En Europa se sorprendieron al saber que en México diseñamos autos: Francisco Marichi | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 05 de Mayo, 2018

En Europa se sorprendieron al saber que en México diseñamos autos: Francisco Marichi

Nuestros científicos. El responsable de la escudería UNAM Motosports, equipo formado por 39 jóvenes de la Facultad de Ingeniería y cuya edad promedio es de 22 años, dice que el grupo diseña y construye autos y ha vivido de todo para ganar reconocimiento nacional e internacional

En Europa se sorprendieron al saber que en México diseñamos autos: Francisco Marichi | La Crónica de Hoy

Dos autos de carreras diseñados y construidos por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) competirán, en los próximos 50 días en carreras de la Fórmula SAE, en Michigan y Nebraska, Estados Unidos. El diseño y construcción de estos prototipos mexicanos es un triunfo en sí mismo, pero otras victorias invisibles son las que ocurren dentro de la vida y conciencia de cada uno de los 39 jóvenes que —con un promedio de edad de 22 años— hacen realidad este proyecto. Son estudiantes de ingeniería y de diseño industrial que agradecen a sus antecesores y piden oportunidad de demostrar lo que ellos pueden hacer, original y diferente.

El equipo de diseño y construcción de autos se llama escudería UNAM Motosports y es un colectivo que ha vivido, de todo, para ganar reconocimiento nacional e internacional. Cuando llegaron a Austria, para competir como primer equipo mexicano en la competencia Fórmula Student, los organizadores y muchas personas no podían creer que los mexicanos pudieran diseñar autos, pues existe la idea de que en este país sólo hay buena mano de obra y manufactura, pero no diseño e innovación.

“Ahora no sólo buscamos ser conocidos, sino ser competitivos en los diferentes aspectos que se evalúan”, cuenta en entrevista con Crónica Francisco Marichi, el joven de 23 años, estudiante de décimo semestre de Ingeniería Mecatrónica, que encabeza al equipo mexicano.

Una sola respuesta es suficiente para revelar el calibre moral e intelectual de este hombre.

— ¿Qué se siente ser el capitán de la primera escudería mexicana de autos universitarios de carreras?

— Bueno. Yo quisiera aclarar que no soy capitán, soy el responsable del equipo. A veces, algunas personas usan la palabra capitán y piensan que es la persona que da las órdenes a los demás. En realidad el capitán es el que está para servir a todos. Es el que tiene que ayudar a que todos puedan hacer su trabajo y para eso tienes que conocerlos a todos— responde en una breve pausa, mientras realiza trámites de aduana para poder enviar el auto llamado UM-389, de la UNAM, que será evaluado, del 9 al 12 de mayo, en Michigan.

Apasionado por los autos desde la infancia temprana, Marichi fue designado responsable de la escudería de la UNAM en agosto de 2017, después de tres años de trabajar en el equipo con diferentes cargos y recibiendo conocimiento de otros estudiantes de generaciones anteriores, que hicieron 8 prototipos previos de auto de combustión interna y un prototipo previo de tipo eléctrico.

— Ocurren muchas cosas en una escudería. Hay alegrías y hay tristezas. Por ejemplo, cuando sales del país, sabes que no sólo vas representando a la Facultad de Ingeniería y a la UNAM, vas representando a México, a tu país y eso es una gran responsabilidad y una gran satisfacción. Cuando estuvimos en Europa el año pasado, los otros equipos no sólo estaban impresionados de que los mexicanos tuviéramos diseño y construcción innovadoras sino que, como sólo reunimos dinero para que viajaran diez miembros del equipo, hacíamos diez personas el mismo trabajo que hacían otros equipos que tenían hasta 90 miembros— cuenta el estudiante, hijo de dos universitarios, los odontólogos Francisco Marichi Rodríguez y Verónica Garcilazo Gómez y hermano de otro joven universitario; Juan Pablo, de 21 años, estudiante de Finanzas.

Nacido en la Ciudad de México, antes de entrar a la Facultad de Ingeniería de la UNAM, Francisco Marichi Garcilazo vivió su infancia y adolescencia en Xochimilco, y estudió en el Instituto de Humanidades y Ciencias (Inhumyc).

“Desde pequeño sabía que quería ser ingeniero y dedicarme a los autos. Como mis papás son universitarios que tienen muy arraigada la UNAM y son de ‘piel dorada’ ellos me hablaban mucho de la UNAM y cuando conocí la Facultad de Ingeniería me di cuenta de que no sólo iba a crecer aprendiendo ingeniería sino que podía crecer en la UNAM en muchos otros sentidos porque se ofrecen muchas otras cosas, además de la carrera. Era muy difícil entrar a mecatrónica, pero sí pude entrar.

“Hoy he visto que el ser parte de una escudería es una de esas experiencias adicionales fuera del aula. Esta escudería ha sido construida por varias generaciones de estudiantes y yo sabía que el trabajo aquí adentro es muy intenso, pero decidí meterme y probar suerte. Empecé trabajando en el equipo que trabajaba en el sistema de frenos y llantas, y ahora ya tengo tres años en la escudería. ¿Cuál es la diferencia entre sacar tu carrera sólo acudiendo a las aulas y el combinar las aulas con la escudería? Creo que la diferencia es que aquí tienes que aprender a trabajar bajo presión y trabajar bien. Eso lo valora mucho la industria automotriz. Han visto que sí somos capaces de cumplir y materializar el conocimiento que recibimos en las aulas. Trabajamos en algo que es muy divertido, que es un auto de carreras, y al mismo tiempo ganamos fortaleza y confianza”, dice el responsable, al que llaman capitán.

— Eres muy joven y representas a una generación ¿Qué le pedirías a las generaciones anteriores para que los de tu generación puedan desarrollar todo su potencial?

“Pues a las generaciones anteriores les agradecemos mucho que nos compartan su experiencia, porque sin ese conocimiento, no se puede hacer una escudería de la nada. Y lo que les pediría es que nos dejen probar ideas nuevas, con libertad, que nos dejen innovar y probar. ¡Ah! También les pediría que ayuden a que lo procesos sean menos burocráticos, porque se pierde mucho en la tramitología, como el proceso para sacar un auto por la aduana, que se puede convertir en un obstáculo y echar por el suelo muchas horas de trabajo detrás.

— ¿Cómo ayudas a tu equipo a procesar las alegrías y las tristezas que surgen con los resultados al ser el capitán?

— Eso es muy importante y es difícil porque cuando se une la alegría de 40 personas, es muy grande y hay que contenerla al decirles: “Ya demostramos esto. Ahora vamos por esto otro”. Y no hay un modo de procesar las tristezas, pero es cuando importa que conozcas a todos los miembros del equipo y que entiendas que a cada uno lo ayudarás de un modo diferente, individual.

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