Bajo la piel de Channel, de Danilo Moreno | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 05 de Mayo, 2018

Bajo la piel de Channel, de Danilo Moreno

Bajo la piel de Channel,  de Danilo Moreno | La Crónica de Hoy

(Fragmento)

CuaTro

Me gusta maquillarme… poco, pero me gusta hacerlo. A veces creo que no lo necesito. Pasa que con un poquito de maquillaje me veo más linda. Creo que los labios se me ponen más gruesos, brillan más. Me gusta ponérmelos de un color encendido. Si mis labios están brillantes este lunar se ve mejor, eso me dicen. Este lunar que Santiago me pide que le regale, una y otra vez… yo le pregunto que para dónde se lo quiere llevar y él se ríe. Tengo lunares por todas partes, uno aquí sobre la colita, en este brazo, en la espalda, en las piernas y hasta debajo del pie vive uno.

Tengo inflamado el corazón, como si se me fuera a salir. Me gustaría que la otra Channel, la que está detrás tuyo, espejito, se me metiera por dentro y me ordenara: Vamos a hacer esto… y yo me pudiera relajar y saber que eso es lo mejor. Me da mucho miedo perder a Santiago y también me da miedo quedarme a su lado. Sea lo que sea, voy a empezar a maquillarme… porque se me está haciendo tarde. ¿Verdad?

Santiago se metió por todas partes . Lo empecé a pensar sin darme cuenta. Después de la primera noche juntos, una vocecita me dijo: Ese hombre no vuelve. Pero como la que me habla al oído no es siempre la misma… otra vocecita esa misma tarde me dijo: Ahí está el hombre. Pasaron diez días después de la primera noche: sí, los conté uno a uno… Entonces, esa tarde de un sol picante, Santiago apareció en La Piscina. Yo estaba a punto de irme para otro lado y, justo cuando estaba pensando en eso, apareció él.

Esa tarde yo tenía un vestido amarillo ebien cortico. Es que ese man desde el principio me causó curiosidad… y por eso esa mañana, cuando me ponía ese vestido, pensé en él. Entonces Santiago se me acercó así, sin saludarme ni nada y me soltó esas palabras todas descaradas: El día que usted quiera, que tenga ganas, que quiera tirar de verdad, me busca, voy a estar esperándola… Me dio rabia, qué man tan convencido, pero pensé:

¿tirar de verdad? Uuiii….

El tipo ya se iba a ir cuando empezó a sonar ese vallenato, que es como un himno para muchas peladas: No te conozco bien pero me atrevo a entregártelo todo…/ Es la primera vez que yo te veo y ya me has vuelto loco/ Llévate, llévate, llévate lo que tú quieras…/ Si quieres yo te doy mi vida entera. Yo hasta le hubiera dedicado la canción, no, mentiras, tampoco le iba a decir esas cosas a un extraño, que se llevara mi cuerpo, que estaba antojado por descubrir… Ay… entonces me tocó sacarlo a bailar… y él ya estaba listico, es que Santiago es así: un hombre fácil.

Me apretó fuerte. Sentí ese cuerpo caliente sobre mis senos, tan caliente como la tarde. Me apretó y… “volar tan lejos”, como dice la canción.

Cerré los ojos y sentí que él sí bailaba como un un negro. Eso le dije y él me contestó que era un negro al revés. “Siempre fui el negro en la casa…” Él siempre armando cuento, siempre jugando a inventar un mundo de palabras, que me enredaban, que me entretenían. Por eso cuando me hablaba bonito, yo se lo creía, claro, sólo un ratico, ni boba que fuera… Nos quedamos en medio de la pista bailando. No volvimos a decirnos nada. Nos acercamos cada vez más, más cerquita, cada canción más quietos… más pegados y ese bultico chuzándome…

En ese par de canciones me perdí. Yo sentí que el acordeón me tocó la piel y después tocó la de él. Y cuando estuvimos ahí mi cuerpo se puso húmedo otra vez. Fue como transportarme a otro lugar, a un lugar que no conocía, que no había pisado antes. El baile me llevó lejos. Cerré los ojos y me transporté tan lejos que no quería que las canciones se acabaran, quise que no se terminara nunca. Cuando se acabó la tanda de esos vallenatos, lo miré indiferente y me fui sin decirle nada. Él, en cambio, siempre con su sonrisa toda pícara.

Esa misma semana, el sábado casi a media noche, me quedé desparchada, no me quise ir con mi prima, entonces me fui para el apartamento de Santiago sin avisar ni nada. Podía estar acompañado… pero yo quería tomar un riesgo. Me llevó un taxista, un admirador… Bueno, entre los taxistas y las peladas siempre hay historias y muchos se enamoran y al rato se las llevan a vivir. A mí me gusta la flora y fauna de los taxistas, se ven especies increíbles: los que antes eran campesinos, los que estaban en la guerra, los que parecen pilotos de aviones, los tiernos, los viejitos, los pensionados, los que se las dan de malos. Los malos, y cada uno de ellos tiene su historia.

Bueno, esa noche, para mi sorpresa, estaba solo y me hizo seguir ahí mismo. Vine para que se desquitara, fue lo único que se me ocurrió decirle, se me salió sin darme cuenta. Se rascó la cabeza y me contestó seco: No tengo un peso. No me importa, yo no vine por plata, le contesté también toda seca y de una seguí, sin decirle nada y me fui sentando en su sofá rojo todo lindo. Me tuve que fumar un porrito para tranquilizarme, porque estaba nerviosa. Hablamos y hablamos. No sé a qué hora amaneció.

 

 

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