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El panista Ricardo Anaya fue el centro del aniversario perredista

La izquierda política del país, agrupada en las diferentes tribus perredistas, tuvo un festejo peculiar. Por primera vez, corearon a un panista para festejar un año más de existencia

Ricardo Anaya, la figura dominante del panismo en los últimos tres años y quien dejó atrás en la competencia interna por la candidatura presidencial a blanquiazules de cepa, agradeció al PRD lo mucho que ha hecho por el país: “su lucha incansable en contra de cualquier forma de discriminación; hoy agradecemos al PRD su lucha por la igualdad y por la justicia social”.

Como parte de la celebración del cumpleaños número 29 del PRD, militantes y candidatos a cargos de elección popular arribaron desde las ocho de la mañana al Monumento a la Revolución. El centro de este cumpleaños fue el panista Anaya.

La fiesta. Mientras esperaban el inicio del evento, aprovechaban para desayunar tacos de canasta, quesadillas, tamales, jugos o tacos. Entre empujones, las personas se iban acomodando, “no empujen, hay niños”, decían con frecuencia.

Arribaron los diferentes contingentes de apoyo, algunos ondeando banderas con los rostros impresos de Alejandra Barrales y Miguel Ángel Mancera. El mariachi complacía a quienes pedían alguna canción y en cuanto bajó del escenario, comenzaron las canciones de apoyo a Barrales y Anaya.

En este festejo, en el del año del Frente por México, la explanada estuvo dominada por el amarillo perredista. Perdida entre ellos, una señora portaba una sombrilla con el escudo del PAN y una familia que se distinguía por usar playeras con la cara del abanderado presidencial del Frente; incluso entre los representantes del CEN panista lo único que distinguía su origen partidista eran sus pulseras de ­hilo, con el nombre del candidato.

Cuando por fin Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y Miguel Ángel Mancera aparecieron, los asistentes comenzaron a gritar con fuerza. A quien más le gritaban era al exjefe de Gobierno, lo que se hizo más notorio cuando sonó la cumbia de Barrales. Los asistentes continuaban  vitoreando a todo pulmón: “¡Mancera!”, “¡Mancera!”.

Barrales seguida de Anaya y, cerrando, Mancera, ocuparon sus puestos en el templete.

Muchos quedarían decepcionados pues Mancera no tuvo turno al micrófono, sólo hizo acto de presencia y se mantuvo un tanto al margen, únicamente saludaba y sonreía. La sonrisa la perdió solamente, cuando en algún momento olió a humo en el ambiente, pero se trataba de un “torito de cohetes” que formaba parte de los entretenimientos programados.

Raúl Flores, dirigente del partido a nivel local, como si fuera el maestro de ceremonias, animó y cedió la palabra a su ya compañera habitual de mítines. A diferencia de otras ocasiones, el discurso de Barrales giró en torno a quienes esperan ver desaparecer al PRD.

La candidata a la Jefatura de Gobierno aseguró que las aportaciones de dicho instituto político en la democratización del país eran innegables y que sus ideales están más vigentes que nunca; ya en un segundo plano, como era de esperarse, pidió que voten por ella, asegurando que dará continuidad a los 20 años de Gobierno ininterrumpido que lleva el PRD.

No perdió la oportunidad de atacar a su oponente más fuerte, “desde Por México al Frente, el PRD combatirá a la delincuencia sin amnistías e impulsará el desarrollo de todas las familias sin populismo ni falsos discursos de austeridad”.

Un azul en el amarillo. Ricardo Anaya se convirtió ayer en el primer panista en asistir a la celebración. Más aún, fue el orador principal de un evento multitudinario de la izquierda mexicana.

Anaya, antes de tener la atención de miles de personas, revisó por última vez sus notas. Cuando las leyó, fue evidente que se trataba de alabanzas a la labor del PRD y de reconocimientos  al exjefe de Gobierno por impulsar la Constitución capitalina.

Antes de concluir con su participación, el presidenciable afirmó que gracias a las coaliciones políticas se logró detener a funcionarios corruptos, mencionando abiertamente el caso del exgobernador priista Javier Duarte.

Fue hasta aquel momento que los asistentes comenzaron a concentrarse en el que, panista o no, es el candidato presidencial del PRD. Al fin surgieron los gritos de “¡Anaya, Anaya!”. Aun así, fue poco considerando que se trata del abanderado al cargo de elección popular más importante de la República.

El último en hablar fue Manuel Granados, el líder nacional perredista, quién, sin duda, remató el festejo con un tema que logró atraer la atención de todos los presentes.  Granados, con dureza, mencionó a las víctimas ­perredistas de la violencia política y puntualizó que 839 perredistas han sido asesinados por defender sus ideales; 71 de ellos perdieron la vida en el actual sexenio y tan sólo durante el periodo electoral, catorce.

El rostro de los perredistas se tornó serio, pensativo, ante esas palabras. Una madre pidió a su niña pequeña que dejara de ondear la bandera que le había entregado unos minutos antes. El silencio dominó la plaza mientras Granados hacía el recuento de ataques contra ­perredistas en diferentes puntos del país.

El programa quedó cumplido una vez que se cantó el Himno Nacional. El PRD tiene ya 29 años de edad.

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