente desconocido, Enrique Ochoa, que llegó a la Presidencia del Partido sin ningún mérito partidista. Ochoa hizo lo que pudo. Quedó dicho que es chambeador y leal y por eso tendrá su recompensa. Tal vez en una de esas hasta sea un buen diputado, no lo sé.

René Juárez fue diputado, senador, gobernador, funcionario público de alto nivel. Una de sus primeras chambas fue junto a José Francisco Ruiz Massieu allá en Guerrero. Emana de las entrañas del partido, que puede ser un sitio ingrato pero conocerlo es indispensable para pretender conducirlo. Puede recuperar el voto duro del partido, al menos una parte de él. ¿Tiene tiempo para enderezar entuertos? Muy poco. Seis o siete semanas. René tiene autoridad para hacer algo importante: recodarle a los priistas que su partido los necesita, que se están jugando el 1 de julio su supervivencia. No exagero. Si no se aplican y sudan la camiseta podrían ir pensando en su epitafio político. Les recomiendo uno que le atribuyen a Groucho: “Disculpen que no me levante”.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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